El Big Sur transcurre a lo largo de la Highway 1, durante unos 160 kms desde Carmel hasta San Simeón. Hay que hacerlo con tiempo, porque las paradas serán muy frecuentes. Es una maravilla. Vimos muchos parques nacionales a lo largo de nuestro viaje, y esta zona de EEUU es tan espectacular como muchos de ellos.
Si queréis más información del Big Sur, he creado un Tip sobre esta zona. Podéis verlo aquí: Big Sur, California



Uno de los puntos estrella de la zona es Point Lobos, a unos 10-15 minutos de Carmel. Hay carteles, así que si os vais fijando, no tiene pérdida. Se trata de un parque estatal (no incluido en el Anual Pass), por cuyo acceso cobran 10$ por coche. Es una zona preciosa y tranquila, con calas y muchos sitios de observación de aves, leones marinos y nutrias. Se deja el coche en el parking y se puede llegar, caminando muy poco, a muchos de los sitios más importantes. Aquí tenéis un mapa del parque, con lo que visitamos, que saqué de pt-lobos.parks.state.ca.us/ ...rails.html



Fue un sitio que me encantó. La zona es muy bonita, y hay muchísimos animales en libertad. Es una gozada. Hay un punto de observación de leones marinos, aunque se ven un poco de lejos. Sin embargo, antes de llegar allí, hay una pequeña playa, situada a la izquierda del camino, donde descansan muchas focas en las rocas que emergen del agua.


Entré en la playa (no había nadie, pero tampoco había vallas ni carteles que lo prohibieran), y estuve mucho rato observándolas. Son preciosas, inteligentes y muy curiosas! Luego se unieron mis amigos. Cuando se dieron cuenta de que cuatro primates altos las estaban observando, unas cuantas de ellas se acercaron a nosotros!! Jugaban entre ellas, se sumergían, sacaban la cabecita del agua, nos miraban, se sumergían, y de repente, salían a dos metros de la orilla y se quedaban mirando curiosas. Luego se volvían a sumergir, y se repetía el proceso. Fue una experiencia genial, estaban a un par de metros!

Continuamos la carretera hasta el Julia Pfeiffer State Park, con la cascada que cae directamente al mar: la Mc Way Fall. A la izquierda hay un cartel con el nombre del parque, y en una curva hay muchos coches aparcados a ambos lados de la carretera. Hay que aparcar donde se pueda, y caminar muy poco hasta encontrar un buen punto en el que se vea la preciosa playa. Uno de los sitios más famosos del Big Sur.

El último punto importante (sin contar las incontables paradas a lo largo de la carretera que hicimos) que vimos fue Piedras Blancas, una colonia de elefantes marinos (inmensos!!!!) que descansan, se bañan y se pelean, en una playa. ¡Casi nos lo pasamos! Nos llamó la atención porque había coches, y al parar a ver por qué, nos dimos cuenta del sitio en el que estábamos. Hay un parking bastante grande de tierra, dejamos el coche y nos acercamos, felices como niños, a ver estos gigantes animales. No nos cansamos de mirarlos, le dedicamos un montón de tiempo, para variar.


Dejamos para otra ocasión el Hearst Castle, otro de los atractivos de esta ruta, por falta de tiempo. Tampoco vimos Solvang. Nos quedaban muchas millas hasta LA y queríamos hacer antes una parada en Santa Bárbara. Seguimos por la Highway 1 por la costa, hasta que la carretera continuó por el interior. Allí decidimos ir por la autopista, para ahorrar tiempo.
Llegamos a Santa Bárbara casi de noche. Sólo tuvimos tiempo de ir por una de sus avenidas y parar en una playa enorme para darnos un baño en el Pacífico, que nos hacía mucha ilusión. Para cuando terminamos, casi no quedaba luz. Fue una pena, porque ver Santa Bárbara me apetecía mucho, pero es que la costa de California tiene tantísimos atractivos que resulta imposible ignorarlos y no detenerse a disfrutar del paisaje! Qué le vamos a hacer, ojalá hubiésemos tenido 15 días más!!
Llegamos a Los Ángeles a las tantas de la noche, y nos volvimos un poco locos con el GPS, porque nos metió por sitios un poco raros… Imagino que para acortar camino. Por suerte no tuvimos ningún percance, pero por si acaso, fuimos con los seguros bajados y las ventanas cerradas, jeje.
Nos alojamos al lado del aeropuerto, en Los Angeles Airport Marriot. Nos pareció tan bueno como cualquier otro, ya que de todas formas teníamos que coger el coche para movernos por la ciudad, y la relación calidad-precio nos pareció un poco mejor que otros moteles/hoteles supuestamente mejor situados.