A la mañana del día siguiente pusimos rumbo al parque Amboseli, localizado al sureste de Kenia, muy cerca de la frontera con Tanzania. Los atractivos principales de Amboseli son dos: los enormes grupos de elefantes, y las magníficas vistas del legendario monte Kilimanjaro. Parece que es bantante usual que las nubes oculten por completo el Kilimanjaro, impidiendo su visión, pero esperábamos tener suerte.
Tras varias horas de trayecto por fin llegamos al parque. Se trata de una zona completamente árida, desértica en comparación con el verdísimo Masai Mara. También es habitual ver enormes remolinos de arena provicados por corrientes de aire caliente que aspiran la seca arena del suelo, es espectacular verlos.
Antes de la hora de comer llegamos al Kibo Tented Camp Amboseli, un magnífico alojamiento al lado de la puerta del parque, con bonitas y confortables cabañas, indudablemente más lujoso que el Manyatta, pero con un mucho mayor número de alojamientos, lo que lo hace menos acogedor. Aún así, es un hotel mjuyb recomedable.
En el almuerzo observamos que el cielo está completamente cubierto, desgraciadamente. Un simpático empleado del hotel nos comenta que el día anterior se pudo observar el Kilimanjaro al atardecer, cuando tipicamente despeja. Esperamos que hoy ocurra lo mismo.
Tras la comida salimos para hacer un safari de medio día, y nada más empezar encontramos un grupo de elefantes que observamos a escasos metros de la furgoneta. Continuamos por las llanuras del parque, donde encontramos los famosas y numerosísimos grupos de elefantes comiendo la hierba. Por desgracia, el monte Kiliomanjaro sigue cubierto. Continuando nuestra ruta, vemos un apequeña acumulación de vehículos en un punto dado, y al llegar a la zona encontramos una enorme manada de leonas, de una docena de individuos. Se muestran muy cariñosas entre ellas, y disfrutamos mucho observando el amor con que se relacionan, como una auténtica familia. Estaamos tan ensimismados que Martin ha de llamarnos la atención: el Kilimanjaro empieza a despejarse y se muestra en toda su magnitud. Es una visión inolvidable, y creo que ningún viajero debería perdérsela. Para mi, la típica estampa de África.
El atardecer va cayendo, y debemos regresar. Todo el camino de vuelta disfrutamos de manadas de ñus, gacelas, y más elefantes, todo ello con el marco incomparable del monte Kilimanjaro coronado de sus perpetuas nieves.







