Nos despertamos pronto para hacer un n uevo safari matutino por Amboseli antes de partir hacia Tanzania. Mientras recorremos los polvorientos caminos de Amboseli volvemos a encontrarnos los omnipresentes elefantes, alguno de ellos con unos colmillos de record. Más adelante nos cruzamos con un par de leonas, que están hostigando a una rebaño de ñus, sin embargo las han detectado y las vigilan fijamente, no les dejan ni acercarse. El camino continúa hacia la colina de observación, observando águilas, hienas, y muchos herbívoros. La colina de observación en un promontorio que ofrece unas magnífiacs vistas de las llanuras del parque, aunque la mañana se presenta nublada y no tenemos visibilidad del Kilimanjaro. No importa, la estampa de esas bastas llanuras, con algún elefante vagabundeando aquí y allá sigue siendo impresionante.
Toca abandonar el parque Amboseli y dirigirnos a la cercana frontera con Tanzania, en la localidad de Namanga. En la frontera hay que acercarse a la caseta donde te hacen el visado, y esperar unas pocas colas. Es una frontera ciertamente transitada, incluso por algunos masais que cubren el trayecto a pie.
En la frontera abandonamos a Martin, un conductor que ha sido ciertamente profesional y muy recomendable, por lo que le damos la preceptiva propina. Nos recoge un nuevo vehículo que nos lleva hasta Arusha, centro neurálgico de los safaris en el norte de Tanzania.
Arusha es una típica ciudad africana, caótica, destartalada, donde hay poco que hacer. De hecho, únicamente paramos en la sede central de Tabia para acceder a nuestro vehículo para los safaris (un gran jeep) y conocer a nuestros guías. Se trata de Elías (guía) y Boomy (conductor). Quedamos muy contentos con ellos. Elías habla un español más que aceptable, y es muy simpático y agradable. Boomy no habla español, sólo algo de inglés, pero es un enorme profesional. Ambos son absolutamente recomendables, y juntos forman un gran equipo.
Trascambiar algo de dinero a shillings tanzanos salimos directos hacia el lago Manyara, por carreteras en bastante buen estado (diría que mejor que en Kenia). Por el camino nos cruzamos con muchachos que recorren a pie las carreteras y que presentan la cara pintada de blanco formando una especie de máscara. Elías nos explica que se trata de jóvenes que están pasando su rito de paso a la edad adulta, consistente en pasar un año vagabundeando por el país y buscándose la vida...
Tras el almuerzo llegamos al lago Manyara, un lago de aguas muy saladoas, rodeado de una frondosa zona de espesa vegetación. Es un parque pequeñísimo, donde se pueden observar elefantes y babuínos en la zona boscosa alrededor del lago, así como aves y hervíboros (ñus., girafas, gacelas, etc.) en la árida zona del propio lago. También se pueden observar hipopótamos en las charcas cercanas al lago, pero nosotros los vimos muy de lejos. Realmente se trata de un parque que visitamos porque nos pillaba de camino hacia Ngorongoro, pero no es de los imprescindibles de Tanzania. De hecho, yo estudiaría la posibilidad de cuadrar otro ininerario sin llegar a incluirlo.
Total, que tras recorrer en jeep la zona boscosa y merodear por los alrededores del lago, casi se ha acabado la tarde, por lo que continuamos hacia nuestro alojamiento, el County Lodge. Es un hotel de habitaciones super amplias (tremendas), muy limpias, con una piscina central y unos bonitos jardines. Sin embargo, se localiza cerca de la carretera entre Manyara y Ngorongoro, por lo que su ubicación no tiene nada de especial. Detaca la amabilidad del personal de cocina del hotel y el chef, al que le gusta relacionarse con los clientes y preguntar si la comida ha sido de neustro agrado. Lo fue.
Nos vamos a la cama, mañana toca un día de los que no se olvidan: la visita la cráter de Ngorongoro!!!

Elefante de enormes colmillos en Amboseli.




