La primera parada de hoy es Rennes, el problema es que está lloviendo bastante y, la verdad, tampoco nos apetece demasiado ver otra ciudad, así que nos dirigimos directamente a lo que más nos interesaba, el mercado que se celebra los sábados por la mañana. Una parte es cubierto y también hay puestos al aire libre. Conseguimos aparcamiento relativamente cerca, de pago claro.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Hay mucha gente, está claro que están acostumbrados a la lluvia. Hay puestos de embutidos, quesos, pan, pescado y mariscos, frutas y verduras,… al final compramos salchichón (4 por 10 euros y un cuchillo de regalo que nos vino muy bien), cervezas bretonas, quesos varios, plátanos y un asado de cerdo con muy buena pinta. He de decir que la gente es muy amable, quizá iba con la idea de que serían mas estiradillos.
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Y felices con nuestras compras a por el próximo destino, Dinan.
Ya en Dinan dejamos el coche en un parking enorme y relativamente barato. Está claro que el turismo es importante y lo tienen todo enfocado a esto.
Dinan es un sitio precioso aunque muy, muy turístico.
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Después de una parada en la oficina de turismo, visitamos el castillo. No es muy grande y si te gustan este tipo de cosas está bien, pero si no te interesan mucho, mejor dedicar el tiempo a la ciudad. Estas son las vistas de la ciudad desde el castillo.
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Después bajamos por la calle Jerzal (una de las más conocidas) hasta el puerto. Todo está lleno de restaurantes y tiendecitas.
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Me encantan las casas.
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Este es el puerto.
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Una vez abajo, claro está, hay que subir, ¡qué pereza! Y justo en ese momento pasa un trenecito turístico que hace un recorrido de 45 minutos y cuesta 6 euros. Vimos el cielo abierto (que flojos)
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Comemos en la terraza muy a gusto, pero casi al final comienza a llover, lo que le da a la escena un puntito romántico. Lo que para otro sería un fastidio, para mi marío es un placer que llueva y haga fresquito, odia el verano.
Justo antes de que empiece a llover ocurre algo que me llama mucho la atención, y no será la única vez en la viaje: un gato cruza la placita donde está el restaurante y otros locales y entra en una pastelería. Detrás del cristal hay una silla a la que se dirige decidido el gato donde comienza una exhaustiva sesión de limpieza. Me acerco y veo que debe ser su sitio habitual por los pelos del cojín. Y la vitrina de los pasteles como a un metro. Dos minutos después comenzó a llover ¡que listo!
Justo cuando terminamos de comer deja de llover, así que a por el coche y para Saint-Malo. Aquí pasaremos un par de noches. Nuestro hotel se llama Edén. Es pequeño y acogedor y, la verdad, nos encanta. Eso sí, sin ascensor y a unos 45 minutos andando de la ciudad amurallada, pero justo al lado del paseo marítimo y la playa. No me hubiese importado quedarme aquí una semana.
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Una vez dejamos las cosas en la habitación vamos a ver la playa. La marea está baja y la playa es enoooooorme. En ese momento apenas hay nadie, pero justo empieza a salir el sol y, como caracolitos, la gente comienza a salir, unos a pasear, otros a bañarse, otros a tomar el solecito. La ciudad amurallada se ve a lo lejos.
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Al principio no tenemos intención de ir andando hasta allí, pero el paseo es tan agradable que cuando nos queremos dar cuenta hemos hecho medio camino, y ya que hemos llegado hasta aquí…
Decidimos que, si mañana el tiempo está igual, nos daremos un bañito, hoy me conformo con mojarme los “piesitos”.
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Frente a la ciudad amurallada hay una piscina que se llena al subir la marea. Aunque cuando llegamos era tarde, aun había gente pescando cangrejos.
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Cuando llegamos a la parte amurallada ya está anocheciendo y estamos muy cansados, así que decidimos dejar la visita para mañana. Cogemos un bus y para el hotel. Cuando subes al bus el conductor te da un ticket que se mete en una maquinita para picarlo. El viaje cuesta 1´20.
Ya en el hotel cenamos con las compras del mercado de Rennes.
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¡ME GUSTA SAINT MALO!