162 kilómetros nos separaban de nuestro siguente destino Poznan.Fueron casi tres horas de pesadilla, de adelantamientos suicidas y constantes “visitas”al arcén y alguna casi a la cuneta.
Llegamos sobre la una al Hotel Rosmary, muy bien situado y muy acogedor.
Un poco cansados de la comida polaca, que está buena ojo,pero es que ésta gente desayuna come y cena todo acompañado de pepino ;ese día decidimos comer en Manekin una cadena de creperias con varias sucursales por todo el pais.
Después de comer visitamos el Centro comercial Stary Browar, construído en una antigua fábrica de cerveza y ganador de numerosos premios de arquitectura.Allí pudimos comprobar que la ropa está al mismo precio que en España o quizá un poco más cara.Nos preguntamos como se las arreglarán con un salario mínimo de 360€.
De alli nos fuimos a ver Stary Rynek , la plaza del mercado, con sus cuatro fuentes y sus casas de colores;el original Ayuntamiento y en una de las calles laterales la Iglesia de San Estanislao, referente del barroco en Polonia.
A las seis de la tarde teníamos concertada una visita a la Fábrica de Cerveza Lech, situada a las afueras de la ciudad, fue una experiencia interesante aunque nada que ver con otras fábricas que pudimos visitar en Austria o Alemania , más pequeñas y más artesanales.
Regresamos a la Plaza del Mercado que se había convertido en una zona de lo más animada, con un montón de terrazas y bullicio estudiantil, tal vez si nos pillara con unos cuantos años menos…
En resumen, no pudimos dedicarle a ésta ciudad todo el tiempo que quisieramos y seguro que nos ha quedado mucho por ver, La Plaza del Mercado es muy bonita pero aun así Poznan ocupa el último lugar en nuestro ranking particular.