Nos levantamos pronto para prepararnos. A las 10 de la mañana habíamos reservado hora en la famosa Graceland Chapel para renovar los votos del matrimonio que habíamos contraído la semana anterior en España. Si ya se está casado, simplemente se hace la renovación allí mismo en la capilla. Si uno se quiere casar por primera vez, para que tenga validez para cualquier país del mundo, después de la ceremonia hay que ir al juzgado de Las Vegas, para que lo verifiquen.
Nuestra idea inicial era hacer la boda por la tarde, ya que era domingo; pero 5 días antes nos cambiaron la excursión a Grand Canyon de la mañana a la tarde, por lo que la tuvimos que poner a las 10 para que nos diese tiempo a todo.
Graceland ofrece varias opciones para la ceremonia, desde el transporte hasta ella, el idioma, el pastor que la oficiará e incluso retransmitirla por internet para que la puedan ver familiares en cualquier punto del mundo. Tienen gran variedad de packs distintos para elegir.
Traíamos la ropa para la ocasión desde España; yo con traje y corbata excepto la americana y mi mujer con un traje corto sin mangas. A las 10 nos estaba esperando una espectacular limusina blanca, para llevarnos hasta Graceland. Como no, en el interior sonaba música de Elvis Presley. El trayecto hasta las capilla es de unos 25 minutos, ya que se encuentran en la zona vieja de la ciudad.
Tras entregar el bono de la reserva en la recepción, nos recibió el pastor que iba a oficiar la ceremonia. Tal como habíamos reservado, hablaba castellano perfectamente. También nos entregaron un ramo de flores para mi mujer y un ojal para mí. Al no llevar ningún testigo propio, el fotógrafo es quien ejerce como tal y el que firma en el papel como testigo.

FOTO: Capilla de Graceland
La ceremonia dura unos 20 minutos y consiste en tras una breve introducción del pastor, ir repitiendo una serie de frase que va diciendo él. No es la típica ceremonia cristiana :D. Después de ella, nos hicieron unas cuantas fotos en la parte exterior de la capilla, junto a una caseta blanca de estas típicas de las bodas americanas al aire libre y junto a la limusina. Al final te entregan un documento de renovación de votos. Las fotos que te hacen, las cuelgan después todas en su página web, para que tu puedas cogerte las que quieras. Depende del pack que hayas elegido te entran mas o menos fotos, pero luego puedes coger aparte las que quieras. Las pides a través de la página web y te las envían imprimidas a domicilio con bastante rapidez. La verdad, que el trato fue muy bueno y el servicio también. Al acabar, la limusina nos llevó de retorno a nuestro hotel.
Tras el cambio de horario, la salida de la excursión a Grand Canyon era a las 13:15 horas desde el hotel Excalibur, que por suerte era el de al lado del nuestro. Existe gran variedad de empresas que se dedican a esta excursión, con varios medios de transporte y visitando diferentes zonas de Grand Canyon. Tened en cuenta que el parque es enorme, y que con una excursión sólo podréis ver un borde de los cuatro.
Nosotros la contratamos con Vision Airlines por recomendación de la agencia. El desplazamiento era en avioneta hasta el aeropuerto de Grand Canyon y una vez allí se visitaba el South Rim en bus.
Nos recogió el bus los primeros. Tiene varios puntos de recogida en el Strip por lo que dimos unas cuantas vueltas por allí cogiendo a gente. Después unos 15 minutos de trayecto hasta un pequeño aeropuerto de circulación de helicópteros y avionetas. Allí hicimos el "checking" un poco particular. ya que incluso te pesan para distribuir bien el peso en la avioneta. No habían recibido el bono del cambio de horario así que me hicieron pasar para reenviarlo.
Distribuyeron a toda la gente en dos avionetas de unos 16 pasajeros cada una. Eramos los únicos españoles, así que nos utilizaron para completar el avión de japoneses. Así que en el avión íbamos el piloto, un guía, 13 japoneses y dos españoles aunque suene a un chiste. El guía iba diciendo todo primero en inglés y luego en japonés. Nos dieron una pequeña bolsa de picnic, que llevaba un bocadillo, una manzana, un agua y unas galletas.

FOTO: Avioneta que nos llevó al Grand Canyon
El trayecto duraba unos tres cuartos de hora. La avioneta parecía de juguete. Así que ocupamos nuestros puestos en la cola del avión y nos colocamos los cascos para el ruido. Como mi mujer en barco se marea, se tomo una biodramina para prevenirlo. Yo normalmente no me mareo nunca así que no me tomé nada.

FOTO: Las Vegas a vista de avioneta
El despegue es lo de menos ya que al ir tan despacio, despega como a cámara lenta. Poco a poco va cogiendo altura y las vistas la verdad que son espectaculares desde allí arriba. Se divisaba toda la ciudad rodeada de desierto, y el canal por donde llega el agua que la abastece desde la presa Hoover.
La verdad que no fue mi mejor trayecto

FOTO: Vista de la presa Hoover
Aterrizamos en el aeropuerto de Grand Canyon. El cielo estaba bastante nublado y amenazaba lluvia. Nos explicaron que en esa época del año es muy común que llueva en el cañón. Tras aterrizar, nos dejaron 20 minutos para comernos el picnic mientras el guía arreglaba unos papeles. Así que recuperados del viaje y con el estómago lleno, nos montamos en el bus que nos iba a llevar por el parque. El recorrido total era de unas 3 horas y media y había dos paradas en los dos miradores más importantes del South Rim.
Mientras íbamos en el bus, el chófer explicaba datos y cosas sobre el cañón, y el guía luego las traducía al japonés.
El primer punto de parada era Bright Angel Rim. Allí se encuentra el Bright Angel Lodge, que es como un hotel en forma de cabaña con vistas al cañón, un centro de visitantes con restaurante y otra cabaña que es la tienda de regalos; donde se pueden encontrar desde arcos y flechas navajos hasta espanta sueños de varios tipos.
La primera vez que te asomas al Grand Canyon es un momento único, se tiene la sensación de que parece irreal lo que se tiene delante, como si fuese un lienzo pintado. Es difícil trasmitir con palabras esta imagen, es algo simplemente para verlo. En este primer punto disponíamos de 45 minutos para hacer lo que quisiésemos. Después de tomar muchas fotos, poder sentarse en el borde del mirador y sólo estar allí es un momento irrepetible.

FOTO: Grand Canyon desde el Bright Angel Rim.
De vuelta al bus, otro paseo entre bosques y caminos para dirigirnos a la segunda parada del trayecto. 20 minutos más tarde llegamos a Mather Point. Es el punto más famoso del South Rim del Grand Canyon y su tamaño es 10 veces superior a Bright Angel.

FOTO: Mather Point
Tras hacernos primero una foto en el cartel de Grand Canyon National Park, nos acercamos ya al borde de Mather Point, que a diferencia del anterior está vallado, ya que si que hay precipicio. Se podía observar una tormenta al fondo como llovía.
El tamaño de las vistas desde este punto es enorme. Se puede ver toda la grieta del cañón en medio de la llanura. Como ya he dicho, por mucho que se explique del cañón, no se puede llegar a hacer una descripción exacta de la visión. En este punto disponíamos de otros 45 minutos de tiempo libre allí.

FOTO: Grand Canyon desde Mather Point
Tras disfrutar de Grand Canyon, ya sólo nos quedaba regresar al bus para que nos llevase al aeropuerto. Vista la experiencia del viaje de ida, esta vez si que me tomé una biodramina para el mareo, y la verdad que me fue impecable. Tres cuartos de hora de viaje, aterrizaje y nuevo al bus para que nos llevase al hotel.
Estábamos bastante cansados, había sido un día largo pero inolvidable en todos los sentidos. Cenamos en el buffet de nuestro hotel y nos fuimos a descansar. Al día siguiente nos esperaba San Francisco.