No hay que olvidar que nuestro objetivo del viaje era ver las auroras boreales, y allí bien saben aprovechar que los turistas acuden a ello. La mejor hora para verlas es desde las 20 horas más o menos hasta la medianoche. Pero siempre que el cielo esté despejado, lo cual no ocurrió en nuestro caso.
Desde Reykjavik se pueden contratar las salidas a ver auroras a lo largo del día con cualquier agencia e incluso con personas que tienen vehículos y saben dónde están los mejores puntos de observación.

La segunda noche de nuestra estancia, que es cuando las vimos, acudimos a una plaza del dentro de la ciudad desde donde salían sin parar buses llenos de gente a la caza de auroras. Todos al mismo sitio, una explanada a unos pocos kilómetros de la ciudad, apartado y con poca luz, donde hay una cafetería y donde cada uno se puede alejar andando lo que quiera para poder contemplar el cielo. Desde un montículo logramos ver alguna, pero fue poco tiempo porque el cielo no estaba del todo limpio. Además el frío nocturno hizo que la gente se agolpara en la cafetería sin apenas haber visto nada.
Pero así es la naturaleza, imprevisible. La noche del día que nos volvíamos a casa estuvieron varias horas viendo un espectáculo de auroras de primer nivel. Es cuestión de suerte.
Pero hay más opciones de excursiones fáciles desde la ciudad, como ir a ver el gran géiser. En el valle Haukadalur, y atravesando Hveragerdi, la ciudad de los invernaderos (muy original viéndolos cómo resplandecen con su iluminación en la fría noche nevada) se puede seguir un sendero que va rodeando pequeños géiseres. El más famoso, el Gran Géiser erupcionaba agua hirviendo a 80 metros de altura, pero desde principios del siglo XX, el "Gran Geysir" dejó de manar agua debido a las piedras y objetos arrojados por los turistas. Pero sí se puede ver el Strokkur, otro géiser que erupciona agua cada cinco minutos y que pueden llegar a los veinte metros de altura.

Espectacular sin duda es la Cascada Dorada, Gullfoss, una catarata situada en el cañón del río Hvitá. Forma parte de la ruta turística del Círculo Dorado. Impresionante cascada que se ve desde un mirador (en verano se puede bajar hasta abajo del todo) y que permite ver los dos tramos de caída de hasta 20 metros de altura desde donde se precipita gran cantidad de agua con todo el entorno helado. Espectacular.
Y a 44 kilómetros de la capital está Thinguelhir, la última parte del Círculo Dorado, un Parque Nacional de obligada visita tanto por su interés cultural, ya que aquí se fundó en el siglo X el primer Parlamento del mundo, como por su belleza paisajística pues además se pueden ver las fallas donde se supone se separan las placas tectónicas, y se puede observar como forman un cañón que en verano es transitable.

En verano y con más días se puede alquilar un vehículo y recorrer la isla entera pudiendo ver asombrosas cascadas que en invierno es casi imposible alcanzar. Con el frío todos los caminos están helados y apenas hay luz.
Y llegó la triste hora de abandonar Islandia y regresar a casa. Conviene saber que el Aeropuerto está a 45 minutos del centro y que una vez allí se puede solicitar el Tax refund, es decir, la devolución de las tasas. Cuando compras algo superior a 4.000 coronas la tienda te da un papelito que debes rellenar con tus datos, y al llegar al aeropuerto lo entregas en la oficina correspondiente y te devuelven el impuesto pagado, bien cargando tu VISA o bien en cash.
Y, tras disfrutar del frío de esta bella isla, sus paisajes nevados y sus auroras, tocaba regresar a España y su sol...