VIERNES 31 ENERO DE 2014
Como no teníamos preparado nada para esta mañana, nos dedicamos a ir de compras. Acabé comprando la camiseta de los Seahawks en un Target, pero no la oficial del equipo, ya que los más de 150$ que costaba me echaron un poco para atrás. Pasamos por una tienda de cupcakes y probamos una Red Velvet que estaba para chuparse los dedos, y también nos animamos a comer en un restaurante tailandés que no nos disgustó antes de dirigirnos de vuelta al hotel para dejar las cosas y salir hacia la Space Needle.
Aparcamos en el mismo sitio del día anterior, que estaba muy cerquita de la torre, y llegamos allí a las 17:00. Por suerte, habíamos tenido la feliz idea de dejar el carrito de Paula en el coche y llevarla en la mochila, porque no permiten subir al observatorio con él, y yo todavía no estoy preparado para dejarlo donde pedían, ya que se trata de una zona al aire libre y sin apenas vigilancia. Sé que seguramente no habrá ningún problema, pero mi desconfianza no me hubiese permitido dejarlo allí.

Preparadas para sacar las entradas

La torre nos espera
Mientras esperábamos para subir, conocimos a un español que trabaja para Microsoft en España y que estaba allí en una especie de viaje de una semana que la empresa organiza todos los años, y el ratito que tuvimos que esperar se hizo más ameno. Antes de entrar en el ascensor nos hicieron la típica foto de recuerdo, con la diferencia de que aquí solo tienes que rellenar tus datos en unos ordenadores de la última planta y te la envían a tu mail sin coste alguno.

Nuestro super montaje
Las vistas desde el observatorio son impresionantes y merecen la pena los 19$ por cabeza que tuvimos que pagar.

Mirando a un lado...

...ahora para el otro

Una más para terminar

Space Needle al bajar a a calle
Cuando bajamos de allí ya era de noche y habíamos quedado de nuevo con mi sobrina, pero antes de ir a su casa pasamos por Kerry Park para hacer unas fotos de la ciudad de noche con la Space Needle.

Con la torre de fondo es diferente
La cena la fuimos a comprar a una cadena de restaurantes de comida mexicana que se llama Chipotle y, a pesar de que mi sobrina nos dijo que era una maravilla, a mí no me pareció gran cosa (a Asun tampoco). A pesar de todo, lo mejor fue la compañía.