Nos levantamos sobre las 9 de la mañana con las pilas cargadas, bajamos a desayunar al hotel (el desayuno no estaba incluido, pero como era nuestro primer desayuno y habíamos leído en los comentarios sobre el hotel que era muy bueno, accedimos a pagar unos 130 bahts por persona, que para ser Bangkok, es caro). Tras el desayuno (tampoco era nada del otro mundo), planeamos el día para visitar el Palacio Real, el Wat Pho, el Wat Traimit, Chinatown y lo que nos diese tiempo. Había una furgoneta gratuita del hotel que te llevaba hasta la puerta del Gran Palacio, la cogimos.
A la entrada del Gran Palacio, me obligaron a ponerme un pantalón largo ya que el pirata que llevaba no les pareció lo suficientemente largo como para poder pasar, llevaba uno en la mochila, aunque si no lo llevas, allí te lo dejan gratis. La entrada al Gran Palacio costó 400 baths por persona. Nos tiramos un buen rato en aquel maravilloso entorno, lleno de templos, palacios, jardines, torres, demonios, budas… todo muy al estilo oriental y con un predominio del color dorado por todas partes, sencillamente impresionante.


Dentro del complejo se encuentra el templo del buda esmeralda, muy venerado por los tailandeses a pesar de ser una figura de no más de 50 cm. de color verde. En este templo no dejan hacer fotos, incluso te las borran de la cámara o del móvil si te pillan. Tuvimos suerte con el clima ya que estaba nublado e incluso de vez en cuando caían unas gotitas que agradecíamos.

Estuvimos un par de horas por todo el complejo real, después fuimos dirección al Wat Pho, teníamos muchas ganas de ver ese buda reclinado tan enorme enclaustrado entre pilares. Tras unos 15 minutos caminando entre mercadillos y más mercadillos, estos eran un poco diferentes: artesanías de madera, móviles usados, artículos de plata, aunque también acompañados de comida thai por doquier, donde probamos por primera vez el zumo de granada artesano, te lo hacen al instante con una especie de exprimidor donde meten los granos y los chafan hasta que sale el zumo, estaba muy bueno, por fin llegamos al Wat Pho, la entrada costó 100 baths por persona, un complejo muy bonito donde está el famoso buda reclinado y donde también hay una gran cantidad de figuras arquitectónicas orientales, budas y más budas dorados y la famosa escuela de masaje thai.



Nos quedamos maravillados al ver en directo esa gran estatua dorada encarcelada entre pilares, como si lo hubieran hecho todo a medida… una pasada. Tras ver el templo de la estatua dorada, paseamos por todo el recinto del Wat Pho.
Una vez acabamos esta visita, nos desplazamos hacia el muelle (Parada Tha Tien Pier) donde se coge el barquito que cruza el río (el trayecto cuesta un par de baths por persona) para ver otro templo precioso, el Wat Arun o templo del amanecer, que lo llaman así por la porcelana de la que está hecho, dicen que al amanecer brilla de una manera deslumbrante, por eso le pusieron ese sobrenombre. La entrada costó 50 baths por persona. Este templo no es del mismo estilo que los que habíamos visto anteriormente, según cuentan, es de arquitectura birmana. Tiene unas escaleras superinclinadas y unos escalones el doble de altos de lo habitual. No se puede acceder al interior del mismo por lo que disfrutamos de todo su exterior con unas magníficas vistas al río Chao Phraya.

Una vez visto toda la extensión del Wat Arun, comenzábamos a tener un poco de hambre de más… jejeje, volvimos a coger el barquito que te lleva a la otra parte del río y en un barecillo justo a la orilla del río, decidimos llenar el buche. Comimos la mar de bien por muy pocos baths, un arrocito con pollo y verduras rico rico. Cuando acabamos de comer, dimos un paseíllo por unos bazares que habían cerca del bareto y compramos algún que otro souvenir. Tras el paseo, nos dirigimos de nuevo al muelle para coger un barco que nos acercara a Chinatown y seguir con nuestra ruta (no recuerdo bien el precio, pero no más de 20 baths por persona el trayecto). Estaba lloviendo pero no era lo suficientemente molesto como para detenernos en nuestra aventura. Nos bajamos en la parada de Harbour Dept. y caminamos en busca de nuestro siguiente templo, el Wat Traimit, donde se esconde el gran buda de oro (5.5 toneladas de oro macizo). Un buda de oro macizo que encontraron a mediados del siglo pasado por casualidad, ya que estaba cubierto de escayola y al trasladarlo de un templo a otro, se les cayó y la escayola dejó ver el buda de oro. Por lo que cuentan, estaba cubierto de escayola para salvaguardarlo en la época bélica del antiguo Siam.

Como estábamos cerca de Chinatown, paseamos por la calle Yaowarat, tomamos té, compramos bálsamo del tigre (muy barato y muy recomendable), probamos granizados de frutas naturales… en fin, un ambiente muy colorido y de mucha actividad tanto de ocio como de restauración.

Se nos hicieron las 6 de la tarde aproximadamente y decidimos volver al hotel en taxi a descansar un rato y pensar qué hacer después. Tras el break, pensamos en ir a conocer la zona de los centros comerciales. Cogimos un taxi hasta el MBK, un centro comercial inmenso, lleno de tiendas de imitaciones donde es posible regatear. Está muy bien, pero se necesita mucho tiempo para poder ver las 8 plantas del edificio. Hay más de 200 tiendas y 150 restaurantes… una locura!!

Hicimos unas compras y fuimos a la zona de restaurantes internacionales. Muy curioso y diferente a lo que estamos acostumbrados: te dan una tarjeta, vas por los diferentes puestos de comidas internacionales y eliges el plato que quieres que te cocinen, te lo cargan en tu tarjeta y a la salida pagas todo lo consumido. No es muy caro pero tampoco tan barato como comer en los puestecitos de la calle. Estábamos agotados, había sido un día muyyyy largo, así que volvimos a coger otro taxi (esta vez costó que pusieran el taximetro, quizás porque era hora punta y no les interesaba) y nos fuimos al hotel a planchar la oreja. Aunque no pusiera el taxímetro, el precio del trayecto fue muy barato.