10 día y tenemos novedad: llueve y con intensidad. Decidimos acercarnos primero a Dyrhólaey ya que no podemos caminar a primera hora. No es buen plan empaparnos nada más comenzar el día. Salimos de la carretera nº 1 para coger un camino de tierra que accede al promontorio. No se ven aves volar, parece que el día no nos acompaña para nada. Nos bajamos junto a un faro, cogemos el paraguas y nos ponemos los trajes de agua. Primera alegría del día: tenemos a los frailecillos en el cortado y ¡a menos de tres metros! Regreso rápidamente al coche, cargo la cámara con el teleobjetivo y vuelvo corriendo junto al acantilado. Al mirar por el visor de la cámara me doy cuenta de que son como peluches, con su simpática cara decorada con unos colores vistosos. Durante una hora ando casi loco buscando buenos encuadres para fotografiar a estas aves. Termino tirado a ras de suelo para la que creo será la foto estrella. Al final me doy cuenta de que no he puesto la funda impermeable a la cámara. Cuando regresemos al coche le tocará secarse al igual que nosotros. Ha sido un momento inolvidable el contemplar a los frailecillos bajo la lluvia. El panorama que tenemos delante es niebla y lluvia. Decidimos meternos en el coche para secarnos y esperar. La espera se hace larga. Nos vamos a tomar un café para entrar en calor.
Después de una hora regresamos, ya no llueve y se ha retirado la niebla. Por lo menos podremos ver el paisaje, uno de los más representativos de la costa sur islandesa. Aparcamos el vehículo junto al faro y paseamos por el perímetro de esta pequeña península que se adentra en el mar. Los frailecillos se han marchado. Contemplamos farallones rocosos aislados junto a la costa y playas muy largas de arena negra. Los fulmares vuelan junto a nosotros pegados a los acantilados. Mereció la pena la espera. El paisaje vuelve a ser diferente a otros que hemos visto. La verdad es que esta isla nos sorprende todos los días.
Nos acercamos a la playa de Vik para caminar tranquilamente por su orilla. Junto a nosotros, un grupo de frailecillos flota en el mar, aunque parece que estén siempre mirando al acantilado. Ahora no llueve. Estos taludes de basalto son realmente agrestes. Grupos de ostreros vuelan en bandadas. Contemplamos una escena dramática de la naturaleza: un págalo ha cogido a un frailecillo en el mar y parece que lo quiere ahogar. Tras unos segundos, el págalo levanta el vuelo y… ni rastro del frailecillo. Instantes después aparece y se queda flotando en el mar. ¡De buena se ha librado!
Tras el paseo relajante por la playa, nos dirigimos hacia “el glaciar negro”. Regresamos a la carretera nº 1 y a los pocos kilómetros cogemos un camino. Su cartel indica Sólheimajökull, el glaciar negro. Para entendernos, este brazo nace del glaciar Mýrdalsjökull, muy pegado al Vatnajökull. Se denomina glaciar negro por el color de los sedimentos que arrastra el hielo. Es un brazo glaciar estrecho y las morrenas laterales llegan a juntarse, por lo que casi toda la masa de hielo está contaminada por el color de la roca.
El camino para acceder al glaciar es muy fácil y corto. Desde aquí, algunas empresas de turismo activo introducen al viajero por las entrañas del glaciar. Si tuviéramos tiempo, podría estar bien un paseo con crampones sobre el hielo.
El clima ha mejorado sustancialmente. Ahora tenemos sol con ausencia de viento. Comemos junto al aparcamiento mirando al glaciar. Ya casi nos hemos acostumbrado al pan de molde. Repasamos nuestros planes para la tarde: tenemos un par de “foss” justo al lado, Skogafoss y Seljalansfoss.
Ya en Skogafoss, una bonita cortina de 60 metros de agua cae por los acantilados de color verde. Se encuentra junto al aparcamiento de autobuses con viajeros que provienen de Reykjavik. Perdemos la sensación de soledad, aunque nada que ver con las hordas de turistas de nuestro país de origen. El agua de esta cascada proviene del campo de hielo de Eyjafjallajökull, donde se encuentra aquel volcán que con sus erupciones de ceniza paró el espacio aéreo europeo hace unos años.
Seljalandsfoss es una cascada que se encuentra a pocos minutos de la anterior. Su principal atractivo es que podemos pasear por su interior. También sale en multitud de anuncios publicitarios.
Posteriormente nos dirigimos hacia un río geotermal que se encuentra junto a la localidad de Hveragerdi. Caminamos por un sendero rodeado de fumarolas y pozas de agua y barro hirviendo, denominados hervideros. Durante una hora vemos delante de nosotros un pequeño valle, con un río en el que empezamos a divisar cabezas dentro del mismo. Israel me pregunta: ¿no haces fotos? Le comento que la luz es un poco dura y que después del baño las haré. Vestimos con una sola capa de ropa pues el sol ha salido. Nos metemos en el río y comprobamos que el agua está realmente caliente. Es un buen momento de relax sin tener que pagar. Ya de regreso y con la tensión por los suelos, no me quedan muchas ganas de hacer fotos. No todo lo tenemos que enseñar. En el bar que hay junto al aparcamiento nos tomamos un café para subir la tensión, aunque son más de las 6 de la tarde.
Instantes después partimos hacia “El Encapuchado”, nombre con el se conoce al volcán más famoso de Islandia, el Hekla. Nuestro alojamiento se encuentra muy cerca de sus laderas. En Pingvellir nos recibe un esmerejón que está posado en un poste. Disfrutamos de su fugaz vuelo. Los dueños del alojamiento, madre e hijo, nos advierten que si detectamos un temblor de tierra tenemos poco tiempo para salir huyendo, aunque nos tranquilizan diciendo que "nuestras generaciones viven en la zona desde hace mucho tiempo".
Así pues, nos encontramos junto al Hekla, en la terraza de la casita de madera que nos acoge tomando una cerveza. La temperatura es agradable. Hacia el oeste hay nubes coloreadas por la larga puesta de sol. En todos los documentos antiguos se representaba a este volcán en activo, pero esperamos que “El Encapuchado” siga durmiendo. En la jornada de hoy hemos disfrutado, por la mañana y bajo la lluvia, del frailecillo con su pico multicolor, del vuelo del fulmar y de paisajes de arena negra con promontorios llenos de aves. Hemos caminado sobre “el glaciar negro” y nos hemos adentrado en una cascada. Otro día completo en esta isla que nos sorprende a diario, aunque ya no nos choca que no apaguen la luz y que no tengan persianas. Por cierto, ni rastro del café de la tarde.
Viaje a Islandia.
Viaje a Islandia 11º día.
Un nuevo día comienza con el cielo nublado. Nuestro destino es Landmannalaugar. Rodeados de montañas de colores que parecen pintadas, circulamos por carreteras sin pavimentar. Sólo una hora de coche y ya estamos. Antes paramos a cambiar de vehículo y alquilamos un 4x4 ya que el seguro de los vehículos normales no permite circular por este tipo de carreteras, que denominan F. El día cuesta doscientos euros más el consumo; son normas del país. Cuando llegamos a la zona del camping de Landmannalaugar, nos damos cuenta que esta medida no tiene ningún sentido, ya que hemos circulado por una pista llena de polvo pero sin accidentes que impidan el paso de un vehículo sin tracción 4x4. Sus motivos tendrán, aunque no lo llegamos a entender.
Antes de llegar al camping de Landmannalaugar hemos parado en un volcán rodeado de tierras rojas. Su cráter, inundado de aguas de color turquesa, está junto a un lago rodeado de montañas de color pastel, salpicadas de lentejones de nieve. Es un paisaje único. La roca predominante es la riolita, que ya la conocemos. Observamos muchos ríos de lava.
Comenzamos nuestra caminata desde la zona del camping y cruzamos un río donde se reúne la gente para darse un baño de aguas termales. Nos dirigimos hacia un barranco, algo encajonado y jalonado con estacas de madera desde el que no tenemos perspectiva alguna. Poco a poco comenzamos a coger altura. Delante de nosotros aparecen coladas de lava de morfología un tanto caótica. Caminamos por el río de lava y comienzan a aparecer las primeras montañas de color pastel, algunas fumarolas a lo lejos y, entre la lava, grandes cristales de obsidiana. Seguimos las estacas, subiendo y bajando entre lava. Llegamos a una zona de fumarolas de fuerte olor a azufre que nos recuerda a Hverir en Mývatn. Subimos hacia Brennisteinsala, pero antes de llegar a su cima, nos tenemos que ir parando, ya que detrás nuestro contemplamos un paisaje completamente surrealista: montañas de colores salpicadas de lentejones de nieve espolvoreada de ceniza y con incrustaciones de lava. Entre medias, pequeños ríos y musgos se quieren introducir en el paisaje dando un toque verde eléctrico. Nos encontramos ante el paisaje más bello de la isla. Ya en la cima de Brennisteinsala, nos comemos un bocata acompañado de la clásica manzana de origen argentino. Las vistas de 360º desde nuestro "restaurante" son de ensueño. Desde Landmannalaugar sale un sendero que llega a Bórsmörk tras cinco días de caminata. Podría estar muy bien realizarlo en un futuro. Tras media hora contemplando y realizando cientos de fotos, proseguimos nuestro precioso sendero. La bajada es un poco resbaladiza, pero nuestras botas cumplen con su función.
Ya en la parte baja, nuestra vista ha cambiado, aunque no por ello es menos espectacular. Nos encontramos rodeados de "algodón". Israel comenta que estas plantas son de la familia de los juncos. A ras de suelo disfruto como un enano con mi "amado" trípode.
Israel parte hacia las que denominamos “montañas tutti frutti", pero seguro que tienen otro nombre. Yo me quedo en este valle con la cámara y él camina hacia la cresta. Quedamos en vernos en la zona de aseos del camping. Un baño posterior en el río nos sirve para terminar de relajarnos. En las cercanías existe una empresa que ofrece paseos a caballo, islandeses por supuesto, por las cercanías. Esto podría estar muy bien para otra ocasión.
En el río termal observamos un falaropo picofino sin alterarse por el paso de la multitud de personas que acampan en esta zona.
Ya de regreso, pinchamos el 4x4. Israel cambia la rueda como un autómata; se lo sabe de memoria ya que tiene un vehículo similar. Cerca de donde tenemos que dejar el vehículo, encontramos un cadáver en la carretera. Paramos. Es un zorro ártico con su traje de verano. Es el único mamífero que hemos visto muerto en las carreteras, donde lo común es ver multitud de aves aplastadas.
Antes de entregar el 4x4 tenemos que repostar. Son treinta euros más sorpresa. Israel paga con tarjeta y seguidamente le entran dos mensajes en su correo. ¡Sorpresa! Le han cobrado el repostaje del anterior, el cual reclamaremos a nuestro regreso. Hemos pagado muy pocas cosas con tarjeta y tenemos dos reclamaciones que hacer. Nuestra experiencia debe servir para utilizar la tarjeta lo menos posible.
El día ha estado repleto de paisajes inolvidables y surrealistas. Algunas de las imágenes que he realizado parecen más pintura que fotografía. En la terraza del alojamiento, mirando al atardecer, el cielo se ilumina enmarcado por lupinos. Comentamos el magnífico día que hemos pasado; otro día diferente a los demás.
Cena y a dormir. Ya en el saco consulto la guía de rocas: la riolita deriva del enfriamiento rápido de un magma granítico muy viscoso. Me quedo dormido con el libro abierto, escuchando música de Message to Bears, un grupo de música islandesa muy relajante.
¡Alarma! Me despierto pensando que hemos sufrido un terremoto. Calma. Es Israel que ha bajado de la litera. ¿Qué hace este libro aquí?, me pregunto. El mp3 aparece justo al lado. La habitación está iluminada por el sol de media noche. Cierro el libro y lo coloco junto al aparato de música. Por cierto, no tardo nada en volver a dormirme.
______
Viaje a Islandia 12º día.
Hoy nos hemos levantado una hora más tarde. El cansancio ya se está acumulando en nuestros cuerpos. Nos damos una ducha para terminar de despertar. Preparamos el desayuno, cargamos el coche y salimos con dirección a la península de Reykjanes. Nuestra primera parada es en una iglesia pegada al mar. Junto al cementerio, observamos la casita roja para los elfos. Curiosidades del país.
Muy cerca está la zona geotermal de Krysuvik, un área de fumarolas junto a Kleifarvatn, un gran lago rodeado de un paisaje con sensación de lúgubre. La carretera discurre entre campos de lava. Es el mismo paisaje que nos encontramos junto al aeropuerto internacional. Es lógico ya que nos encontramos en la misma península.
Caminamos por unas pasarelas de madera para observar los colores y oler los vapores sulfurosos. Nuestro ritmo de hoy es mucho más pausado. Los deberes los tenemos hechos. A pocos minutos de este lugar hay acantilados negros. Circulamos por un camino de tierra entre ríos de lava y terminamos acercándonos al acantilado negro repleto de aves. Israel monta el catalejo para observar un rato el comportamiento de las aves, que se encuentran en los taludes y en el mar. Nos comemos el bocadillo junto al alboroto de las aves que pasan muy cerca de nosotros, sobre todo fulmares.
A primera hora de la tarde toca relajarnos ya que el viaje de naturaleza llega a su fin, aunque aún nos quedan algunas cosas por disfrutar. Pasamos por Grindavík destino Laguna Azul. Un gran aparcamiento nos recibe entre edificaciones de las que sale una gran cantidad de vapor. Una instalación geotermal alimenta a la población y a la Laguna Azul. Aquí si observamos autobuses de cierto tamaño pues nos encontramos en un famoso destino turístico.
El primer susto se produce al pagar: unos 40 € al cambio. Todo el recinto está para estado de revista, inmaculado. En los aseos vemos taquillas con cierre electrónico. Vamos directos a la piscina. En el exterior hacen unos 15 grados y cielo está cubierto. No solo existen turistas, también muchos islandeses acuden aquí para relajarse. El agua se encuentra a una temperatura muy agradable. La gente coge una especie de arena muy fina blanquecina y se la extiende por la cara. Junto a nosotros, Israel detecta dos de los protagonistas de la serie “Juego de Tronos”. Deben estar rodando por la isla algunas escenas.
Transcurridas unas tres horas, salimos completamente relajados. Ahora nos dirigimos hacia Reykjavik, donde pasaremos un día y medio antes de coger nuestro vuelo de vuelta.
Dormimos en una confortable casa de huéspedes donde el desayuno está incluido. Ya nos habíamos acostumbrado a la dinámica matutina, pero algo de relax nos viene muy bien. Nuestro alojamiento se encuentra muy cerca del lago junto al centro de la ciudad, repleto de aves.
______
Viaje a Islandia 13º día.
Un día con un sol desde primera hora y sin nubes. Nos encaminamos hacia el puerto, donde escogemos una excursión en barco para intentar ver ballenas. Salimos a las 10 de la mañana, con el mar en calma y nos situamos en la proa. Desde el barco tenemos unas vistas muy bonitas de Reykjavik. Al poco de salir paramos en unas pequeñas islas con multitud de aves. Los fulmares vuelan rasantes junto al barco. Algunas pardelas y frailecillos se concentran en el horizonte. Hay varios barcos de observación en la zona donde nos encontramos. Al poco tiempo de estar parados, brota el primer géiser proveniente de una ballena. El capitán lo anuncia por megafonía y nos dirigimos hacia el lugar. Jugamos al ratón y al gato con las ballenas, hasta que se produce un avistamiento realmente cerca, aunque la cola no llegamos a verla. Nos comentan que el día anterior vieron orcas. Tras tres horas de travesía, retornamos a puerto. Sin duda ha merecido la pena la excursión.
Ya que estamos en el puerto, comeremos en un bar que nos recomendó la propietaria de la casa de huéspedes. Pedimos una sopa de pescado y brochetas de diferentes pescados con la correspondiente cerveza. La comida en la terraza fue muy agradable. El local tiene personalidad.El precio es contenido: unos 20 € por cabeza.
Caminamos por las calles centrales llenas de cafeterías y algunas tiendas para turistas. Vemos ropa elaborada con lana y la clásica indumentaria de montaña 66 North y poco más. La calle principal se denomina Laugavegur y cuenta con cierta actividad durante el día. Por la noche aquí se concentra el ambiente de copas.
Comentamos que estos islandeses no pasean con perros por la calle ya que en toda la isla solamente hemos visto tres mascotas. Hasta hace poco tiempo estaba prohibido tenerlas en casa, ya que consideraban que trasmitían muchas enfermedades. En fin, cosas del país.
Nos dirigimos hacia un edificio recién construido junto al puerto. Todo de cristales, parece simular la cristalización del basalto. Es realmente espectacular. Después vamos hacia una iglesia que se encuentra en la cima de una pequeña colina, Hallgrímskirkja. Está realizada en hormigón, inspirada en la formas de cristalización del basalto. Se encuentra rodeada de casas de dos plantas, muchas de ellas con fachadas forradas de chapa y pintadas de colores. Se respira un ambiente muy tranquilo. Muchos habitantes de la ciudad se encuentran tumbados en los parques tomando el sol que raras veces se muestra durante tantas horas y sin viento. Los niños juegan junto a sus padres.
Tenemos un atardecer de colores. La gente continúa en los parques aunque la temperatura ya ha cambiado. Nos hemos protegido con un forro polar. Ha sido un día muy tranquilo en esta “ciudad de provincias” junto al mar.
Son las 10 de la noche y los bares comienzan a llenarse. Entramos en un pub donde sus clientes están cantando y tocando instrumentos en un ambiente realmente muy agradable. Nos quedamos tomando unas cervezas comentando nuestras experiencias en Islandia. Más que “la isla del viaje al fin del mundo” la debemos llamar “la isla desconocida”, ya que cuenta con multitud de atractivos naturales que hasta hace poco no conocíamos.
Vamos caminando hacia la casa de huéspedes. Vemos un grupo de islandeses que hacen cola para tomar un perrito caliente en la calle Laugavegur.
______
Viaje a Islandia 14º día.
Nuestro viaje llega a su fin y nos toca preparar el equipaje. Sobre las dos de la tarde tenemos que estar en el aeropuerto.
No obstante, todavía tendremos tiempo por la mañana de visitar la playa calefactada y tomarmos un café en una agradable cafería en Laugavegur. Son los últimos momentos en sus calles. Camino del alojamiento, una niña vestida completamente de negro alimenta en el lago Tjörnin a los ánsares, mientras los charranes árticos sobrevuelan nuestras cabezas con sus clásicos planeos amenazantes.
Salimos de Reykjavik sin atascos, aunque sea hora punta. Nos dirigimos hacia el aeropuerto por la autovía de los 90 km/h. Ya estamos acostumbrados a estas velocidades. En el paisaje desolador que nos recibió hace quince días comienza a chispear. Parece querer repetir las primeras sensaciones que tuvimos al circular por estas carreteras sin tráfico hace dos semanas. Partimos con una temperatura de 15 ºC. Cuatro horas más tarde Barcelona nos recibe con 28ºC. Son las 11 de la noche y aquí ya tenemos la luz apagada.
Seguro que repetiremos esta experiencia al filo del Ártico ya que nos ha faltado la zona oeste y las auroras boreales. Esta isla no se puede ver en quince días. A pesar de todo, nos ha sorprendido a diario con sus paisajes cambiantes, repletos de aves y donde la tierra nos muestra su estado latente.
______
¿Por qué no disfrutar de esta experiencia con los demás?
El charrán seguirá sobrevolando nuestras cabezas...Viajar a Islandia