DIA 1.- SAN SEBASTIAN – LOS ANGELES
El domingo 30 de Marzo a media tarde salimos de San Sebastián con un coche alquilado con Avis a través de la tarjeta travelclub. Tras valorar todas las opciones (coche propio, autobús, avión, tren,...) ésta era la que mejor nos salía de precio. Por 14€ podíamos coger el coche en casa y devolverlo al día siguiente en el aeropuerto de Barajas, así que por algo menos de 45€ (gasolina incluída) teníamos arreglado el transporte hasta el avión. A la vuelta haremos otra reserva igual para volver a casa.
Usando de nuevo puntos de esta tarjeta reservo el hotel Holiday Inn Express, a escasos kilómetros del aeropuerto, para pasar la noche anterior al vuelo. Nos sale los cuatro por 0€ desayuno incluído, así que de momento el viaje nos está saliendo barato.
A las 9:30 del lunes 31 de Marzo, dos horas antes de la hora de salida, estamos ya en el mostrador de Delta para realizar el check in de nuestras cuatro maletas. Las hemos pesado previamente para no pasarnos de los 23 kilos (50 libras) y, aunque rozando el palo, todas cumplen. En total llevamos casi 100 kilos de equipaje, ya que a las cuatro maletas sumamos tres equipajes de mano bastante rellenitos.
Cuando llegamos al mostrador surge algún problema con los nombres (parece que han puesto el first name como last name, o como surname,... nunca me aclaro cual es cual), lo que hace que nos tiremos mas de media hora modificando los billetes. A este pequeño retraso le sumamos los desplazamientos internos por el aeropuerto (menos mal que no había que ir a la T4), los sucesivos y reiterativos controles de seguridad, así que al final nos plantamos en la puerta de embarque con apenas unos minutos de margen.
Tenemos por delante unas nueve horas de vuelo hasta Atlanta, donde haremos una escala con un par de horas de tiempo para:
- pasar el control de aduanas
- recoger las maletas
- volver a facturar las maletas
- desplazarnos hasta la puerta de embarque correspondiente
La teoría dice que hay tiempo para hacer todo: el avión llega puntual, las maletas salen rápido y las conseguimos refacturar en un plis plas, pero cuando llegamos al control de aduanas nos encontramos con una gigantesca sala llena hasta los topes.
Observamos comentarios de bastante gente en situación parecida a la nuestra, pero el personal es inflexible a la hora de “colar” a los que andan pillados de tiempo, así que, evidentemente, no vamos a llegar. La verdad es que tampoco nos produce grandes angustias, ya que al ser vuelos de la misma compañía suponemos que nos recolocarán en el siguiente disponible.
A pesar de todo llegamos a la puerta de embarque unos minutillos antes de la hora de salida prevista, pero nos dicen que ya han cerrado y que pasemos por una oficina de atención al cliente para que nos busquen otro vuelo.
Realizado este paso, nos dan plazas en un vuelo que sale una hora después, así que al fin y al cabo, el perjuicio no ha sido tanto.
Nos quedan unas 5 horas de vuelo hasta Los Angeles en un avión en el que casi todo es de pago: los cascos, las películas, la comida,... sólo algunas bebidas y unos cacahuetes van incluídos en el precio (al contrario de lo que había sucedido en el vuelo de Madrid a Atlanta).
Por fin aterrizamos a eso de las 20:30, que para nosotros son las 5 y pico de la mañana, así que no es difícil imaginar nuestro estado tras 14 horas de vuelo.
Recogemos sin problemas las maletas y nos dirigimos a la salida para coger el “shuttle” que nos debe llevar a recoger el coche. Estos microbuses pasan cada 5-10 minutos y te llevan hasta las oficinas de la empresa de alquiler correspondiente que suelen estar bastante cerca.
Nuestra empresa era Alamo, y debo admitir que iba con ciertas precauciones por algunos comentarios sobre cargos “sorpresa” a la hora de recoger el coche. A través de la reserva de ealquilerdecoches había conseguido imprimir lo que me incluía y parecía bastante claro:
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Afortunadamente no hubo sorpresas, y tan sólo me ofrecieron de forma opcional el “road safe”, una especie de asistencia en carretera (que no cogí) y el gps (que tampoco acepté).
Soy un enemigo acérrimo del GPS. Entendedme bien: no estoy en contra de un aparato que, en determinadas ocasiones, puede ser de gran utilidad, pero creo que se abusa de él. Si cada vez que tienes que hacer una operación tiras de calculadora, acabarás por perder la habilidad mental de hacer cálculos. Con el GPS ocurre igual, y yo conozco gente que, a día de hoy, sin ese aparatejo es incapaz de ir a la vuelta de la esquina (y no les des un plano que casi no saben ni interpretarlo).
Por cierto, que esta idea no es sólo un locurón mío, sino que está refrendada científicamente (
phys.org/ ...n-age.html)
De todas formas, si alguien quiere un gps, existen aplicaciones de móviles gratuitas bastante aceptables para esta función, que trabajan sin conexión de datos (admito que yo lo usé en un par de ocasiones en este viaje, concretamente navigator).
Tiraremos básicamente con los mapas de toda la vida, aunque eso sí, ahora incorporados al móvil.
A pesar de ello, y visto lo visto, yo diría que salvo en Los Angeles, el gps es totalmente prescindible.
Tras enseñar el carnet de conducir normal (sigo sin saber si el internacional es obligatorio) y una tarjeta de crédito, te mandan a elegir coche al aparcamiento. Aquí se produjeron unos momentos de tensión ya que, aunque no había mucha gente eligiendo, parece que todos los que estábamos allí teníamos alquilado un SUV, así que en cuanto veías un coche que te gustaba te montabas rápido para que no te lo quitaran.
Nuestra elección fue un Jeep Compass 4x4, con sitio suficiente para nosotros y todo nuestro equipaje, y que no nos dió ningún problema en todo el viaje.
Si teneis intención de meteros en pistas, yo cogería un coche de esta categoría debido a su altura (aunque no sé si hace falta que sea 4x4, nunca viene mal esa función).
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Aquí teneis a nuestro flamante 4x4 en acción
A eso de las diez de la noche, y con los niños sobaos en los asientos traseros, nos dirigimos al hotel Hollywood Travelodge, al que llegamos en una media hora tras los correspondientes titubeos con el sistema automático del coche. La conducción es muy sencilla, pero cuidado con el pie izquierdo (deberían colocar algo para atártelo) porque la costumbre de pisar embrague a fondo aquí se convierte en pisar el freno a tope lo que puede provocar un buen susto (y lo digo por experiencia).
Pillamos la habitación, salimos a comprar algo para cenar en un supermercado Vons (abierto las 24 horas) y nos echamos a dormir, no sin antes deshacer las maletas y comprobar que todas tienen este papelito:
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Nosotros apenas cerramos las maletas (somos bastante confiados), no ponemos candados ni cierres especiales, así que en nuestro caso no les habrá costado abrirlas, pero supongo que si van muy cerradas no se andarán con miramientos para abrirlas.