No queríamos madrugar, pero madrugamos más que ningún día. A las 7:00, bajo a la salita del desayuno y está llenísimo, así que solo cojo un café. Seguramente porque es sábado y hay mucha gente en el hotel. Nos vestimos y salimos a comprar tabaco, Marlboro a unos módicos 15 dólares. Después, encontramos una terracita agradable y nos paramos a tomar un café. Esa mañana de sábado hay muchas familias con niños paseando por Brooklyn. Vamos a un Whole Foods porque quería gastarme los últimos dólares en cosas para traer, pero es carísimo; no sé cuánto se gasta la gente en hacer la compra... Así, compramos chocolatinas y demás curiosidades en una de las tiendas donde hemos comprado las cenas estos días. También compramos uno de los famosos bagels para llevar al aeropuerto y comer al mediodía. Por fin, consigo entrar en el Dunkin Donuts a una hora en la que hay donuts, y me compro dos para llevar.

Yo habría aprovechado la mañana yendo de nuevo a la zona de Brooklyn Heights y el puente, que me encantó, pero mi acompañante es una de esas personas que se pone nerviosa el día de viaje 10 horas antes, así que no me dejó. Le propongo entonces ir al cementerio Greenwood de Brooklyn, que está cerca del hotel y nos daría la oportunidad de ver uno de esos cementerios tan cuidados, que es enorme además. Sacaría unas fotos para mi madre, le encanta verlos en las películas... Merece la pena verlo si se puede.


Regresamos al hotel a coger las maletas (nos las habían guardado sin problema en un cuartito al dejar la habitación) y a rellenar la botella de agua y vamos a coger el metro para el aeropuerto. Como tenemos tiempo, decidimos pasar del Uber y hacerlo así, y descubrimos que es mucho más fácil de lo que pensábamos, muy barato y casi se tarda menos que en coche.
Llegamos sin problema al AirTrain, que además estaba a mitad de precio en verano, y ya habíamos alcanzado el máximo de billetes de metro de la semana, por lo que tampoco pagamos el metro. Muy fácil y bien organizado.

Facturamos las maletas en unas maquinitas, todo muy tecnológico y rápido. Comemos lo que llevábamos y al avión, que sale puntual a las 19:00. En seguida nos dan la cena, no muy sabrosa, y aquí vienen los problemas, porque es un vuelo de noche y yo no duermo nada en los aviones. Se hace mucho más corto que el vuelo de Madrid a Miami, unas 6 horas, y me tomo el yogur de desayuno, sin saber ya qué hora es en cada sitio. Aviso a navegantes: me pidieron que metiese la maleta de mano en la bodega porque, igual que en la ida, el vuelo iba lleno hasta la bandera, y llegó rota de todo.

31/08/2025
Llegamos más que puntuales a las 8:00 de la mañana a Barajas, lo que no sé si es bueno o malo, porque, con nuestra previsión habitual, habíamos cogido el tren a las 18:00 y yo no había dormido nada. Decido comprar un billete antes porque no puedo conmigo, pero siendo 31 de agosto y domingo, no consigo uno hasta las 14:40. Desayunamos en nuestro bar de referencia en Chamartín, el Navelgasi, y me paso las siguientes horas intentando no dormirme de pie. Por cierto, me guardé el segundo donut hasta Madrid, exquisitos. Dormí unas 10 horas seguidas al llegar y al día siguiente ya estábamos trabajando.