Domingo 17 de agosto, toca volver a casa, una escapada de 4 días cunde más que una de fin de semana, pero de cualquier manera se me pasó volando, la verdad. El plan de hoy consistía en visitar Viana do Castelo y A Guarda y recorrer la carretera de la costa, y en función de la hora a la que llegáramos a Baiona visitarla o no (finalmente y por miedo a atascos en la Operación Retorno decidimos dejarla para una futura escapada a las Rías Baixas, al igual que parar en los miradores de la carreterra A Guarda-Baiona)
TOTAL: 549 kms.
Tras desayunar y hacer rapidamente el check-out nos pusimos en camino a Viana do Castelo, algo tarde por el tema de acabar las maletas y demás, eso unido a adelantar el reloj una hora nos machacó un poco el día, pero bueno. Llegamos a Viana y aparcamos en el puerto, pegados al Gil Eannes, una de las visitas de la ciudad.
Viana do Castelo es una pequeña ciudad de la costa norte portuguesa, la capital de la llamada Costa Verde. Tuvo asentamientos ya en la prehistoria, como los del Monte Santa Lucía, pero no tuvo mayor importancia hasta el siglo XIII, cuando recibió una carta foral llamándose Viana da Foz do Lima. Esta villa marítima empezó a cobrar peso a lo largo del siglo XVI al ser un punto de entrada y salida de comerciantes y exploradores en la época dorada de los Descubrimientos Portugueses, esto atrajo a los piratas gallegos y africanos, por lo que se construyó la Torre da Roqueta para defenderlo.
Las principales actividades del puerto eran las exportaciones de vino, frutas y sal; y las importaciones de tila, textiles y vidrio; floreciendo Viana como ciudad comercial hasta el siglo XIX. En ese siglo cambia de nombre a Viana do Castelo como premio a la fidelidad de la ciudad a la Portugal liberalista al no rendirse a las tropas del Conde de Antas en 1847. Cinco años despues la reina María II funda la Associaçao Comercial de Viana do Castelo, la cuarta compañía de este tipo más antigua de Portugal.
En el siglo XX no creció demasiado, viviendo sobre todo en la segunda mitad del siglo XX de la cercanía a la frontera española como lugar turístico y comercial (aquellos años en los que autobuses castellanos, gallegos y asturianos fletaban viajes a Portugal a comprar toallas y sábanas)
Empezamos la visita por el Gil Eánnes, un barco-hospital construido en 1955 para acompañar a la flota pesquera portuguesa que iba a pescar bacalao a las lejanas costas de Groenlandia y Terranova (costa occidental canadiense) Por aquellos años la flota era muy nutrida y compensaba fletar todo un barco-hospital. Cesó su actividad en 1984 y se instaló como museo en Viana do Castelo en 1998. Por fuera es un barco grande y bastante moderno
Subimos la rampa y tras pagar la entrada, empezamos a realizar el recorrido que nos indican unas flechas, hay información en las diversas dependencias del barco. Lo primero que vemos es la cubierta llena de chimeneas y enseres varios para la navegación.
Y luego nos adentramos en el piso superior, donde se dirigía el barco y estaban las salas de radio y de control del barco (nos podremos poner al timon y hacer unas cuantas fotos marineras)
Desde la cubierta se tienen vistas de Viana do Castelo y del Monte de Santa Lucía, al que no subiríamos por falta de tiempo (íbamos a llegar a A Guarda demasiado tarde a comer al tener que adelantar una hora el reloj)
Además hay expuesta una carta de navegación inmensa que muestra todo el Atlántico Norte
El barco era grande, y además de los tripulantes tenía médicos y pacientes, por lo que tenía una gran cocina.
Las habitaciones donde ingresaban a los pacientes también son visitables, no deben ser muy diferentes a las de un hospital en tierra firme de la época.
Había consultas médicas, de dentista e incluso sala de rayos X, y el instrumental se guarda casi intacto. El quirófano (foto) es visitable, tenía que ser difícil operar en una tormenta del Atlántico Norte con el barco moviéndose a merced de las olas, la verdad.
Me llamó la atención que ya en los 50 hubiera planchas de reanimación para los infartos. El barco tenía de todo para socorrer todo tipo de accidentes y enfermedades de los pescadores.
Es una visita muy interesante y un museo muy diferente. Si vais a Viana do Castelo teneis que entrar sin falta, llama mucho la atención.
Información práctica
Acceso: Puerto de Viana do Castelo
Horario: Todos los días: 9-19 (abr-sep), 9-17:30 (oct-mar)
Precio: 3€ (adultos), 8€ (2 adultos y hasta 4 menores de 16 años), gratis (menos de 6 años)
Web: www.fundacaogileannes.pt/ ...hp?cat=32/
Tras esto nos dispusimos a pasear por el centro de Viana do Castelo, un amigo había ido este verano y me dijo que no merecía la pena, pero lo que leía en la Lonely tenía buena pinta, y así fue, me gustó mucho y puede que fuera por tener unas expectativas tan bajas. Caminamos la Avenida dos Combatientes, en honor a los portugueses que lucharon, hace justo 100 años, en la Primera Guerra Mundial. Ese fin de semana era la Romaria de Nossa Senhora d'Agonia, donde se celebran las penas, y la avenida tenía gradas a los lados para los desfiles que tendrían lugar por la tarde.
Torcimos a la derecha y entramos en la Praça da Republica, la central de Viana do Castelo. Es una plaza muy bonita y merece la pena darse una vuelta para verla. Tiene un para de fuentes, la primera es secundaria y tiene detrás el Museu do Traje
En el otro extremo tenemos la Fonte Chafariz, una fuente renacentista construida en 1554, estando coronada con motivos manuelinos de un astrolabio esférico y la cruz de la Orden de Cristo, tras ella nos encontramos los Antigos Paços do Concelho (Antiguo Ayuntamiento), un edificio al estilo de una fortaleza del siglo XVI. A su izquierda la Igreja da Misericordia, que es una iglesia pese a no parecerlo. Me comentó rcd-deportivo ya a la vuelta que el interior es muy recomendable, que lo sepais si vais. La fachada tiene cariátides (estatuas femeninas como columnas) al estilo del Erecteion de la Acrópolis ateniense.
El resto de los edificios de la plaza son también bonitos. No sé porque mi amigo me dijo que Viana do Castelo era feo, esta plaza es bonita.
Caminamos entonces un tramo de la Rua Bandieira, con edificios decimonónicos a los lados
Pusimos rumbo a la Igreja Matriz, pero por el camino topamos con la Capela das Malheiras, uno de los mejores ejemplos de arquitectura barroca portuguesa, y es que la mayoría de obras barrocas portuguesas siguen las tendencias italianas.
Y llegamos a la Igreja Matriz, una iglesia-fortaleza construida en el siglo XV pero con un estilo románico, una pieza única por esta peculiaridad. Sin embargo, la portada es gótica con esculturas en las arquivoltas. No pudimos ver bien el interior al haber misa, pero no destacaba mucho, ¡no tenía un retablo barroco! Aunque os cueste para ser el Norte de Portugal, os lo podeis creer, palabrita de honor.
Y tras esto fuimos hasta el coche y al ver que eran las 12 y poco (hora portuguesa) decidimos tirar hacia A Guarda en previsión del atasco que nos encontraríamos, y es que domingo, de agosto y puente, no podía tener otro final, estaba claro.
CONCLUSIONES DE VIANA DO CASTELO: El centro es bonito, pequeño pero bonito. La Praça da República es muy coqueta, y las calles que salen de ella están bastante cuidadas. El Gil Eánnes es también una visita muy interesante, diferente pero tiene bastante encanto. Es una buena parada para entrar o salir por el norte, si bien recomendaría antes Valença do Minho como parada si vamos con poco tiempo.
Para ver la ciudad al viajero medio le valdrá con hora y media o un par de horas, si quereis subir además al Monte de Santa Lucía sumadle otra media hora u otra horilla.
De aquí nos fuimos a A Guarda, la que sería la última visita del viaje. De A Guarda ya conocemos la principal atracción, el Castro de Santa Tecla, visitado ya el verano anterior en nuestro viaje a las Rias Baixas ( www.losviajeros.com/ ...hp?e=34209 )
A Guarda es una villa marinera condicionada por su emplazamiento geográfico, y es que es un lugar estratégico para las fricciones entre estados y cuenta con abundantes recursos naturales.
Hay restos humanos de hace 10.000 años en el entorno, y se sabe que hub contactos de los nativos con las culturas mediterráneas (griegos y fenicios). La época prerromana fue en la que la zona tuvo mayor apogeo, con una importantísima cultura castrense, siendo el castro de Santa Tecla una de las muestras más significativas de la cultura galaico-romana. Esta cultura desaparece con la romanización y A Guarda deja de ser uno de los enclaves más importantes del noroeste peninsular.
Hasta el siglo XII era una pequeña aldea pesquera, entonces se funda el monasterio cisterciense de Oia, empezando a crecer la población y el comercio. Sin embargo, este ligero crecimiento se ve frenado por unas fuertes epidemias en el siglo XVI. En el siguiente siglo, durante la Guerra de los Treinta Años, A Guarda cae tres años en manos lusas y se mejoran sus defensas; pero en cualquier caso el nivel de vida siempre fue bajo y la emigración fue un fenómeno latente, emigrando en los siglos pasados los guardenses a América y en las últimas décadas a Canarias, pese a los intentos de revitalizar la villa con el tirón del turismo.
Aparcamos junto a la Capilla de la Santísima Virgen, encima del puerto, al final del casco antiguo.
Bajamos caminando hacia el Paseo Marítimo en busca de una buena marisquería. El mar no estaba bravo pero rompían las tenues olas contra las piedras de la costa.
Pasamos por delante del Museu do Mar, una pequeña fortaleza.
Y al caminar junto al mar teníamos una preciosa vista de la fachada marítima de A Guarda con Santa Tecla detrás, imponente. Las vistas desde ese monte son muy amplias, lo mejor de A Guarda sin duda.
Al llegar al final, tenemos detrás nuestro los barcos anclados y el colorido espigón del fondo.
Al final del paseo vemos una estatua de una barca con un pescador manipulando unas redes, recordando el pasado pesquero de la villa.
Entramos a comer al Restaurante Trasmallo, una marisquería frente al puerto. Pedimos tapas (calamares, pulpo y navajas) y un par de raciones de arroz con bogavante. Estaba buenísimo todo, y no fue demasiado caro (pagamos menos de 30 euros por cabeza) con un servicio excelente, en hora y media comimos y pudimos así tirar pronto para casa y no llegar a horas intempestivas, que el día siguiente, aunque no para mí, era laborable. Os recomiendo este restaurante si os quereis comer una mariscada en A Guarda.
Tras esto fuimos por el casco histórico a por el coche, viendo lo primero la Casa do Concello, un edificio de piedra pero sin mucho encanto
Y luego la Iglesia de Santa María, bastante normalita, como todo el centro de A Guarda, que no tiene mucho que ofrecer aparte de marisco, la verdad.
Fuimos a por el coche y nos maravillamos con la carretera de A Guarda a Baiona, hay tramos en los que parece que vamos por el fin del mundo. Había miedo por toparnos con atascos y no paramos en ninguno de los miradores (había uno precioso en el que se veían las Cies) ni en Baiona o el Monasterio de Oia; todo esto queda pendiente, junto con Vigo y Tui, para una escapada de fin de semana a las Rías Baixas. No nos encontramos atascos ni demasiado tráfico y a las 8 de la tarde estábamos en casa sin mayor contratiempo.
CONCLUSIONES DE A GUARDA: El Centro de A Guarda no aporta nada, el paseo marítimo es bonito, pero los hay a cientos por Galicia, y los edificios históricos son muy normales. Lo mejor es subir al Castro de Santa Tecla, sin duda alguna, y bajar al pueblo si os apetece una mariscada. El castro es una visita obligada de las Rias Baixas, no así el centro.
Para visitar A Guarda, el viajero medio invertirá una hora, lo que se tarda en ver el castro y las vistas desde la cima del monte, y en tal caso lo que tarde en meterse una buena mariscada en el centro.

TOTAL: 549 kms.
Tras desayunar y hacer rapidamente el check-out nos pusimos en camino a Viana do Castelo, algo tarde por el tema de acabar las maletas y demás, eso unido a adelantar el reloj una hora nos machacó un poco el día, pero bueno. Llegamos a Viana y aparcamos en el puerto, pegados al Gil Eannes, una de las visitas de la ciudad.
Viana do Castelo es una pequeña ciudad de la costa norte portuguesa, la capital de la llamada Costa Verde. Tuvo asentamientos ya en la prehistoria, como los del Monte Santa Lucía, pero no tuvo mayor importancia hasta el siglo XIII, cuando recibió una carta foral llamándose Viana da Foz do Lima. Esta villa marítima empezó a cobrar peso a lo largo del siglo XVI al ser un punto de entrada y salida de comerciantes y exploradores en la época dorada de los Descubrimientos Portugueses, esto atrajo a los piratas gallegos y africanos, por lo que se construyó la Torre da Roqueta para defenderlo.
Las principales actividades del puerto eran las exportaciones de vino, frutas y sal; y las importaciones de tila, textiles y vidrio; floreciendo Viana como ciudad comercial hasta el siglo XIX. En ese siglo cambia de nombre a Viana do Castelo como premio a la fidelidad de la ciudad a la Portugal liberalista al no rendirse a las tropas del Conde de Antas en 1847. Cinco años despues la reina María II funda la Associaçao Comercial de Viana do Castelo, la cuarta compañía de este tipo más antigua de Portugal.
En el siglo XX no creció demasiado, viviendo sobre todo en la segunda mitad del siglo XX de la cercanía a la frontera española como lugar turístico y comercial (aquellos años en los que autobuses castellanos, gallegos y asturianos fletaban viajes a Portugal a comprar toallas y sábanas)
Empezamos la visita por el Gil Eánnes, un barco-hospital construido en 1955 para acompañar a la flota pesquera portuguesa que iba a pescar bacalao a las lejanas costas de Groenlandia y Terranova (costa occidental canadiense) Por aquellos años la flota era muy nutrida y compensaba fletar todo un barco-hospital. Cesó su actividad en 1984 y se instaló como museo en Viana do Castelo en 1998. Por fuera es un barco grande y bastante moderno
Subimos la rampa y tras pagar la entrada, empezamos a realizar el recorrido que nos indican unas flechas, hay información en las diversas dependencias del barco. Lo primero que vemos es la cubierta llena de chimeneas y enseres varios para la navegación.
Y luego nos adentramos en el piso superior, donde se dirigía el barco y estaban las salas de radio y de control del barco (nos podremos poner al timon y hacer unas cuantas fotos marineras)
Desde la cubierta se tienen vistas de Viana do Castelo y del Monte de Santa Lucía, al que no subiríamos por falta de tiempo (íbamos a llegar a A Guarda demasiado tarde a comer al tener que adelantar una hora el reloj)
Además hay expuesta una carta de navegación inmensa que muestra todo el Atlántico Norte
El barco era grande, y además de los tripulantes tenía médicos y pacientes, por lo que tenía una gran cocina.
Las habitaciones donde ingresaban a los pacientes también son visitables, no deben ser muy diferentes a las de un hospital en tierra firme de la época.
Había consultas médicas, de dentista e incluso sala de rayos X, y el instrumental se guarda casi intacto. El quirófano (foto) es visitable, tenía que ser difícil operar en una tormenta del Atlántico Norte con el barco moviéndose a merced de las olas, la verdad.
Me llamó la atención que ya en los 50 hubiera planchas de reanimación para los infartos. El barco tenía de todo para socorrer todo tipo de accidentes y enfermedades de los pescadores.
Es una visita muy interesante y un museo muy diferente. Si vais a Viana do Castelo teneis que entrar sin falta, llama mucho la atención.
Información práctica
Acceso: Puerto de Viana do Castelo
Horario: Todos los días: 9-19 (abr-sep), 9-17:30 (oct-mar)
Precio: 3€ (adultos), 8€ (2 adultos y hasta 4 menores de 16 años), gratis (menos de 6 años)
Web: www.fundacaogileannes.pt/ ...hp?cat=32/
Tras esto nos dispusimos a pasear por el centro de Viana do Castelo, un amigo había ido este verano y me dijo que no merecía la pena, pero lo que leía en la Lonely tenía buena pinta, y así fue, me gustó mucho y puede que fuera por tener unas expectativas tan bajas. Caminamos la Avenida dos Combatientes, en honor a los portugueses que lucharon, hace justo 100 años, en la Primera Guerra Mundial. Ese fin de semana era la Romaria de Nossa Senhora d'Agonia, donde se celebran las penas, y la avenida tenía gradas a los lados para los desfiles que tendrían lugar por la tarde.
Torcimos a la derecha y entramos en la Praça da Republica, la central de Viana do Castelo. Es una plaza muy bonita y merece la pena darse una vuelta para verla. Tiene un para de fuentes, la primera es secundaria y tiene detrás el Museu do Traje
En el otro extremo tenemos la Fonte Chafariz, una fuente renacentista construida en 1554, estando coronada con motivos manuelinos de un astrolabio esférico y la cruz de la Orden de Cristo, tras ella nos encontramos los Antigos Paços do Concelho (Antiguo Ayuntamiento), un edificio al estilo de una fortaleza del siglo XVI. A su izquierda la Igreja da Misericordia, que es una iglesia pese a no parecerlo. Me comentó rcd-deportivo ya a la vuelta que el interior es muy recomendable, que lo sepais si vais. La fachada tiene cariátides (estatuas femeninas como columnas) al estilo del Erecteion de la Acrópolis ateniense.
El resto de los edificios de la plaza son también bonitos. No sé porque mi amigo me dijo que Viana do Castelo era feo, esta plaza es bonita.
Caminamos entonces un tramo de la Rua Bandieira, con edificios decimonónicos a los lados
Pusimos rumbo a la Igreja Matriz, pero por el camino topamos con la Capela das Malheiras, uno de los mejores ejemplos de arquitectura barroca portuguesa, y es que la mayoría de obras barrocas portuguesas siguen las tendencias italianas.
Y llegamos a la Igreja Matriz, una iglesia-fortaleza construida en el siglo XV pero con un estilo románico, una pieza única por esta peculiaridad. Sin embargo, la portada es gótica con esculturas en las arquivoltas. No pudimos ver bien el interior al haber misa, pero no destacaba mucho, ¡no tenía un retablo barroco! Aunque os cueste para ser el Norte de Portugal, os lo podeis creer, palabrita de honor.
Y tras esto fuimos hasta el coche y al ver que eran las 12 y poco (hora portuguesa) decidimos tirar hacia A Guarda en previsión del atasco que nos encontraríamos, y es que domingo, de agosto y puente, no podía tener otro final, estaba claro.
CONCLUSIONES DE VIANA DO CASTELO: El centro es bonito, pequeño pero bonito. La Praça da República es muy coqueta, y las calles que salen de ella están bastante cuidadas. El Gil Eánnes es también una visita muy interesante, diferente pero tiene bastante encanto. Es una buena parada para entrar o salir por el norte, si bien recomendaría antes Valença do Minho como parada si vamos con poco tiempo.
Para ver la ciudad al viajero medio le valdrá con hora y media o un par de horas, si quereis subir además al Monte de Santa Lucía sumadle otra media hora u otra horilla.
De aquí nos fuimos a A Guarda, la que sería la última visita del viaje. De A Guarda ya conocemos la principal atracción, el Castro de Santa Tecla, visitado ya el verano anterior en nuestro viaje a las Rias Baixas ( www.losviajeros.com/ ...hp?e=34209 )
A Guarda es una villa marinera condicionada por su emplazamiento geográfico, y es que es un lugar estratégico para las fricciones entre estados y cuenta con abundantes recursos naturales.
Hay restos humanos de hace 10.000 años en el entorno, y se sabe que hub contactos de los nativos con las culturas mediterráneas (griegos y fenicios). La época prerromana fue en la que la zona tuvo mayor apogeo, con una importantísima cultura castrense, siendo el castro de Santa Tecla una de las muestras más significativas de la cultura galaico-romana. Esta cultura desaparece con la romanización y A Guarda deja de ser uno de los enclaves más importantes del noroeste peninsular.
Hasta el siglo XII era una pequeña aldea pesquera, entonces se funda el monasterio cisterciense de Oia, empezando a crecer la población y el comercio. Sin embargo, este ligero crecimiento se ve frenado por unas fuertes epidemias en el siglo XVI. En el siguiente siglo, durante la Guerra de los Treinta Años, A Guarda cae tres años en manos lusas y se mejoran sus defensas; pero en cualquier caso el nivel de vida siempre fue bajo y la emigración fue un fenómeno latente, emigrando en los siglos pasados los guardenses a América y en las últimas décadas a Canarias, pese a los intentos de revitalizar la villa con el tirón del turismo.
Aparcamos junto a la Capilla de la Santísima Virgen, encima del puerto, al final del casco antiguo.
Bajamos caminando hacia el Paseo Marítimo en busca de una buena marisquería. El mar no estaba bravo pero rompían las tenues olas contra las piedras de la costa.
Pasamos por delante del Museu do Mar, una pequeña fortaleza.
Y al caminar junto al mar teníamos una preciosa vista de la fachada marítima de A Guarda con Santa Tecla detrás, imponente. Las vistas desde ese monte son muy amplias, lo mejor de A Guarda sin duda.
Al llegar al final, tenemos detrás nuestro los barcos anclados y el colorido espigón del fondo.
Al final del paseo vemos una estatua de una barca con un pescador manipulando unas redes, recordando el pasado pesquero de la villa.
Entramos a comer al Restaurante Trasmallo, una marisquería frente al puerto. Pedimos tapas (calamares, pulpo y navajas) y un par de raciones de arroz con bogavante. Estaba buenísimo todo, y no fue demasiado caro (pagamos menos de 30 euros por cabeza) con un servicio excelente, en hora y media comimos y pudimos así tirar pronto para casa y no llegar a horas intempestivas, que el día siguiente, aunque no para mí, era laborable. Os recomiendo este restaurante si os quereis comer una mariscada en A Guarda.
Tras esto fuimos por el casco histórico a por el coche, viendo lo primero la Casa do Concello, un edificio de piedra pero sin mucho encanto
Y luego la Iglesia de Santa María, bastante normalita, como todo el centro de A Guarda, que no tiene mucho que ofrecer aparte de marisco, la verdad.
Fuimos a por el coche y nos maravillamos con la carretera de A Guarda a Baiona, hay tramos en los que parece que vamos por el fin del mundo. Había miedo por toparnos con atascos y no paramos en ninguno de los miradores (había uno precioso en el que se veían las Cies) ni en Baiona o el Monasterio de Oia; todo esto queda pendiente, junto con Vigo y Tui, para una escapada de fin de semana a las Rías Baixas. No nos encontramos atascos ni demasiado tráfico y a las 8 de la tarde estábamos en casa sin mayor contratiempo.
CONCLUSIONES DE A GUARDA: El Centro de A Guarda no aporta nada, el paseo marítimo es bonito, pero los hay a cientos por Galicia, y los edificios históricos son muy normales. Lo mejor es subir al Castro de Santa Tecla, sin duda alguna, y bajar al pueblo si os apetece una mariscada. El castro es una visita obligada de las Rias Baixas, no así el centro.
Para visitar A Guarda, el viajero medio invertirá una hora, lo que se tarda en ver el castro y las vistas desde la cima del monte, y en tal caso lo que tarde en meterse una buena mariscada en el centro.
