Por la tarde nada más comer nos aventuramos en un viaje hasta el Parque Tayrona en Santa Marta. Lo de aventurarse no es un decir por varias razones que explicaré a continuación; de hecho habíamos estado en Cartagena hacía siete años y nos desaconsejaron salir no ya de la ciudad de Cartagena, sino incluso del recinto amurallado.
Tayrona se encuentra a 26 kilómetros de Santa Marta y Santa Marta a unos 250 Km. de Cartagena. Habíamos contratado a través de una agencia el transporte y la estancia en unos denominados ecohabs en mitad del parque. A nosotros nos extrañaba que todo el mundo nos dijera que tardaríamos más de 4 horas en llegar y pensábamos que exageraban. La realidad es que tardamos unas 6 horas contando con una pequeña parada para tomar un bocadillo en una gasolinera porque estábamos desfallecidos.
Al principio el camino era normal, aunque nos sorprendió que el chofer me pidiera que le firmara un documento como promotor exclusivo del viaje (todavía no sé lo que aquello significaba) ya que dicho documento era necesario si el ejército nos paraba en algún momento del camino. El ejército no nos paró pero vimos muchos militares armados a lo largo del camino.
Hicimos una primera parada en el volcán Totumo. Este en un mini-volcán que al parecer se encuentra lleno de barro donde la gente se sumerge y sale completamente cubierto. Cuando el barro se seca se sumergen en las aguas de una especie de lago que hay la lado para quitárselo. Evidentemente no era nuestra intención hacer tal cosa por lo que optamos por seguir viaje. Por cierto el Totumo no es sólo el volcán sino un fruto con una corteza muy dura que utilizan para hacer cucharas y otros utensilios.
Como ya digo la primera parte del viaje fue normal, carreteras malas pero aceptables. Frecuentísimos controles del ejército en zonas llenas de badenes donde no te quedaba más remedio que casi pararte, pero en ninguno nos pararon para pedirnos nada. Lo malo fue cuando llegamos a los alrededores de Barranquilla, a partir de ahí la carretera prácticamente desaparecía y te encontrabas con un enjambre de enormes camiones y pequeños vehículos de todo tipo que se paraban en numerosos semáforos a cruzarse con otra nube semejante que circulaba perpendicularmente. Todo estaba permitido. Era una sensación realmente agobiante que duró prácticamente 2 horas. A todo esto el conductor no había parado de hablar por el móvil prácticamente desde su salida de Cartagena. Se notaba que era un pequeño empresario del sector con algunos coches a su cargo que debía mover continuamente. En España no le quedaría ni un punto vivo porque fácilmente estuvo hablando más de 4 horas seguidas.
Hay que tener en cuenta que Barranquilla es como Barcelona y con aquellas carreteras resulta imposible avanzar. Cuando por fin atravesamos Barranquilla la cosa se tranquilizó considerablemente. Los alrededores de Santa Marta eran también caóticos pero en mucha menor medida. Como he dicho, paramos a comer algo en una gasolinera con la idea de que más adelante no sería posible encontrar nada para comer.
La entrada en el parque Tayrona fue también apoteósica, acababa de caer un enorme chaparrón y nada más pasar la puerta de entrada nos encontramos que el camino se interrumpía por una especie de laguna de desconocida profundidad. Era noche ya cerrada. No se sabe cual fue la iluminación que tuvo el chofer, pero cogió carrerilla y atravesamos el enorme charco sin mayores problemas. De pronto llegamos a una zona muy poco iluminada pero habitada, era la recepción de los ecohabs. Allí nos dieron dos o tres linternas de esas de poner en la cabeza y nos acompañaron a nuestras cabañas. Debo decir que aunque no se veía nada estaba claro que nos encontrábamos prácticamente en el paraíso.

Los eco-habs del Parque de Tayrona
Los ecohabs están puestos a todo lujo. Tienen un porche abajo con un cuarto de baño de diseño y arriba una habitación circular con techo de paja. En la habitación pueden dormir hasta cuatro personas. Como éramos 7 personas cuatro chicas y 3 chicos hicimos discriminación sexual y nos separamos en las dos cabañas que teníamos reservadas. El coste de las cabañas no es ni mucho menos barato unos 440.000 pesos (184 €) por cabaña pero realmente merecen la pena. Al parecer hay otras posibilidades de alojamiento mucho más baratas en la entrada del parque y dentro del mismo se puede también acampar en la zona de Arrecife.
Séptimo día Parque Tayrona.
A la mañana siguiente pudimos comprobar que realmente estábamos en el paraíso. La vegetación que rodeaba a los ecohabs era una verdadera selva y bajando una escalerita se encontraba una preciosa playa. En la playa se podían tomar cenas románticas como se podía observar por los restos de la decoración de una celebrada el día anterior. No teníamos mucho tiempo así que nos fuimos a desayunar a la zona de recepción donde daban un buen desayuno servido en mesa.

La playa de los eco-habs de Tayrona
En la recepción solicitamos el acompañamiento de un guía para acompañarnos en la visita del parque. Aunque el parque está muy bien señalizado la verdad es que un buen guía te ayuda a no perderte detalle. Nuestro guía era un chaval estupendo que se llamaba Alexander (alampe_86@hotmail.com).

La selva y las montañas de Tayrona
Alexander nos enseño a escuchar la selva y a través de ello saber cuando teníamos que pararnos a buscar con la vista algún mono, pájaro, mamífero u otra especie de animal. No es que en Tayrona se vean muchas especies de animales a lo largo del camino señalizado pero sólo la vista de los monos maiceros y, sobre todo, los titís nos alegró el viaje. Al parecer, en el interior del parque se pueden encontrar con relativa facilidad jaguares, gatopardos, osos hormigueros, armadillos e innumerables especies, pero Alexander nos explicó que para ello necesitaríamos estar en el parque un mínimo de una semana.

Mono maicero en Tayrona
Por el camino que atraviesa el parque para llegar a las playas, se ven también muchas especies interesantes de vegetales como las ceibas gigantes.

Ceiba en el Parque Tayrona
Incluso las hormigas aportan su granito de arena al espectáculo formando enormes colas transportando hojas y construyendo grandes hormigueros.

Las hormigas trabajando en Tayrona
La llegada al mar abierto es otro espectáculo porque el mar se ve increíblemente azul rodeado de una vegetación de palmeras y selva, enormes piedras y altísimas montañas relativamente cercanas. Como consecuencia se puede decir que se encuentran rincones casi para todos los gustos.

Mar, montaña, selva ¿Qué más se puede pedir en Tayrona?
La primera playa que encuentras es Arrecife donde no se permite el baño, pues según reza el cartel han muerto más de 200 personas. Las playas siguientes están protegidas por una berrera de coral por lo que si que es posible el baño. Fuimos recorriendo las tres playas de Guia, la Piscina y Cabo San Juan en un bonito y largo paseo. La única pequeña pega que pudimos encontrar es que los tiempos indicados en la señalización pecaban de optimistas. Nosotros evidentemente no íbamos muy rápidos pero para poder tardar lo poco que indicaban los carteles habría que ir corriendo.

Playa en Tayrona
Alexander me pareció un modelo de guía, muy conocedor de su trabajo a pesar de sus escasos 22 años, muy discreto, siempre pendiente pero, al mismo tiempo, siempre en si sitio. Traté de convencerle para que se promocionara en Internet organizando viajes por la zona a posibles turistas y pareció dispuesto a intentarlo.
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Alexander nos muestra el recorrido del Parque Tayrona
Alexander nos muestra el recorrido del Parque Tayrona
La zona es muy interesante porque desviándote un poco antes de Cabo San Juan hay un camino que lleva a Pueblito un lugar con restos arqueológicos que no nos dio tiempo a visitar. Por lo visto también se puede llegar a otro lugar llamado ciudad perdida, con también restos arqueológicos y tribus nativas ancestrales pero eso debe requerir casi una semana de camino en ida y vuelta.
Con gran pena en nuestros corazones regresamos a la recepción de los ecohabs donde tratamos de comer algo rápido para volver cuanto antes a Cartagena ya que teníamos cena reservada en la Vitrola. El tiro nos salió por la culata ya que pedimos unos entrantes y unos sándwiches fríos pensando en tardar menos y se eternizaron para servirnos. Encima, el chofer y Alexander a los que invitamos se escandalizaron de los carísimos precios del lugar. Fue la única manchita negra en una experiencia maravillosa en el parque de Tayrona.
La vuelta fue bastante caótica de nuevo pero ya nos habíamos hecho a la idea. El único problema es que no llegamos a tiempo para comer en La Vitrola y tuvimos que comer en la Cevichería que es un restaurante al ladito del Hotel Santa Clara. La comida fue parecida a otras anteriores, el desengaño normalmente es el marisco que cocinan excesivamente. En esta ocasión una ensalada de langosta presentaba la langosta totalmente guisada muy lejos de lo que uno podía esperar. El ceviche era casi de lo mejor pero picaba quizás de modo excesivo. El precio en línea con los días anteriores, unos 20 euros por cabeza.
Octavo día. Vuelta a España.
En el desayuno por la mañana en el hotel Santa Clara ya he cogido la costumbre de pasar de los zumos que ofrecen de serie y pedir uno especial, hoy me ofrecen el de guanábana y no lo dudo, es un líquido blanco que está realmente bueno.
El avión sale a las 12:50 por lo que tenemos tiempo para hacer las últimas compras. Nos dirigimos como posesos a las bóvedas a terminar con nuestros pesos. Las tiendas son muy parecidas y prácticamente todas tiene lo mismo. Chivas cargadas con frutas, mercaditos, placitas de toros, molas (trapitos con peces y figuras geométricas) nos trajimos como para hundir el avión. Los caramelos de café y el café los compramos en Éxito el gran supermercado local que era mucho más barato y hay varios cerca del centro. Por cierto, en estos supermercados se puede aprender a conocer la fruta local que luego bebemos en los zumos.