Nos reunimos las 4 en el aeropuerto de El Prat sobre las 12.30h. Facturamos las maletas, nos despedimos de nuestros familiares y embarcamos sin problemas. El vuelo salió a las 14.50h aprox, y llegamos a El Cairo a las 19.55h aprox. Volamos con Egyptair. Fue un vuelo sin incidencias, con comida relativamente buena, y además aprovechando que el avión iba bastante vacío, pudimos echarnos en asientos de 3 y pegarnos una buena siesta.
Cuando aterrizamos, nos encontramos con nuestro guía, Mustafa. Tras reunirnos con un pequeño grupo de españoles, nos dirigimos al control de pasaportes, donde nos hizo pagar el visado (34 eurazos, que luego nos dimos cuenta que en la pegatina pone solamente $15...), primera astillada.
Tras recoger las maletas, subimos al autocar que nos llevarían a nuestros respectivos hoteles. En el camino, el guía nos explicó sobre la excursión opcional del día siguiente, Menfis, para ver si estábamos interesadas. Primer chasco nada más llegar a Egipto: nos dimos cuenta que no podíamos hacerla, ya que al día siguiente teníamos que coger otro vuelo con dirección Luxor demasiado pronto, por lo que no teníamos ni siquiera opción a hacer esta excursión.
Tuvimos que pagarle al guía los 65€ de las entradas de las excursiones que teníamos ya incluidas, y 34€ de las propinas, tanto de los guías de El Cairo como de la motonave. Ese fue otro chasco, ya que en la agencia nos dijeron que las propinas eran 20€, pero no teníamos ningún papel escrito donde lo aclarara, con lo que tuvimos que pringar... Y obviamente, luego nosotras estábamos asustadas por si después en el barco nos volvieran a pedir propina...
En fin, después de todo esto, nos quedamos bastante PLOF.
Mientras dejábamos a otros españoles en un hotel precioso, nos pusimos a hablar con el conductor del autocar. Me hizo gracia porque el hombre nos preguntó si sabíamos hablar en inglés, y luego el que resultaba que no sabía inglés era él, ya que a nada que le preguntabas algo que se saliera de lo habitual, no lo entendía. Y no sólo ocurría con éste, en cualquier sitio pasaba igual.
Llegamos a nuestro hotel que, como he dicho, muy bonito por fuera, con una piscina preciosa... pero las habitaciones dejaban mucho que desear: pequeñas, y con un baño bastante cutre... me tenía que duchar incluso con las chanclas puestas. Además, estuvimos toda la noche peleándonos con los mosquitos.
Estábamos en régimen AD, con lo que cenamos cuatro cosillas que nos habíamos traido de casa en la misma habitación. Después, decidimos salir a dar una vuelta para ver los alrededores del hotel. La verdad es que fue un paseo bastante corto, ya que no hay gran cosa para ver. Había un pequeño río al lado, con varios puentecitos, y tras andar un trozo vimos un pequeño badulaque y una farmacia. Nos asustamos cuando vimos un grupo de hombres en una esquina, parecía que estaban esperando algo. Pasamos rápido, y por suerte no pasó nada. Después nos dimos cuenta que estaban esperando un autobús (muy curiosos los autobuses, que van todos apretujadísimos y además con la puerta abierta).
Volvimos al hotel sin hacer ninguna compra, dimos otra vuelta por dentro del hotel, nos duchamos y a dormir, que nos esperaba un largo día.
Cuando aterrizamos, nos encontramos con nuestro guía, Mustafa. Tras reunirnos con un pequeño grupo de españoles, nos dirigimos al control de pasaportes, donde nos hizo pagar el visado (34 eurazos, que luego nos dimos cuenta que en la pegatina pone solamente $15...), primera astillada.
Tras recoger las maletas, subimos al autocar que nos llevarían a nuestros respectivos hoteles. En el camino, el guía nos explicó sobre la excursión opcional del día siguiente, Menfis, para ver si estábamos interesadas. Primer chasco nada más llegar a Egipto: nos dimos cuenta que no podíamos hacerla, ya que al día siguiente teníamos que coger otro vuelo con dirección Luxor demasiado pronto, por lo que no teníamos ni siquiera opción a hacer esta excursión.
Tuvimos que pagarle al guía los 65€ de las entradas de las excursiones que teníamos ya incluidas, y 34€ de las propinas, tanto de los guías de El Cairo como de la motonave. Ese fue otro chasco, ya que en la agencia nos dijeron que las propinas eran 20€, pero no teníamos ningún papel escrito donde lo aclarara, con lo que tuvimos que pringar... Y obviamente, luego nosotras estábamos asustadas por si después en el barco nos volvieran a pedir propina...
En fin, después de todo esto, nos quedamos bastante PLOF.
Mientras dejábamos a otros españoles en un hotel precioso, nos pusimos a hablar con el conductor del autocar. Me hizo gracia porque el hombre nos preguntó si sabíamos hablar en inglés, y luego el que resultaba que no sabía inglés era él, ya que a nada que le preguntabas algo que se saliera de lo habitual, no lo entendía. Y no sólo ocurría con éste, en cualquier sitio pasaba igual.
Llegamos a nuestro hotel que, como he dicho, muy bonito por fuera, con una piscina preciosa... pero las habitaciones dejaban mucho que desear: pequeñas, y con un baño bastante cutre... me tenía que duchar incluso con las chanclas puestas. Además, estuvimos toda la noche peleándonos con los mosquitos.
Estábamos en régimen AD, con lo que cenamos cuatro cosillas que nos habíamos traido de casa en la misma habitación. Después, decidimos salir a dar una vuelta para ver los alrededores del hotel. La verdad es que fue un paseo bastante corto, ya que no hay gran cosa para ver. Había un pequeño río al lado, con varios puentecitos, y tras andar un trozo vimos un pequeño badulaque y una farmacia. Nos asustamos cuando vimos un grupo de hombres en una esquina, parecía que estaban esperando algo. Pasamos rápido, y por suerte no pasó nada. Después nos dimos cuenta que estaban esperando un autobús (muy curiosos los autobuses, que van todos apretujadísimos y además con la puerta abierta).
Volvimos al hotel sin hacer ninguna compra, dimos otra vuelta por dentro del hotel, nos duchamos y a dormir, que nos esperaba un largo día.