Empezamos nuestro viaje el 3 de Octubre (celebrando mi cumpleaños) cogiendo el AVE a Madrid. N ya estaba en la estación, que para algo vive al lado, y yo llegué con bastante tiempo y llenas de nervios nos fuimos para el andén.
Empezamos la andanza discutiendo con una señora que había tomado el vagón con sus miles de maletas y no consentía que nadie pusiera nada en un km a la redonda de su equipaje.
Gracias a un chico encantador pudimos subir nuestras maletas en un hueco y pusimos rumbo a Madrid.
Por cierto, si vais a llevar maleta grande y no sois especialmente forzud@s como nosotras, no llevéis maleta de mano, mejor mochila. Nos parecio buena idea llevar un trolley pequeño para los desplazamientos allí y fue un error, llevar dos maletas es espantoso.
Una vez en Madrid, cogimos el cercanias y llegamos en hora a Barajas. Comimos algo en McDonalds y conocimos en persona un chico con el que habíamos hablado a través del foro.
Por fin llego la hora de embarcar hacia Qatar, el primer vuelo fueron unas 7 horas, N lo llevó muy bien, pero yo empecé a vomitar a las 3h de estar montada en el avión y así llegué hasta Tokyo. Un horror.
Después de la escala en el aeropuerto de Qatar, donde hacía una calor infernal y pudimos pillar algo del wifi para comunicarlos con la familia, cogimos el segundo avión que por fin nos llevaría hasta Japón.


Desembarcamos, haciendo caso omiso de la ventanilla donde ponía: ¿Hasta tenido fiebre, vomitos? ¡Pasa por cuarentena! y nos fuímos directas a la cola de inmigración. Fue relativamente rápida y el señor de inspección de equipajes ya nos dió una idea de como sería los japoneses el resto del viaje. Nos preguntó qué haciamos en Japón, como nos había dado por estudiar japonés, qué ibamos a ver... y mientras pasó de ver nuestro equipaje, así que si hubieramos llevado una bomba nadie lo hubiera notado.
En el mismo aeropuerto cambiamos nuestros euros (recomendamos cambiar allí, sale mejor el cambio y es muy fácil) y cogimos el tren hacia Tokyo.
Sinceramente yo estaba hasta el moño, solo quería llegar, ducharme y dormir después de 24h danzando, pero desde el tren ya empezamos a ver rascacielos y trenes por todos los lados, ¡estabamos en Tokyo definitivamente!
El tren nos dejó en una estación, no recuerdo cual, y desde allí tuvimos que hacer transbordo con nuestras dos maletas (x2 personas) a las 7 de la tarde en alguna linea de JR. El choque cultural fue majo, si, y nuestro primer examen de japonés fue para comprar los billetes.
Tras llegar a nuestra estación, salimos a la calle y riadas de gente nos recibieron, además de un aguacero descomunal.
No había forma de encontrar nuestar Guest House, no hacíamos más que dar vueltas y empaparnos, llegando al punto de dejar las maletas en un portal (nos empezamos a fiar pronto de la hospitalidad japonesa) e irnos a buscar el alojamiento.
Preguntamos a una señora y hizo todo lo posible por indicarnos, pero ella no tenía ni idea, y finalmente paramos a dos chicos, que muy voluntariosos sacaron el móvil, google maps, y nos llevaron hasta la misma puerta de la casa, y por si fuera poco, ¡¡¡queriendo llevarnos las maletas!!!
No podíamos más que alucinar con el buen recibimiento y empezar a afirmar que lo de la hospitalidad de los japoneses es cierto.
T-Tower Guest House[u]
Nosotras nos alojamos en una Guest House, que consistia en una habitación doble para nosotras, baño compartido por planta y cocina común para toda la casa.
Pagamos unos 350€por cabeza por un mes de alojamiento.
Aunque la casa está reformada y en un barrio residencial de Shinjuku, muy bien recomendada, dejaba bastante que desear en cuanto a limpieza.
Las zonas comunes eran un horror (el baño aceptable, la cocina...sin comentarios), las habitaciónes las limpiabas tú y había aspiradores, con lo cual nuestra habitación la limpiamos a fondo nada más llegar.
La primera decepción vino cuando nos encontramos literas en vez de dos camas como habiamos pedido.
Deberíamos haber reclamado, ya que ni tenían colchón, si no una especie de futón finito con un nórdico por encima..pero estábamos tan cansadas y empapadas del chaparrón que después de una ducha nos echamos a dormir sin pensar en nada más.


Eso que cuelga de la cama es un peluche que nos dio la bienvenida... pensamos que era el pijama de alguna inquilina y nos habían dicho la habitación equivocada