Bueno, se acabaron los viajes largos!!, bueno eso es un decir, porque en una ciudad como Tokio, cualquier desplazamiento te va a llevar un tiempo. No obstante, nuestra ruta de este penúltimo día estaba bastante bien enganchada. Seguimos de nuevo los parámetros del bueno de Tosca.
Empezamos la mañana durmiendo un poco más pero sin pasarse, a las nueve de la mañana estábamos en el mercado de Nishiki. La opción de ir a la subasta de pescado nunca nos la llegamos a plantear. El madrugón y lo que allí se cociera no nos llamaba la suficiente atención para tremendo esfuerzo. Llegamos cuando abrían al público y deambulamos por los puestos viendo especies raras, peceras, mejillones enormes, huevas y enormes piezas de atún mientras esquivábamos carretillas.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Al salir, cruzamos enfrente a los pequeños restaurantes de sushi.
Estuvimos dudando, pero pensamos que donde fueres haz lo que vieres y nos animamos a desayunar sushi. Había algunos vacíos y otro con enormes colas. Ponderamos y nos metimos en uno que estaba lleno pero con poca cola. El sistema era que en la entrada elegías el plato, que estaban numerados. La diferencia era la cantidad y variedad de pescado, pero el contenido era igual en todos, un bol de arroz con vinagre de arroz (como el del sushi), sopa miso y encurtidos.
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La experiencia divertida por desayunar en una barra de un bar enano, la verdad es que estaba muy bueno y el pescado fenomenal, pero para un estamago occidental no son horas de meterse tremendo bol de arroz.
De allí, a un paseo de 10 minutos está el parque Hamarikyu. Había que bajar la panzona paseando. El parque al principio no nos llamó mucho la atención, pero al final estuvimos casi una hora paseando y sobre todo, lo que más merece la pena es entrar en la casita de té a tomarlo de la manera tradicional. Lo que mas llamativo del lugar es la unión de la casa de te centanaria junto a los rascacielos conlindantes al parque.
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Desde el mismo parque sale un barco que te lleva hasta la isla de Odaiba. El paseo en barco es agradable y merece la pena. Tienes otras vistas de los rascacielos de Tokio
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La isla de Odaiba no es mas que una isla artificial llena de centros comerciales. También tienen una pequeña estatua de la libertad y alrededor suena Sinatra.
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Una vez allí, nos acercamos a ver el robot Gundam pero no se movió (se supone que a las horas en punto debería hacerlo)
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Así que nos metimos en un centro comercial a echar un vistazo y hacer algunas compras. Nos dimos un paseo por Uniclo que es una especie de H&M japonés y nos compramos unas camisetas “souvenir” con motivos japoneses originales. La ropar por lo general mucho mas que cara que aquí y bastante mas curiosa.
Nos hubiese gustado quedarnos al Edo Tokyo Onsen Monogatari, que es un onsen gigante que representa el Japón de la época Edo, en el que te plantan un yukata para pasear y que tiene un montón de restaurantes. Pero a estas alturas aún no habíamos comprado la mayoría de los souvenirs que teníamos apuntados y que durante todo el viaje le había insistido a mi mujer que aplazase la compra a Tokio, donde la oferta era enorme. Bueno, pues no es tan enorme como creía, así que decidimos no aplazarlo al último día e ir donde recomiendan comprarlos, en la calle comercial que lleva al templo Sensoji.
Así que desde Odaiba nos cogimos el Yurikamome, que es un tren monorail que se conduce solo (algo que ya no sorprende demasiado) y desde allí cogimos el metro.
Allí nos dimos un rato libre y loco de puestos, revisa para arriba y para abajo buscando la kokisha mas bonita, y el Tanuki que ahora luce en la puerta de nuestra casa. El sitio merece la pena, pero los souvenirs son siempre los mismos.
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Una vez allí visitamos el templo y nos hicimos algunas fotos. Si es tu primer día en Japón te puede gustar, si no, es más de lo mismo.
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Ese día apenas comimos salvo un par de bollos salados que compramos en un puesto. Nos reservábamos para la cena.
Ya con nuestros regalos comprados y más tranquilos, nos dimos un paseo por la orilla del río hasta la siguiente estación, que nos ahorraba un transbordo y que nos permitió dar un agradable paseo.
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En Shinkuju, un Viernes por la noche si que vimos un ambientazo total, de momento solo coger la salida adecuada nos pareció un poco odisea. Había infinidad de salidas. Allí comprobamos la amabilidad de la gente, un señor se acercó para ver si podía ayudarnos y se ofreció a acompañarnos hasta nuestra salida.
Dejamos las mochilas en una taquilla y nos fuímos al mirador del ayuntamiento, que desde la salida de Shinkuju era un paseo. Es verdad que es gratis, pero si habéis visitado otro mirador no merece la pena repetir.
Volvimos a entrar al Metro para salir a la zona mas bulliciosa del barrio y por fin cumplimos una de las cosas que fuimos demorando todo el viaje, entrar en un karaoke!!
Pagas por tiempo y pides una cerveza. Cogimos media hora y dos cervezas. De ese tiempo la mitad estuvimos haciéndonos con los mandos y la otra cantando. Estuvo muy bien porque nos dieron una habitación con vistas a la calle. Aconsejo ir entres emana, repetimos al día siguiente y nos dieron una habitación bastante peor.
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De ahí nos dimos un paseo buscando un sitio donde cenar. Este barrio me gustó mas que Shibuya, que es mas comercial, aquí hay mas ambiente, mas restaurantes y bares. Se ve que es la zona de marcha nipona.
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Elegimos finalmente una Izakaya y nos sentamos en una barra y resultó ser la cena que más recordamos, por el ambiente y por los sorprendente de algunos platos.
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Ya nos empezaba a dar pena irnos...