Nuestro último día en la ciudad nos soprendió con aún más calor que los demás ya que a los 40 grados con humedad (sensacion de 46) se sumó un sol brillante. Así, trayectos a pie de apenas 200 metros se convirtieron en todo un maratón. Aún así pudimos visitar lo que teníamos previsto: el Templo del Buda de Jade, el Templo de Jing'an, Pudong y el Bund.
Templo de Buda de Jade: es uno de los pocos monasterios budistas activos de la ciudad y se construyó entre 1918 y 1928. La parada de metro más cercana es la de Changshou road (línea 7, naranja) y lo mejor es preguntar directamente nada más salir, sobre todo si te fundes con el asfalto cada minuto que pasa. En unos 20 minutos se llega a la puerta del templo donde se compra la entrada para visitar los distintos patios y estancias, incluyendo el estanque, pero no la sala donde se encuentran las esculturas de los Budas de jade. Aunque se puede conseguir gratis una postal (tras aguantar la charla del vendedor de turno) en el pabellón que queda justo a la derecha nada más entrar, merece la pena pagar el precio extra para verlas en vivo y en directo, sobre todo el sentado de 1,90 metros.
Templo de Jing'an: se encuentra justo en la salida de la estación de metro del mismo nombre (líneas 7 y 2) y su tamaño e intenso color dorado lo convierten en el más vistoso de la ciudad.
La mejor vista se tiene desde el autobús que va a Zhujiajiao pero también conviene verlo de cerca con los rascacielos detrás. Su configuración actual es el resultado de dos profundas remodelaciones en 1998 y 2004.
Dentro se pueden visitar varias estancias, aunque en realidad lo único destacable es la campana de cobre de más de tres toneladas del periodo Ming.
Pudong: de nuevo en metro nos dirigimos a la parada de Lujiazui (línea 2), en pleno centro del distrito financiero de Shanghai. Si el tiempo lo permite, conviene pasearse entre los "gigantes" que pueblan esta zona que en apenas 20 años ha pasado de ser una zona de granjas al motor económico de la ciudad y del país. Destaca la torre Jin Mao, cuya silueta, inspirada en la forma de una pagoda, es una de las más emblemáticas de la ciudad; el World Financial Centre (más conocido como abre botellas); y la Torre de la Perla Oriental. A todas ellas se puede subir para admirar las vistas pero a un precio bastante elevado. Como ya comentamos, nosotros optamos por disfrutar de un mojito además de las vistas de ambos lados en el hotel Indigo. Antes de abandonar la zona conviene dar un paseo por esta orilla del río Huangpu para obtener unas vistas inmejorables del Bund, nuestro próximo destino.
El Bund: este paseo peatonal es el símbolo de la Shanghai colonial y fue el equivalente de Wall Street en su día. Sus edificios de tipo occidental son una muestra de la amplia gama de estilos arquitectónicos, que van desde el neoclásico hasta el Art Decó. Destacan el Banco de China, diseñado en 1940 para ser el más alto de la ciudad (le duró poco); el Hotel Fairmont Peace, frecuentado por personalidades como Shaw o Chaplin; el edificio del North China Daily News, con su friso dedicado al periodismo; la Casa de Aduanas, cuya torre del reloj está inspirada en el Big Ben londinense; el edificio del HSBC, conocido en su momento como el más refinado al este del Canal de Suez; y el 3 en el Bund, de 2004 y que cuenta con bares, terrazas, spa, tiendas de lujo... El parque Huangpu fue el primer parque público de China y alberga el Monumento a los Héroes del Pueblo. Fue famoso por su cartel de "prohibido perros y chinos". Desde el Bund se obtienen, a su vez, unas vistas increíbles de Pudong.
Finalizamos aquí nuestra estancia en Shanghai ya que toca dirigirse al aeropuerto de Pudong desde donde sale con puntualidad asboluta nuestro vuelo de las 21:40 a Guilin.