El 18 de julio iniciamos nuestro largo regreso a casa el que nos llevaría desde Camboya a Madrid haciendo escala en Bangkok y Estambul. Amanecimos en el Memoire D'Angkor de Siem Reap, terminamos de hacer las maletas y ya con todo preparado, bajamos a desayunar y nos marchamos para el aeropuerto. El hotel tiene servicio de tránsfer gratuito tanto en la ida como en la vuelta.
El vuelo de Bangkok Airways salió puntualmente y sólo una hora después estábamos aterrizando en el aeropuerto internacional de Suvarnabhumi. Para entrar en Tailandia, no necesitas gran cosa si eres ciudadano español y vas a estar menos de 30 días. Basta con el pasaporte con vigencia de 6 meses, cumplimentar un formulario que te darán en el avión y mostrar el billete de entrada y el de salida.
Como teníamos que pasar obligatoriamente por Bangkok para volver a España (habíamos cogido vuelo de ida y vuelta a la capital de Tailandia porque salía mucho mejor de precio), decidimos que merecía la pena pasar unas horas en la ciudad. El vuelo desde Bangkok a Estambul salía a la mañana siguiente, por lo que teníamos casi un día completo.
Para facilitarnos un poco la vida (y estar más tranquilos de cara al traslado al aeropuerto del día siguiente), decidimos coger un hotel baratito y pegado a Suvarnabhumi: el Lilac Relax Residence. Se trata de un pequeño hostal especializado en este tipo de escalas. Tiene tránsfer gratuito ida y vuelta al aeropuerto y buena conexión con el centro.
Una vez en el Lilac, hicimos el check in, dejamos las maletas y cogimos lo necesario para echar el día en la ciudad. En recepción, preguntamos cómo llegar al centro y cambiamos un poquito de dinero en Bahts.
El trayecto hasta el corazón de Bangkok nos llevó más o menos 45 minutos. Nos habían aconsejado que para un tour de un día, cogiéramos el crucero por el río Chao Praya que atraviesa la ciudad y nos bajáramos en la zona de los templos más importantes. Y eso hicimos.
El primero que vimos fue Wat Arun.
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Situado a la orilla izquierda del río, es uno de los que más nos gustó. Desde arriba (su stupa mide unos 85 metros) hay una buena vista de la ciudad.
Justo enfrente (cruzando el río), se encuentra Wat Po, el famosísimo templo del Buda Reclinado. El patio del recinto es muy bonito, pero la joya se encuentra en el interior: un impresionante buda tumbado de 43 metros. Es muy impresionante...
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La entrada a los dos templos cuesta lo mismo, 100 bahts (unos 2,5 euros) y la visita os llevará pues entre los 30 minutos y la hora, depende de lo que os detengáis.
Desde allí, seguimos camino hacia el Gran Palacio Real y el Templo del Buda Esmeralda. La distancia andando es de unos 20-25 minutos. Lo malo fue que el cielo, negro desde que aterrizamos, decidió que era el momento de descargar. Fue espectacular la que cayó en 15 minutos. Conseguimos refugiarnos en una de las puertas laterales del Palacio. Y fue una suerte porque nos hubiéramos calado enteros... El Sudeste Asiático y sus chaparrones...
Una vez escampó, conseguimos llegar hasta el Palacio Real. Al acceder a la puerta principal, nos dimos cuenta de que iba a ser difícil hacer la visita, pues había una cola brutal. Preguntamos y nos dijeron que habría que esperar aproximadamente una hora y media. Tras valorarlo, decidimos dejarlo para nuestra próxima visita .
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Afueras del Palacio Real
Como era ya la hora de comer, cogimos un taxi dirección a la calle que todo el mundo recomienda en Bangkok para tomar algo y pasear: Khao San Road.
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La verdad es que mola bastante y el ambiente es de lo más variopinto. Mientras caminábamos admirando sus puestos y buscando donde comer, nos ofrecieron todo tipo de actividades, como masajes o brochetas de escorpión y serpiente. Declinamos amablemente y terminamos en un sitio con una buena terraza donde comimos los famosos pad thai, el plato franquicia de la cocina tailandesa, un wok de fideos con pollo, pimiento rojo, tamarindo... Muy bueno, sano y barato.
Tras dar una buena vuelta por la zona y casi con el anochecer encima, cogimos otro taxi para dirigirnos a otra de las atracciones de la ciudad: el MBK.
Situado en Phayathai Road, 444 (en el Skytrain es la parada del National Stadium), es uno de los centros comerciales más grandes de Asia. Tiene 8 plantas con todo tipo de artículos, además de todas las actividades de ocio que os podáis imaginar.
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Dimos una vuelta, hicimos unas compras, tomamos un batido y a eso de las 19.00, emprendimos el regreso a nuestro hotel. El Lilac tiene, además del transfer que os contaba al aeropuerto, servicio de transfer hasta la parada de metro, lo cual es un buen servicio porque, aunque no está lejos, el barrio por la noche intimida un pelín.
La verdad es que Bangkok no nos gustó mucho, pero mereció la pena invertir aquel último día en visitar la ciudad. Aunque sólo fueran unas horas, pudimos ver más o menos las cosas imprescindibles y llevarnos una visual de la capital thai en la retina.
Ya duchados y descansados, decidimos usar el servicio de Pizza Hut del hotel. Y así, con una pizza y una peli en la camita, acabó nuestro periplo por el Sudeste Asiático.
A la mañana siguiente y tras un fantástico desayuno preparado al momento, nos llevaron al aeropuerto, donde cogimos puntual vuelo hasta Estambul. La escala fue cortita (dos horas) y a la hora prevista tomamos el último avión con destino Madrid.
Estábamos de vuelta tras 16 días de una aventura que siempre recordaremos.