Día 5
Desayunamos en el patio del hotel, entre árboles y flores. Cogemos la carretera, compramos agua por el camino porque de nuevo hoy nos esperan varias horas de carretera. Cruzamos el Cap por la carretera que une Bastia a St Florent y esta vez sí que nos paramos ahí. Aparcamos el coche en el párking del puerto. A pocos metros están las taquillas para comprar los tickets del barquito que lleva a Plage du Loto, donde solo se llega en barco y por suerte salimos en seguida. Al llegar a Loto, como lo vemos algo lleno, decidimos coger el caminito que bordea la costa y irnos a la Plage de Saleccia que dice la Lonely que es más bonita y solo se llega en barco. Son 55 minutos bajo un sol de justicia y justo al llegar a la playa me resbalo en una roca y me caigo en un charco pestilento donde me rajo la mano. Mala suerte. Más mala suerte es llegar y ver que también hay bastante gente porque sí que tiene acceso en coche, pero no importa. El agua es de un azul brutal, transparente, increíblemente limpia.

Hemos comprado bocadillos en el barco y tenemos agua, así que nos instalamos la mar de felices con nuestra sombrilla que hemos ido arrastrando por las rocas y nos quedamos un buen rato. A las cuatro menos cuarto decidimos ir volviendo hacia la playa de Lotu, pero esta vez escogemos el camino que va por el interior y no el de la costa, porque con la solana que cae creemos que habrá un poco más de sombra. El caminito se hace más corto y por suerte, incluso tenemos tiempo de hacer otro bañito antes de coger el barco de regreso a St Florent. Ahí nos tomamos un helado, compramos unos pastelitos y regresamos al coche.
Ahora sí que nos queda un largo camino hasta el hotel. Para no ser menos, escogemos la ruta más difícil y más larga, pero también más bonita, que pasa por las montañas por la zona de Nebio, por Oletto y Murato. La carretera es estrechísima, a veces parece que no llega a un metro de ancho, con unos precipicios imposibles que ponen los pelos de punta, pero el paisaje es espectacular, es el atardecer y el cielo está de un azul increíble. Es una maravilla.

Yo voy agarrándome a todo lo que puedo, con los pies, las manos, los codos y hasta los dientes. F se parte y disfruta como un loco. Desde luego el del anuncio de "Me gusta conducir es él". Llegamos a Francardo, he reservado habitación para dos noches en una maison d'hôtes Dodolela, bastante antes de Corte. Quería un sitio rústico en plena naturaleza y desde luego que lo es. Nos toca una habitación sencilla, la única que no está delante de la piscina lo cual no está mal porque aunque es pequeñito, estaremos lejos del bullicio de la mañana ya que hay muchos niños. Antes de cenar todavía nos da tiempo de darnos un chapuzón y nos vamos a cenar al restaurante de la estación que nos recomiendan, muy modesto pero correcto y desde luego absolutamente local. Nos vamos a dormir exhaustos porque hoy también ha sido un día muy largo.