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EL SUR DE ESCOCIA...BELLEZA POR DESCUBRIR

EL SUR DE ESCOCIA...BELLEZA POR DESCUBRIR ✏️ Diarios de Viajes de Reino Unido Reino Unido

JUEVES 4 DE AGOSTO…..6º DIA……GLASGOW. DESCUBRIENDO GLASGOW. Como siempre nos acostábamos pronto, el madrugar no era demasiado problema, pero hoy fue el día que más tarde nos levantamos. A las 8 de la mañana. Primer contratiempo. En la ducha no...
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AGUA DE VIDA, VIDA DE ESCOCIA

Diario: AGUA DE VIDA, VIDA DE ESCOCIA

Puntos: 4.5 (4 Votos)  Etapas: 4  Localización: Reino Unido Reino Unido 👉 Ver Etapas

JUEVES 4 DE AGOSTO…..6º DIA……GLASGOW
DESCUBRIENDO GLASGOW
Como siempre nos acostábamos pronto, el madrugar no era demasiado problema, pero hoy fue el día que más tarde nos levantamos. A las 8 de la mañana.
Primer contratiempo. En la ducha no salía agua caliente, y como las temperaturas de Agosto, no son como en Barcelona, no estaba dispuesto a ducharme en agua fría. Por lo cual, como vi. que en la primera planta, había una ducha comunitaria, me fui hacía ella y la utilicé.

A la hora del desayuno se lo comentamos a la mujer que atendía los desayunos, y ella se encargo de pasar nota a su “fontanero”. Por primera vez desde que salimos de Barcelona, probamos el desayuno escocés: huevos, beicon, salchichas, tomate, champiñones….una dosis completa de colesterol…

Después de desayunar, cogimos un autobús y nos fuimos hacia el centro de la ciudad, El bus en Glasgow es más barato. 1.20 euros el billete sencillo. El autobús nos dejó en la calle Buchanan y desde allí fuimos a la oficina de turismo, para comprar el Explorer pass. La adquirimos por un periodo de 10 días, valido durante 30 días. Los días que se utilizaran no tenían por que ser consecutivos, con lo cual teníamos bastantes días de maniobra. El precio del Explorer era de 28 libras (42 euros) pero la amortizamos con creces. Todo lo que vimos con el Explorer, nos hubiera costado 72 libras (108 euros) por lo cual nos ahorramos 66 euros cada uno. Claro que también muchas de las cosas que vimos, si no hubiera sido por que teníamos la entrada gratis, no las hubiésemos visitado, pero todo lo que vimos, valió la pena…sobre todo si gustan las ruinas de abadías y castillos.

Después de comprar el Explorer, nos fuimos andando hacia la catedral de Glasgow, que está al lado de la zona universitaria. Dentro de la catedral, hay folletos en todos los idiomas que por 10 peniques, te explican la historia de la catedral y lo que merece ser vista en ella.
Por el exterior, su aspecto gris, como sucio, como si las obras de restauración de la piedra no se hubiesen realizado, si es que alguna vez se hicieron. Esta rodeada por un cementerio, sembrado de verde, y con numerosas lápidas sobresaliendo.
La catedral de Glasgow es la mayor iglesia de toda Escocia. De culto presbiteriano, esta se fundó durante el siglo siete.
Lo más hermoso de la catedral, es la cripta o iglesia baja, en la cual está enterrado el patrono de Glasgow San Mungo. En la iglesia se venden como si fuera una tienda más de recuerdos, souvenirs de Glasgow. La entrada es libre, aunque en el Explorer nos figuraba como de pago.

Al salir dimos una vuelta por su exterior, pisando decenas de tumbas de su cementerio, y contemplando una inmensa necrópolis que está situada en la ladera de enfrente de la catedral. Mientras paseábamos por el cementerio, una música de gaitas llegaba a nuestros oídos. Como si siguiéramos el sonido de Hamelin, conseguimos averiguar de donde procedía la melodía. A escasos metros, en un edificio que era una residencia universitaria, un grupo de unas 30 personas, estaban ensayando para el festival de música de gaitas que tenia lugar a mediados de mes en Glasgow. Sin el traje típico, pero si con todos los instrumentos necesarios, (gaitas y tambores) iban ensayando sobre todo el desfile, la marcha. Una y otra vez repetían el inicio de la melodía, mientras una decena de personas, les fotografiábamos como si fueran una atracción turística.

De vuelta hacía la catedral, entramos en Provand´s Lordship, la casa más antigua de Glasgow. De entrada libre y perfectamente ambientada, esta casa fué fundada en 1456 como un hospicio.
Sus tres plantas recrean como era la vida en la Escocia de mitad del milenio anterior. La catedral y esta casa, se salvaron de la destrucción que hubo en toda Inglaterra de las iglesias católicas con motivo de la reforma protestante de 1560.
La casa pasó por varias vicisitudes, destrucción, reconstrucción, abandono…etc.
Fue una visita agradable, donde al salir, se invita a dar unas monedas como donativo.
En frente de la casa, se encuentra el museo San Mungo de vida y arte religioso.

Como la entrada también era libre, entramos. Y fue una de esas pequeñas agradables sorpresas que se encuentran en cualquier viaje.
Pensaba que estarían sus tres plantas, llenas de pinturas religiosas. Y no.
Es un recorrido por todas las religiones y por todas las fases de la vida, a través de objetos cotidianos y de fotos. Cada etapa de la vida enfocada desde el punto de vista de cada religión. Y además perfectamente ordenado y con sentido. En algunas vitrinas incluso se puede probar a adivinar los conocimientos que tenemos de cada religión. Sinceramente, hay que visitarlo.
La joya del museo no obstante es un cuadro. El Cristo de Dalí, que la ciudad de Glasgow le compró al artista en 1951.

Observando el cuadro y con la ayuda de unas explicaciones que se encuentran en la sala, se puede observar la restauración de la que fué objeto el cuadro, con motivo de los ataques que sufrió como protesta por su venta a Glasgow. En la misma sala hay otras obras preciosas. Discos mortuorios de la China neolítica de 2000 a.c., dibujos de aborígenes australianos, vidrieras escocesas impresionantes.
La planta superior está dedicada a la religión en Escocia, y en un lateral hay una pequeña sala en la que unos monitores dan juego y entretienen a los niños pequeños.

En un par de horas, habíamos visto tres edificios históricos en Glasgow, y lo que es mejor de todo. Gratis.

Volvimos andando hacía el centro, y nos sentamos a comer en una cafetería con aires americanos que estaba a reventar.

Después de comer, caminando por el paseo que discurre en paralelo por el rió Clyde, nos fuimos hacía la zona más nueva de Glasgow. Una estructura metálica que recuerda a la ópera de Sydney, preside todo el lugar. Cruzando el río, un cine Imax, en forma de gusano metálico y un museo de la ciencia lleno de chiquillos, decoraban una zona bastante desértica y con mucho aire….pasé mucho frío, con la brisa del río y el aire golpeándote la cara.
Cerca de allí, la oficina de Hertz, donde debía recoger nuestro coche.

Tuvimos que esperar casi 20 minutos que la chica terminara de atender la reclamación de otro usuario, cuando por fin nos tocó a nosotros.
Primera sorpresa. Había pedido un coche pequeño, un Ford fiesta, un Opel Corsa, etc.) Pero como no tenían, nos dieron por el mismo precio un Ford Focus del modelo nuevo que es algo más largo que los anteriores. Demasiado coche para mí, pero en fin.
Después de que un miembro de la oficina nos explicara los mandos del coche, todos al revés que en Barcelona, por supuesto, arranqué mi flamante focus de color azul chillón.

Primeros metros con él, y ya me puse en dirección contraria. Y es que el subconsciente te traiciona más de una vez. Tranquilo. Volver a empezar. Me introduje en una especie de polígono industrial, para intentar cogerle confianza al coche, y cuando creí que más o menos lo dominaba, me dispuse a conducir por el centro de Glasgow, pues para ir a nuestro hostal, necesitaba atravesar toda la ciudad. Y con más facilidad de la prevista, aparqué nuestro focus en el parquing del hostal.

Después de comprobar que la ducha seguía sin dar agua caliente, y de volver a avisar en recepción, nos fuimos por los alrededores del hostal para buscar un sitio donde cenar.

Casi enfrente del hostal, el pub Hembros nos acogió y unos platos de ternera con patatas y cervezas fueron nuestra cena. El pub estaba a rebosar, y las jarras de cerveza se vaciaban a una velocidad increíble. Llevaba 6 días en tierras Británicas y aún no había probado el agua de vida, el agua de Escocia.

Un breve paseo hasta el hostal, preparar las maletas y dejarlo todo listo para emprender nuestra aventura motorizada. Pero eso sería mañana
VIERNES 5 DE AGOSTO…..7º DIA…..GLASGOW-KELSO
LA RUTA DE LAS ABADIAS
Nos habíamos propuesto una mega super ruta, con un montón de sitios por ver y no siempre cerca unos de otros. Y eso que era el primer día con coche. Pero no importaba. Éramos valientes. Nos levantamos pronto y a las 9 de la mañana ya estábamos en ruta. Cogimos la A-77 con dirección al Culzean Castle, aunque antes hicimos una pequeña parada en otro.

Cerca de la ciudad de Kilmarnock, se encuentra el Dundonald Castle. Llegamos antes de las 10 de que era la hora de apertura y tan solo nos conformamos en visitarlo por fuera. Era nuestro primer castillo. Construido en el siglo XIII, en la actualidad tan solo se conserva en pie, parte de la torre del que durante algún tiempo fue residencia de los primeros monarcas escoceses.

Cada castillo, cada ruina, tiene una historia, su historia. Historias llenas de batallas, de conquistas, de traiciones, de pagos por servicios, de destrucción, de esplendor… ¿si es una visita prescindible? Pues si…

Sin más tiempo que perder nos dirigimos ya al Culzean Castle, cerca de Maybole.
La entrada se hace por un camino que da acceso a los jardines, previo pago de 15 euros por cabeza. Los jardines son increíblemente hermosos, PRECIOSOS.
El césped de un verde brillante, adornado por fuentes engalanadas con flores, maceteros rebosantes de color, flores y más flores por doquier. Es una delicia el pasear por ellos y sentarse en uno de sus muchos bancos y dejar recrearse la vista, tan solo contemplando el jardín, tan solo eso.

Y el castillo no podía ser menos. Una fortaleza del siglo XVI, erigido sobre un vertiginoso acantilado que domina el estuario del Clyde.
Al entrar en él, su primera estancia esta decorada por una colección de trabucos, la mayor de toda Escocia. Cada habitación esta decorada como si estuviera habitado, como si el paso del tiempo no hubiese hecho mella en él y sus habitantes aún se sentaran en sus grandes sofás. En cada estancia, unas hojas en varios idiomas, te explican que es aquella habitación y lo más sobresaliente de ella: que objetos no deben dejar de mirarse, la historia de cada sala y pequeñas dosis sobre la historia del castillo.
Una única pega. No pueden hacerse fotos. En cada habitación, una persona del castillo vigila que la norma se cumpla. Todas las habitaciones son bellísimas, pero si hemos de resaltar una, ésta es la escalera oval que da acceso a las habitaciones y sobre todo al salón principal, con un piano y con unas vistas increíbles de su acantilado.
Según nos contaron los vigilantes de las salas, que siempre amablemente te responden a cualquier duda, el castillo estuvo habitado hasta hace poco, pero sus dueños, la familia Kennedy, como no podían soportar el elevado coste de mantenerlo abierto, lo donaron a la The National Trust for Scotland. Un organismo que posee varios castillos y lugares históricos y que se encarga de rehabilitarlos para que se puedan visitar.

Salimos del castillo, y caminando por sus jardines posteriores, encontramos un pequeño caminito que permitía acceder a la playa, y por ende tocar por primera vez el agua del mar del norte. Fría.

Cerca también de Maybole, esta la Crossraguel Abbey. Como nos iba de paso y teníamos la entrada gratis, nos acercamos.
Al llegar, vimos que éramos los únicos visitantes del lugar. El vigilante, un hombre de unos 50 años, tan solo estaba acompañado de su perro, un pastor escocés. Entramos en la Abadía, que aunque semidestruida, era preciosa. Al subirse en lo alto de la torre, comprobamos la perfecta sonoridad del lugar, pues nuestros gritos resonaban con fuerza por todo el lugar.

Siempre nos preguntamos porque algunos lugares están masificados y otros casi desiertos como este. El cielo se puso caprichoso y empezaron a caer unas finas gotas de lluvia. Fuimos hacia el coche, pero antes nos detuvimos a jugar con el perro. Sin que le dijéramos nada, nos trajo una pelota de tenis, y nos la dejó en los pies para que se la tirásemos. Y así lo hicimos. Varias veces. Y siempre nos la traía para que se la volviéramos a tirar. Supongo que a pocos turistas vería aquel perro.

Proseguimos nuestra ruta hacia Melrose. Cruzamos casi toda Escocia por el sur, para llegar cerca de las 4 de la tarde a Melrose Abbey. Pensando que cerraban a las 5 y aun queríamos ver un par más, tuvimos una alegría, cuando la mujer de la taquilla nos dijo que no, que todas cerraban a las 6 y media.

La abadía de Melrose, es la más hermosa de todas. Por espectacular, por grande, por sus ruinas rosáceas bien conservadas, por su emplazamiento. Forma parte de la ruta de las abadías, una serie de abadías de los “Borders”, y que se encuentran todas en estado ruinoso. Constituyen todas ellas una muestra de las turbulentas relaciones entre Escocia e Inglaterra en el siglo XVI.

Esta fue construida para los monjes cistercienses, y fue saqueada una y otra vez por los ejércitos ingleses. La destrucción definitiva se produjo en 1545, con la política destructiva de Enrique VIII y la reforma anglicana.
En la abadía, flanqueada por su cementerio, se guarda en una caja el corazón de Robert the Bruce, personaje adorado en toda Escocia, pues fue él, el que recogió el testigo de William Wallace y derrotó a los ingleses.
Es una visita imprescindible.
Cerca de Melrouse está un monumento a William Wallace, que no visitamos.

El pequeño pueblo de Melrose, también merece ser visitado pero preferimos irnos hacía la Dryburg Abbey, algo más pequeña que la anterior, pero con un encanto especial.
En su interior esta enterrado Sir Walter Scott. En una capilla bien conservada de la abadía, se estaba ensayando una boda. Los novios y los testigos obedecían las ordenes que el oficiante les iba dando, mientras dos mujeres estaban engalanado con flores la capilla.

Cerca de la abadía, está un mirador al que subimos, y que la tradición dice que era el preferido de Walter Scott. Según la leyenda el escritor solía venir aquí varias veces, pues desde él se obtiene una esplendida vista de todo el valle. El mirador lleva su nombre.
Además, el perro de Walter Scott, cuando este ya había fallecido, seguía hiendo al mirador.
Ahora teníamos que decidir, entre acercarnos a la tercera abadía en importancia, que nos quedaba algo lejos, o acercarnos a nuestro lugar de destino Kelso, pueblo en el cual también había otra abadía que visitar. Y optamos por irnos hacia Kelso, pues hubiésemos tenido que correr mucho para llegar hasta Jedburgh.

Mi primer día conduciendo por la derecha, estaba resultando bastante aceptable. Algún golpe de retrovisor por el lado izquierdo, algún despiste con las marchas, pues alguna vez aún buscaba la palanca de cambios a mi derecha, pero en fin, bastante aceptable.

En Escocia no se conduce muy rápido, afortunadamente, pero lo que si te saca de los nervios, es que en las carreteras estrechas que cruzan los pueblos, sus habitantes aparcan los coches en plena carretera, sin miramientos….y siempre tienes que sortear los coches aparcados, con los que te vienen de frente, y como las distancias aun nos las dominaba, pues algún bordillazo si que le di al coche… pero nada grave.

Llegamos a Kelso y nos costó encontrar la casa. Estaba algo apartada del pueblo y aunqué me pasé el desvio una vez, al final dimos con ella. El alojamiento de Kelso lo había reservado directamente con su dueña por Internet, y por las fotos que teníamos de la casa, era la que con más expectación esperaba. Era la de más categoría y a la vez la más económica. Y no nos defraudó.
Mrs Christina Moffatt, era un encanto de mujer. Nos enseñó nuestra habitación que era enorme, de más de 30 metros cuadrados y el baño contiguo era casi tan grande como la habitación. Con una bañera grandiosa y una chimenea, que aunque no estaba encendida, le daba un encanto especial. Todo enmoquetado, pero una monada. Después de mostrárnosla y de de decirnos que teníamos toda la casa a nuestra disposición, nos ayudó a buscar un sitio donde cenar, a pesar de que también nos ofreció el cenar en su casa.

Dimos una vuelta por su jardín que era tanto o más precioso que su casa y nos fuimos hacia Kelso. Aparcamos un poco alejados del centro, y caminando llegamos a la Abadía de Kelso, que estaba abierta, a pesar de que eran más de las 7 de la tarde. Aunque no lo parecía, esta abadía había sido en tiempos la más grande de todas. Fue fundada en 1128 y también estaba destruida.

Kelso es un pueblo de unos 6000 habitantes, con calles adoquinadas, edificios victorianos y que es famoso por la pesca del salmón. En octubre hay un campeonato de pesca de salmón y algunas personas llegan a pagar ¡!!!!1600 euros!!!!!!! , por una ubicación concreta. En Kelso confluyen dos pequeños ríos, y en el lugar donde se juntan, el pescar en ese sitio, vale esta enorme cantidad.

Paseamos por Kelso, por sus calles solitarias, por las vistas de sus ríos, por las escaleras que conducen a los miradores del río….

Cenamos en un pub que nos recomendó nuestra anfitriona: The Black Swan (el cisne negro). Probé de nuevo el Haggis, pero no estaba tan rico como en Glasgow.
Después de cenar, dimos de nuevo una vuelta por el pueblo….creo que éramos las dos únicas personas que estaban caminando por sus calles…de nuevo el desierto.

Regresamos a nuestra “casita” y a una cama altísima y confortable…balance de nuestro primer día en coche…335 kilómetros…. 4 abadías, 2 castillos…y muchas fotos hechas….

Lo mejor que podíamos hacer ahora, era probar esta inmensa bañera, para relajarnos después de tantos kilómetros….Y lo hicimos….
Mañana más.
SABADO 6 DE AGOSTO……8º DIA…..KELSO-STIRLING
EN BUSCA DE WILLIAM WALLACE
En el desayuno, compartimos mesa con 3 pescadores de Newcastle, que estaban alojados en la misma casa. Venían a pescar salmón, mientras sus mujeres estaban en Inglaterra. Charlamos con ellos, y sobre todo uno de ellos, nos comentó que todos los veranos, pasaba una semana en Menorca…. Aunque de hablar castellano, nada de nada.
El desayuno fué muy agradable, de los mejores, tanto por la comida, como por la conversación.

Saliendo de Kelso, nos dirigimos casi a las afueras de Edimburgo. A Roslin, y a su famosa capilla. Roslin se encuentra a unos 10 kilómetros de Edimburgo.
Seguramente de no ser por la popularidad del Codigo Da Vinci, no hubiésemos parado en esta capilla…ni nosotros ni todos los turistas que la abarrotan.

Construida por los caballeros templarios en 1446, una leyenda cuenta que fué construida como una copia arquitectónica exacta del Templo de Salomón, en Jerusalén.

La entrada a la capilla, que cuesta 9 euros, se realiza por la tienda de souvenirs, plagada de libros del Codigo Da Vinci, aunque el colarse es bastante fácil, pues dos personas atienden la tienda y la entrada y en momentos de masificación, es fácil entrar sin pagar.
La capilla está en fase de restauración por el exterior, cubierta de andamios, hierros y demás, pero su interior, pequeño, es sencillamente increíble.
Aparte del auge del libro, la capilla está repleta por todas partes de símbolos masónicos, templarios y de unas columnas de piedra increíblemente trabajadas.
Una leyenda cuenta, que el aprendiz del maestro cantero, realizó una columna más hermosa que la de su maestro y éste, motivado por los celos mató a su discípulo.
La bóveda de piedra labrada es preciosa. Entretenerse en mirarla, en buscar los símbolos templarios, intentar descubrir las escenas bíblicas en sus piedras….y todo ello con una cantidad de gente que te impedían hacer el recorrido con calma.
No nos empeñamos en buscar el Santo Grial, según cuenta el Codigo Da Vinci, pero si que intentamos encontrar y descifrar algunos de los numerosos símbolos que están labrados en sus paredes.

Demonios, ángeles, gárgolas, símbolos judíos y cristianos, expresiones en hebreo, latín, griego y otros lenguajes, escenas bíblicas, cruces, lapidas… mucha imaginería adorna esta capilla del siglo XV. Recomendable sin duda.

Para hacerlo aún más complicado, y mientras intentábamos descubrir mas símbolos, una visita guiada acabó de masificar la capilla, dificultando el moverse por ella. Una pena.

Bordeamos Edimburgo y a través de la autopista M9, nos fuimos hacia Stirling.
Al fin pude probar la 5º marcha del coche, y pasar de los 100 por hora…ya era hora.

Stirling es una bellísima ciudad de casi 30.000 habitantes, al pie del monumento a William Wallace y con un castillo que hay que ver. Lo primero que hicimos, fue localizar nuestra casa para poder dejar las maletas. Y con más facilidad de lo que nos hubiésemos pensado, llegamos a Argyll House, en la Causewayhead Road. Esta casa también lo contratamos directamente por email, con su dueña, la Sra. Joan Reid.

Nuestra habitación era una monada. Bastante más pequeña que la de Kelso, pero confortable, con multitud de objetos de decoración que parecían recién salidos de un todo a cien.
Joan, nos dio un mapa de Stirling y algunos consejos sobre las visitas que queríamos realizar. En todas las casas en las que estuvimos, tenían un estante con folletos propagandísticos de la zona, que visitar, planos, etc. En este sentido, la información siempre era abundante.

Primero nos dirigimos al National Wallace Monument. Entrada 8 euros. Para llegar al monumento se accede por una carretera zigzagueante, que te deja a los pies de la taquilla, y con una caminata de unos 10 minutos, a través de una cuesta muy empinada se llega a la entrada del monumento. Hay un autobús lanzadera que gratuitamente te lleva de la taquilla, a los pies del monumento.
Al lado de la taquilla, hay una estatua de piedra, con la imagen de Mel Gibson, y con un escudo en el que pone Braveheart. A sus pies esta escrito FREEDOM.

Al llegar a los pies del monumento, lo primero que se tiene, es una extensa vista de toda la ciudad de Stirling, con sus blancas casas, ausencia de pisos y el río Forth cruzándola como un lazo.
El monumento a Wallace, es una gran torre de 67 metros de alto, inaugurada en 1869, en la que a través de diferentes pisos, se va reflejando la vida y la lucha de Wallace por la independencia de Escocia. Al entrar, si lo deseas te dejan unos audioguias gratis.

En el primer piso, está la espada que perteneció a Wallace. Es grandiosa y como cuentan las informaciones que hay al lado, se cree que era muy alto, cerca de los dos metros, todo un gigante para la época…. En varios paneles se cuenta la historia de Wallace, la de Escocia, los que le traicionaron…en esta sala, una proyección en video, resalta aspectos de la lucha que mantuvo su “sucesor”, Robert the Bruce, contra los ingleses.

A través de paneles en las paredes, se recrea la batalla de Stirling, realizada en el mismo lugar donde nos encontrábamos, un 11 de septiembre de 1297. Aquí había en ese tiempo, un puente… puente que sirvió estratégicamente a Wallace.
Wallace, tal como también recrea la película Braveheart, tenía a su mando un ejército de 16000 hombres, la mayoría sin armas ni armaduras, y con tan solo cuchillos y largas lanzas. Enfrente 50.000 hombres del rey Eduardo I.
La victoria de Wallace, le sirvió para ganarse el apoyo de los nobles y para ser nombrado guardián de Escocia.

También se recrea su derrota, su encarcelación y sobre todo su tortura y muerte.

En el Segundo piso, esta la sala de los héroes. Personajes elevados a esta categoría, bien por sus luchas, o también por ser personajes escoceses celebres por sus inventos o descubrimientos.
En el tercer piso, se cuenta la historia de la construcción del monumento…
Finalmente en la azotea, hay unas vistas espectaculares de todo Stirling, con su castillo al fondo, su río, sus paisajes…no se alcanza a ver el prado de Bannockburn, lugar donde Robert the Bruce, en 1314, consiguió la victoria definitiva contra los ingleses.

En Bannockburn, al sur de Stirling, una placa en el antiguo campo de batalla reza así:

“Por Dios y San Andrews
Robert the Bruce
Rey de los escoceses
Plantó su estandarte en este lugar
Cuando los patriotas escoceses bajo su comandancia vencieron
a la armada de Edward II de Inglaterra en la batalla de Bannockburn el 24
de Junio de 1314.”
“Lucharemos no por la gloria, ni por la salud, ni por honor, sino solo
y únicamente luchamos por la libertad, lo que ningún hombre debe rendir
jamás sin entregar su vida”

Si algo me empezaba a quedar claro, en todo lo que veía, es que los escoceses no estuvieron nunca del todo unidos, y las luchas entre los diferentes clanes, las alianzas de unos contra otros, y los pactos con los ingleses, fueron los que retrasaron y más tarde posibilitaron que las victorias de Wallace o de Bruce, nunca fueran definitivas para Escocia.

Para la construcción del monumento, también hubo sus disputas, y costó alcanzar un acuerdo sobre el lugar en que debía ubicarse.

Nos recreamos con el paisaje que se veía desde lo alto de la torre, y después de hacer infinidad de fotos, descendimos para dirigirnos hacia el castillo de Stirling.

Enfrente de nuestra casa, había una gasolinera, y aprovechamos para rellenar el depósito. En todo el Reino Unido, el diesel es más caro que la gasolina. Un litro de super 95, valía entre 0.92 libras a 0.96 libras… (1.40 euros el litro).

El castillo de Stirling me decepcionó un poco. Quizás porque me esperaba más de lo que realmente es. El castillo es como una inmensa fortaleza militar, donde la mayoría de estancias estaban en fase de restauración, o vacías. La imaginación de cada uno, debía de funcionar a pleno rendimiento, para imaginarse las habitaciones tal como debían de ser.
Esta ubicado encima de un pequeño peñasco, el Abbey Craig. Hay un parking de pago, pero nosotros dejamos el coche, al pie de la colina, donde el aparcamiento era gratis.

Una leyenda dice que este castillo fue conquistado por el Rey Arturo, pero es solo una leyenda… Sin embargo la historia del castillo empieza en 1124.

En el exterior del castillo, hay una estatua de Robert the Bruce. Al entrar se accede a una plaza que funciona a modo de distribuidor. Se puede visitar el antiguo edificio del rey, la capilla real reconstruida en 1594, y en la que había una orquesta de música medieval, y unos actores vestidos con trajes de época, que representaban unos bailes. Continuamos por el gran salón, y por muchas estancias con las paredes lisas. En el castillo, se estaba celebrando una boda, donde el novio vestía el traje típico escocés.
Lo más característico de los trajes escoceses es su falda, su “kilt”. Casi siempre hecha de cuadros, es el símbolo más conocido de toda Escocia, y en la mayoría de tiendas que vimos a lo largo de todo el viaje, las vendían bien sueltas o con todo el traje completo. Un buen traje escocés debe complementarse con la escarcela, que es una bolsa hecha de piel de tejón, aunque las imitaciones son de cualquier tipo de piel.

Recorrimos todas las estancias abiertas, y antes de salir, nos asomamos a los muros del castillo, para contemplar a nuestros pies, las lápidas del cementerio, encajonado entre el castillo, el río, y las casas de Stirling. El contraste de imágenes era brutal.

Empezamos a abandonar el castillo, pasando por sus baterías de cañones, perfectamente conservados y entrando en las cocinas. Lo mejor del castillo. Totalmente ambientadas, decoradas con estilo y con gracia, fue un epílogo genial a la visita del castillo.

Después nos dirigimos hacia el Loch Lomond, el mayor lago de agua dulce de Gran Bretaña. El lago esta ubicado dentro de la zona de The Trossachs. Esta región de grandes lagos y montañas abruptas, marca el límite de las Lowlands y las Highlands. Estábamos dentro de un parque nacional, y las carreteras empezaban a no gustarme. Se llamaban Single road track with passing places….carreteras de sentido único, con lugares de paso… o sea carreteras estrechas, en las que solo cabe un coche y cada ciertos metros, hay unos pequeños salientes, señalizados, para que los coches se aparten y dejen pasar al otro…. Pero en la práctica, eran unas malditas carreteras que rompían los nervios a cada instante.

Nos detuvimos en el pueblo de Balmaha, donde terminaba la carretera, y nos fuimos hacia el embarcadero. Bajando por unas rocas se puede acceder a una especie de playa, ocupada por decenas de pájaros y tocar el agua, el agua dulce…

Después seguimos por la West Highland Way, y montaña a través, llegamos a una pequeña cima, donde se veían unas imágenes preciosas del lago, de sus islitas en el centro, de la vegetación…y mosquitos…muchos mosquitos….

Nos dirigimos después hacia Aberfoyle, para ir a buscar el Loch Katrine. Pasamos por un castillo, que era un hostal, y en el que las habitaciones debían de ser carísimas, porque además de la majestuosidad del castillo, las vistas al pequeño lago Drunkie, eran preciosas.

Llegamos al Katrine, sorteando una pequeña tormenta, el cual es famoso por que este lago se puede navegar con un velero victoriano a vapor. En este lago Walter Scott, situó su novela “la dama del lago”.

Pero claro, eran las 19 horas, y el vapor, las tiendas y todo el complejo estaba desierto y cerrado.

Volvimos por otra ruta, para llegar cerca de las 20 horas a Stirling. Buscamos un sitio para cenar, y después paseamos por la ciudad, hasta llegar a los pies del castillo, para poder contemplarlo iluminado.

Subimos por la cuesta oscura, silenciosa, con una iglesia cerrada…. tenebrosa cuesta en la que tan solo las lejanas luces de los pubs, rivalizaban con las luces del castillo…

Cogimos el coche, para poner punto final a otro día en Escocia… a pesar de la cercanía de todo lo que vimos, los 270 kilómetros, no nos los quitó nadie…

Y mañana más.
DOMINGO 7 DE AGOSTO….9º DIA….STIRLING-DUNDEE
LA CUNA DEL GOLF, LA CUNA DE ESCOCIA
Joan, nuestra anfitriona era un encanto de mujer. A la hora del desayuno, nos fué presentando a los demás huéspedes de la casa: un matrimonio de Milan, dos mujeres de Canadá, unos chicos de Atlanta, y nosotros. El desayuno tardó un poco, pues hoy domingo, la ayudante de Mrs. Joan, venía más tarde y casualmente hoy, todos nos habíamos levantado más pronto.

Con el estómago bien lleno, salimos de Stirling, para dirigirnos hacía Dunferline, la antigua capital de Escocia hasta 1603. La cuna del país.
Era domingo, y en el centro de la ciudad, estaba instalándose un mercadillo de productos franceses, básicamente de alimentos.

Nos dirigimos hacia su abadía, la Abbey Church que también está semidestruida. La abadía tiene una preciosa nave normanda, con escaleras que suben y bajan por los torreones, y con un cementerio aprisionado entre la abadía y la iglesia. Cada vez que nos encontrábamos a cualquier lugareño, siempre nos saludaba con un sonoro “God Morning”…en la iglesia de Dunferline, hay 22 tumbas de reyes escoceses, entre ellos la de Robert the Bruce. Se estaba celebrando una misa, y una mujer nos invitaba constantemente a entrar… muchas personas pero sobretodo mujeres muy engalanadas, acudían a la homilía.

Era domingo, y las calles respiraban ese ambiente que ya nos acostumbrábamos a ver…desierto…y la oficina de turismo abría sus puertas a las 11 de la mañana.

Dejamos la cuna de Escocia, para dirigirnos a otra cuna…la del Golf…Una leyenda cuenta que 18 son los agujeros de un campo de golf, porque 18 son los vasos que se pueden llenar con una botella de whisky.
Y para que no tuviéramos ninguna duda de hacia donde nos dirigíamos, una pelota de golf, voló literalmente por delante de nuestro coche, botó en el suelo, para perderse por el césped de nuestra derecha. Estábamos atravesando un campo de golf, partido en dos por la carretera.

Para los amantes de este deporte, decir golf en Escocia, es decir St. Andrews, y nada más llegar a este pequeño pueblo, se pueden observar la cantidad de tiendas relacionadas con el golf. El open británico de golf, se celebra aquí.

En St. Andrews una feria tenía la calle principal cortada, y tuvimos que aparcar el coche algo lejos de los lugares que deseábamos visitar. St. Andrews es pequeña, de poco más de 16000 habitantes, aunque su bulliciosa vida no de la impresión de ser mayor. Turística, con horarios de cierre de tiendas, algo más tardíos, y sobre todo el encanto de que se puede recorrer todo el pueblo a pie.

Primero nos dirigimos hacía la catedral, mejor dicho hacia sus ruinas. Construida en el sigo XII, llegó a ser la mayor de toda Escocia. La localidad llegó a ser la capital eclesiástica de Escocia. Se conservan pocas cosas de la catedral, parte de la fachada, de sus muros y una torre, en la que desde la cima de la misma, se divisa toda la ciudad.
Para subir a la torre, hay que pedir una moneda que te dan en la taquilla de la entrada. En esta taquilla, hay un pequeño museo de restos de piedras de la catedral y del castillo.

La vista desde la torre de la catedral, es impresionante. Todo St. Andrews a mis pies, el castillo, el mar, los inmensos campos de golf en la lejanía, y el aire gélido que se mezclaba con los sonidos de las decenas de gaviotas que me sobrevolaban. Salté la valla de protección para poder realizar mejores fotos, intentando que nadie me viera.

Después de la Catedral, nos dirigimos paseando al lado del mar, hacía el castillo, construido en el 1200, como residencia particular de un obispo. Su ubicación, rodeado por el mar y acantilados, hicieron que en la antigüedad fuera un lugar estratégico.
Antes de acceder a las ruinas del castillo, en la oficina de la entrada, hay una exposición con carteles, plafones y figuras, sobre la vida de St. Andrews, y sobre su relación con la ciudad.

En el castillo, aún se conservan las mazmorras en las que fueron encarcelados muchos reformistas religiosos. Una de las cosas más graciosas del castillo, es su mina y el túnel de la misma.
En una de las explanadas interiores del castillo, hay una entrada a un túnel, que sirvió en tiempos como túnel de una mina bajo el castillo y posteriormente fue utilizado como acceso para conquistar el castillo. Se puede entrar en él, de cuclillas, evitando golpearse la cabeza con las rocas del techo… el túnel debe tener una longitud de 100 metros, con subidas y bajadas. Además a mitad del túnel, hay una escalera para acceder a un nivel inferior, y para bajar por ella es bastante complicado. Humedad y oscuridad dentro de las entrañas del castillo.

Abandonamos el castillo y nos fuimos a caminar por las calles de St. Andrews, repletas de gente y de tiendas abiertas.

En un supermercado compramos unas bandejas de fruta limpia y cortada, preparadas para comer al instante.

Abandonamos el golf, y la primera ciudad universitaria de Escocia, para dirigirnos hacía Arbroath.

Arbroath es un pequeño pueblo costero es famoso por su vieja abadía fundada en 1178, por sus piedras rojas y su abadejo ahumado. Nos dirigimos hacía la Abbey Arbroath, preciosa también, y en la que se conserva una copia de la declaración de Arbroath, testimonio de la declaración de independencia de Escocia.
La declaración de Arbroath es una carta que fué enviada al Papa Juan XXII, en nombre de Robert the Bruce en 1320, y en la que se le pedía al Papa, que presionara al rey Eduardo II, y que reconociera la independencia de Escocia y el reinado de Robert the Bruce.
También era una especie de derechos de los escoceses, por encima de su rey.
La fama de la declaración también se debe a esta frase:
“Mientras cien de nosotros estén con vida, nunca y bajo ninguna condición, aceptaremos la supremacía inglesa. No es por la gloria ni riqueza, ni por el honor que peleamos, sino por la libertad, solo por ella, a la cual ningún nombre honesto renuncia, excepto con su propia vida.”
El Papa intervino para que las dos naciones firmaran la paz, pero no resultó.

La abadía sufrió bastantes asedios, luchas y al final se convirtió en una especie de mercancía, que era intercambiada entre los poderosos de la zona.

Visitando la abadía éramos muy pocas personas, y como siempre que visitábamos unas ruinas, debíamos de imaginarnos como eran las estancias antes de que se destruyeran,

Caminamos por el pueblo de Arbroath, donde de nuevo la sensación de soledad nos volvía a inundar. Quisimos buscar un lugar abierto para probar los ahumados de la zona, pero fue misión imposible. Todos cerrados.

Por el paseo de la playa, accedimos a la zona de los “cliffs”. Enormes acantilados, que se podían recorrer por un camino de arena que los bordeaba. El sol era de justicia, y el aire de mar, del mar del norte… te llenaba los pulmones. Las gaviotas volaban sobre nuestras cabezas, y los bancos que estaban en el paseo, invitaban a sentarse, descansar y dejar que la vista se extasiara con el paisaje.

El tiempo pasaba rápido, y debíamos ir hacia Dundee.
Dundee es la 4º ciudad de Escocia, con más de 150.000 habitantes. En tiempos fue un importante astillero, y contó con una gran cantidad de industrias. La ciudad tiene subidas y bajadas, pues Dundee tiene una pequeña colina con parte de sus viviendas en ella.

Como no sabíamos llegar a nuestra casa, preguntamos en una parada de taxis, y uno de ellos, nos pidió que le siguiéramos, pues iba hacia la misma zona. Lo hicimos y con una indicación suya, nos desviamos y enseguida llegamos a Cullaig Guest House, en el 1 de Rosemount Terrace.

Nos atendió Chris, un señor de unos 40 años, que nos enseñó la habitación, y nos dió una lista para que le seleccionáramos el desayuno para mañana.

Sobre las 20 horas, volvimos hacía el centro de Dundee, para buscar un lugar para cenar.
Y lo más increíble en una ciudad de 150000 habitantes, nos ocurrió.
No encontramos nada abierto. Y los sitios que si lo estaban, ya no hacían cenas… ¿pero donde se mete la gente en esta ciudad?....
Después de dar vueltas y vueltas por unas calles que eran el centro del pueblo, centro vació lógicamente, tomamos como única opción un Take Away. Compramos unas pizzas para llevar, en un local atendido por dos argelinos, y nos fuimos con las pizzas y unas latas de coca cola, a nuestra habitación.

Cenamos, vimos la tele, planeamos la jornada para mañana, y…fin….
Hoy había sido uno de los días en los que hicimos menos




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comment_icon  Últimos comentarios al diario: AGUA DE VIDA, VIDA DE ESCOCIA
Total comentarios: 2  Visualizar todos los comentarios
Imagen: Izarbe10  izarbe10  04/02/2009 21:41
enhorabuena por el diario. Muy bueno, como todos los tuyos. te dejo mis estrellas.
Un saludo
Imagen: Inomarti  inomarti  08/07/2009 19:30   📚 Diarios de inomarti
Vaya viajecito el vuestro. Me ha gustado mucho el diario. Enhorabuena.
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Fecha: Sab May 09, 2026 07:02 pm    Título: Re: Viajar a Inglaterra: Lugares de interés turístico

Si la condición es utilizar transporte público, la mejor base para ello es Londres, porque tiene las mejores alternativas y las mejores frecuencias. Pero hay destinos que quedan alejados y para aprovechar mejor el tiempo, sería recomendable alojarse alguna noche en ese destino lejano, si hay visitas interesantes cercanas. En el tip que te comentaba antes hay un apartado con etapas de excursiones desde Londres, de forofos que se alojaban en la capital. Verás que, por ejemplo, Oxford, Cambridge, Windsor, ... Son fácilmente accesibles desde la capital. También se han realizado viajes...  Leer más ...
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Fecha: Sab May 09, 2026 07:06 pm    Título: Re: Viajar a Inglaterra: Lugares de interés turístico

Si si, no me importa cambiar de hotel cada varias noches, pero no para una noche, entonces, mirando las conexiones con Sevilla, he visto que también hay con Manchester, no sé si saldria a cuenta volar a Londres y volver desde Manchester, hacer varias noches en Londres, dos o tres en Bath para visitar esos sitios que comentas y varias en Manchester sin tener que volver a Londres para ir al aeropuerto, ¿cómo lo ves? Mil gracias por los consejos.

EDITO:

Londres: 7 noches
Bath: 3 noches
Manchester: 5 noches

Me voy moviendo desde estas ciudades. Es factible?
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Fecha: Sab May 09, 2026 07:22 pm    Título: Re: Viajar a Inglaterra: Lugares de interés turístico

Tiene sentido, te ahorras traslados ida y vuelta desde la capital y te ahorras tener que volver a Londres para coger vuelo de regreso. Otro tema es la elección de visitas para cada zona y la distribución de días entre ellas. Yo he estado varias veces en Inglaterra, pero no he estado en Manchester, Liverpool, ... Me parecen visitas menos atractivas (para mis gustos y preferencias) que las que se pueden hacer en el sur y centro (hasta Cambridge y Ely hacia el este y hasta el norte de Los Costwolds hacia el oeste). Y, si tuviera que elegir, le dedicaría mucho tiempo a Londres y a las...  Leer más ...
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Fecha: Sab May 09, 2026 07:26 pm    Título: Re: Viajar a Inglaterra: Lugares de interés turístico

Muchas gracias por los consejos. EL precio es algo mas elevado desde Manchester a Sevilla pero tampoco cosa loca, 20€ o así. Entonces lo que haré sera mirar a ver que me llama más la atención, porque en principio creo que me llama más la zona más al sur, no sé. Lo que pasa que ya que voy pues me gustaría ver un pcoo de todo. Tampoco es seguro que me decida por Inglaterra, tengo Irlanda y Escocia a la vista, estoy intentando ver como quedarían los tres viajes y decidir, jejeje.
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Fecha: Mar May 12, 2026 10:51 pm    Título: Re: Viajar a Inglaterra: Lugares de interés turístico

Al final, he decidido: 8 días en Londres y 6 días en Bath. Creo que será mejor así. Si me quedo con las ganas, el otra ocasión cogeré para más al norte. Pero tengo muchas cosas que ver en esa parte que quiero ver sí o sí.
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