Pues como ocurre siempre que toca volar desde Madrid y como queremos aprovechar al máximo el día que viajamos, tenemos que coger el autobús del día anterior, y en este caso el que nos venía mejor, nos dejaba en el aeropuerto 4 horas antes del vuelo, así que tocaba paciencia, intentar dormir en el bus, y tomarse con filosofía la espera en la terminal hasta la hora de embarque.
Llegamos a Gran Canaria algo más tarde de las 9 hora local. Lo primero era recoger el coche de alquiler y, tras unos minutos de espera, vino a buscarnos la chica de Autos Plus Car, junto con otra familia. Como dije, al final nos dieron un C3, que por matrícula diría que tenía 3 años, marcaba casi 60.000 km y tenía un aspecto exterior bastante tocado con rayones, uno de los cristales de espejo sustituido por otro más pequeño, y sin tapacubos. Vamos, que en mi caso nos quitamos un Corsa con 20 años y mejor aspecto. Eso sí, por dentro estaba mucho mejor, y de funcionamiento iba perfecto salvo por ruido en los frenos.
Como era aun pronto, decidimos hacer una primera parada de camino al sur en Arinaga, para ver el faro. Había leído (aunque no profundamente) que había sido reformado y que se había dado una concesión para abrir un restaurante, aunque al llegar allí estaba todo vacío y cerrado. Allí hacía un viento bastante desagradable (lo último que queríamos, viniendo de 10 días de cierzo incesante en Zaragoza), pero caminamos el trecho que había entre el lugar donde dejamos el coche y el faro, nos hicimos las fotos de rigor y apreciamos las primeras vistas de la isla: Mar, el pueblo de Arinaga abajo y el paisaje desértico hacia el interior.
Seguimos en coche hasta Playa del Inglés y como llegamos muy pronto, fuimos a la calle de detrás (Hamburgo) donde hay mucho sitio para aparcar. Lo hicimos sin problemas, aunque estaba prácticamente lleno, probablemente debido a que era sábado, porque el resto de los días había bastantes menos coches. De todas formas, en el recinto del hotel se podía acceder y aparcar gratuitamente, y el resto de los días pudimos dejar el coche dentro.
Como no eran ni las 11 aun, nos echamos una Coca Cola en un barcillo allí mismo en la calle Hamburgo para recuperar fuerzas (y meternos azúcar y cafeína) y bajamos al paseo a conocer la zona. Echamos a andar hacia San Agustín ida y vuelta y ya entramos al hotel, a eso de las 12.
Nos dijeron que se entraba a las 16, pero como la habitación estaba libre y limpia nos dieron ya la tarjeta y pudimos dejar todo arriba, darnos un primer baño en la piscina (mentira, hacía fresco, se había nublado y no había nadie dentro del agua) ducharnos y prepararnos para comer, así que 1 hora después salimos a buscar un sitio para ello y por no complicarnos mucho la vida, fuimos cerca, a la plaza del Sol, y comimos en el Meeting Point Maspalomas Bar, un sitio con hamburguesas, sándwiches y similares, de poca elaboración pero muy buen precio.
Una vez comidos, de vuelta al hotel donde cayó una buena siesta de casi 2 horas (lo necesitaba, después de haber dormido apenas hora y media en las últimas 30) y bajamos a nuestra primer baño en la playa tras 2 años sin pisarla, y escogimos playa de las Burras. La tarde no estaba del todo agradable, con bastante viento, pero tenía demasiadas ganas de bañarme, así que no perdí oportunidad.
A última hora ya volvimos al hotel, otra ducha, cena en el buffet y como nos apetecía conocer “la noche”, volvimos a bajar al paseo y echamos a andar hacia Maspalomas hasta llegar al primer lugar con algo de vida, y nos echamos una copa en el Mono Sisha Bar, un garito con terraza, tipo chillout. Siendo sábado y viendo el percal nos dimos cuenta en seguida de que mucho ambiente nocturno no iba a ver. Así que tras la copa, a desandar camino y a dormir al hotel.