Via Toledo.
Después de comer, me dirigí al Museo Arqueológico Nacional, sito en la Piazza Museo, frente a la Galería Príncipe de Nápoles. Para ello, tuve que caminar dos kilómetros, más de la mitad de los cuales fueron por la Via Toledo. Pensé en tomar el metro, pero me apetecía andar, vivir la ciudad y ver más sitios de paso.


La calle Toledo es una de las principales arterias de Nápoles y probablemente la más importante desde el punto de vista turístico, pues actúa de frontera natural entre el centro histórico y los Barrios Españoles. Tiene 1,2 kilómetros de longitud y conecta la Piazza Trieste e Trento (cerca de la Plaza del Plebiscito) con la Piazza Dante.


Intentando esquivar el sol, seguí por la acera de la derecha, contemplando palacios convertidos en museos y bloques de casas con fachadas de colores amarillos, grises, verdes y rojos, que, a mi izquierda, dejaban paso a las empinadas callejuelas estrechas de los barrios españoles, repletas de gente y adornadas con banderitas y papelillos, mientras al fondo, se adivinaba el Castillo de Sant’Elmo y el elegante barrio de Vomero. A mi derecha, empezaban a surgir las calles del casco antiguo con sus contrastes.



Vi la estación de metro de Toledo, una de las más bonitas de Europa, crucé varias plazas y entré a ver las iglesias que estaban abiertas. La calle acaba en la espectacular Piazza Dante, en cuyo centro se alza una estatua del siglo XIX dedicada al poeta. En el lado este, hay una gran columnata curva (Foro Carolino), en la que se halla la fachada de un antiguo convento jesuita (Convito Nazionale Vittorio Emanuele II), mientras en el lado norte hay una puerta histórica (Port’Alba), famosa por sus librerías tradicionales y que conecta con el Decumano Maggiore y la Via dei Tribunali.


Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
Me hacía mucha ilusión visitar este museo, uno de los más importantes del mundo en arqueología, sobre todo en lo referente a objetos romanos, procedentes en su mayoría de las excavaciones de Pompeya, Herculano y Estabia. La entrada me costó 20 euros. Hay que tener en cuenta que cierra los martes y que el horario es de 09:00 a 19:30, con la última entrada a las 18:30. De todas formas, mejor consultar porque puede variar según las estaciones del año.




El museo es bastante grande y hubiese necesitado varias horas para visitarlo con tranquilidad, pero no disponía de tanto tiempo, ya que tenía otra visita reservada por la tarde. Así que fui directamente a ver lo más importante del museo, que era también lo que más me interesaba: las salas dedicadas a Pompeya y Herculano.



No me quiero eternizar (aunque lo haría con gusto
) contando con detalle lo que vi, solo decir que me pareció impresionante: mosaicos, suelos y frescos originales de las diferentes villas que quedaron sepultadas bajo las cenizas del Vesubio; paredes enteras con el característico color rojo pompeyano, murales de las casas más lujosas, bronces de la Villa de los Papiros de Herculano… Tanto y tanto: todo fantástico para mi gusto.



Otra sala destacada es el Gabinete Secreto (Gabinetto Segreto), que reúne la colección de arte erótico rescatada de los lupanares y tabernas de Pompeya y Herculano. Censurada durante siglos, hoy expone la relación de los romanos con el sexo y sus amuletos fálicos contra el mal de ojo. Muy curioso e interesante.



Por su rareza, me gustaron mucho también los retratos de la poetisa Safo y el de Terencio Neo y su esposa. Además, la estatuilla original de la Casa del Fauno. También me llamaron la atención la gran cantidad de mosaicos y frescos en los que aparecían serpientes.



Una pena que por su minucioso proceso de restauración no estuviera expuesto el famoso Mosaico de la Batalla de Isso (Casa del Fauno), que representa a Alejandro Magno combatiendo contra Dario III de Persia. Ya puse la foto de la réplica en las etapas dedicadas a Pompeya. Pero todo lo demás compensa con creces la visita.



Visto y revisto lo anterior, aún tuve un rato para recorrer otras salas del museo, dedicadas a las esculturas romanas. Lástima que no pudiera contemplar en condiciones algunas de las estatuas de mármol rescatadas de las Termas de Caracalla y Roma, que componen la Colección Farnesio, una de las imprescindibles del museo, pues estaban embaladas en plásticos, preparadas para un traslado de sala, al parecer. Sí que vi el Atlas Farnesio, la escultura del titán que sostiene la bóveda celeste sobre sus hombros, que estaba expuesta en una de las salas más impresionantes del museo.





Ni que decir tiene que me encantó este Museo. Imprescindible para quienes les guste la arqueología, pues creo que darán por bien empleado su precio, algo elevado en mi opinión.



Arte urbano callejero.
Tenía una visita reservada a las seis y media, así que regresé caminando por varias calles del casco antiguo que me depararon una variada muestra de lo que algunos llaman “pintarrajos” y otros “arte urbano” sobre las deterioradas fachadas de las casas. Cada cual tendrá su opinión. Controvertido pero curioso, sobre todo después de haber visitado el Museo Arqueológico y sus tesoros.




Sin embargo, creo que hay que recorrer la zona aledaña a Spaccanapoli para saber lo que es Nápoles. Está cerca de varias visitas imprescindibles a las que luego me referiré, así que no valen las excusas.


