Desayunamos en el apartamento y nos preparamos para estar a las 10:00 en Notre Dame. Allí nos espera Aitor con su paraguas blanco. Es un guía asturiano simpático y jovial. Conformamos un grupo de alrededor de unas 30 personas, niños incluidos. Desde Notre Dame iremos hasta la Place de la Concorde donde terminará el recorrido. Nos llevará al lado del río y por la isla de la cité hacia el Palacio de Justicia y la Concergerie hasta el Point Neuf, a los jardines del Vert Galant en la punta de la isla. En estos jardines en los que Enrique de Navarra, Enrique IV de Francia, el rey que cambió una misa por París, se solazaba viendo a las jovencitas, quemaron en la hoguera al último maestre de la orden del Temple, Jacques de Molay. Es un rincón de París muy agradable y que yo, personalmente desconocía. El discurso de nuestro guía Aitor es estupendo. Nos tiene a todos entretenidos, grandes y pequeños, explicando sin cansar, instruyendo sin agobiar. Combina historias con anécdotas con muchísima soltura y el tiempo se nos pasa volando. Terminamos a los pies de la estatua ecuestre del mejor rey francés asesinado y pasamos por el Pont Neuf al otro lado del río para dirigirnos al Louvre. ¿Qué decir del Louvre? Es magnífico y como siempre, me quedo con ganas de entrar. Me temo que en este viaje no va a ser posible, tampoco vamos a poder ir al museo de los impresionistas pero siempre hay que tener razones para volver a París, ¿no? Atravesamos el Louvre, nos fotografiamos con las pirámides de cristal que tanto juego esotérico dan a algunos novelistas, seguimos por el Arco de Triunfo del Carrusel erigido a toda prisa por Napaleón y así llegar hacia el obelisco de la Place de la Concorde por las Tullerías. Nos ha llevado unas dos horas largas este audio-paseo parisino. Aitor recibe su recompensa. Hay que decir que durante el paseo el guía introducía sus “pausas publicitarias” ofertando tours de pago en diferentes barrios de París o incluso a Versalles. Es la forma que tienen de captar clientes. De hecho nosotros contratamos un tour por Montmartre para la tarde. Es justo reconocer, no obstante que la visita ha merecido mucho la pena. Yo la recomiendo vivamente. Le damos nuestra voluntad, bien ganada a mi juicio pues lo ha hecho de maravilla. Nos despedimos de nuestro guía parisino y nos sentamos un rato para gozar de las vistas con el obelisco, la torre Eiffel y demás.
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La siguiente parada será la iglesia de la Madeleine. Subimos desde la plaza de la Concordia por la rue Royale. Vemos Maxim’s, el famoso restaurante al que acudía y acude, creo, lo más selecto de la sociedad parisina y mundial y que empezó a hacerse famoso en la “belle epoque”. Llegamos enfrente de la hermosa fachada clásica del templo. De pronto parecemos haber vuelto a Atenas, donde estuvimos el año pasado, a la calle Panepistimiou donde están la Biblioteca Nacional y la Academia. Empezamos a buscar un sitio para comer. Pasamos por la iglesia de la Trinitè, pero ya es bastante tarde y los restaurantes que hay por la zona están montando las mesas para la cena. Llegamos hasta la Place de Blance. Ahí hemos quedado para hacer el tour de Montmartre y es donde está el famoso Moulin Rouge. Entramos en un restaurante de comida rápida, el Buffalo Grill. Se puede comer carne y bueno, no está mal del todo. Sentarse un rato además no viene mal pues estamos bastante cansados.
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Después de comer nos unimos al grupo para la visita de Montmartre. Los adultos para este tour guiado hemos pagado 14 euros. Los jóvenes no pagan. Descubrimos Montmartre por la retaguardia: Moulin Rouge, el “Café des 2 Moulins” de la famosa película “Amelie”, la casa en la que vivió Van Gogh, el auténtico Moulin de la Gallette que pintó Renoir, el falso Moulin de la Gallette, un pequeño parque en el que jóvenes y no tan jóvenes juegan a la petanca, el Passe Muraille con su historia curiosa, el busto de la cantante Dalida que vivía por allí, el cabaret le Lapin Agile donde se congregaba gran parte de la bohemia del barrio como Picasso o Modigliani y a su lado un viñedo en pleno centro de París y que funciona, se hace vino con sus uvas y la botella debe de costar un pico. Subimos por la Maison Rose y callejeando vamos ganando la parte posterior de la iglesia del Sagardo Corazón. No hemos subido más que diez escaleras y las explicaciones que nos ha dado Juancar, el guía han sido precisas. Está bien informado y como Aitor ha combinado bien las anécdotas con la historia. Ha sido una forma de acercarnos hasta aquí realmente muy grata y el paseo ha sido muy agradable. En la iglesia hay oficio y un trasiego de gente tremendo. Las escaleras de delante, las del acceso normal a este lugar están llenas de gente sentada, charlando, descansando y bebiendo Heineken. Hay un montón de hombres con pack de cervezas frías que venden cada una por un par de euros. Están frías y si regateas por un euro y medio, te puedes beber una Heineken fresquita contemplando París a tus pies. Terminamos nuestro recorrido en la pequeña plaza du Tertre. Para llegar hasta aquí hemos pasado por un lugar desde que se divisa la torre Eiffel, el único, según dicen desde esta colina. La plaza du Tertre está llena de dibujantes, retratistas y restaurantes. Nada que no puedas ver en cualquier otro lugar del mundo. Aquí nos despedimos de Juancar, que ha sido un guía eficaz y atento. Nos sentamos un rato en las escaleras para beber esa cerveza fresquita y contemplar París. Mañana nos marchamos y ya mi mente maquina el modo de volver pronto.
Desandamos el camino y en la confluencia de la Rue Lepic y la Rue Joseph de Maistre hay una pequeña crepería en la que reponemos fuerzas. Si se va un grupo grande de gente hay que armarse de paciencia.
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Anochece y decidimos darnos un paseo por la parte posterior de Notre Dame de no che. Es un lugar precioso iluminado a la luz de las farolas. Hay animación en el Pont au Duble, justo a la derecha de la catedral. Hay jóvenes patinando y que hacen unas virguerías tremendas con sus patines en línea al ritmo de la música. Artistas y atletas, todo en uno. Contemplamos un rato sus evoluciones y bajamos al muelle para admirar los contrafuertes y los arbotantes del edifico. Los jardines de la plaza Juan XXIII que están justo detrás del ábside están a esta hora cerrados. Alguna pareja se demora y besa a la suave luz de las farolas. Mientras nosotros nos vamos despidiendo de París. Pasamos a la isla de Saint Louis para, por la otra ribera del río ir acercándonos a la plaza de la Bastilla. Allí tomaremos el metro de vuelta a los apartamentos. Son alrededor de las 22:30 y aunque se ven grupos de jóvenes sentados charlando, hay bastante menos gente ya. Contemplamos la columna de la plaza de iluminada y aunque queríamos acercarnos hasta la plaza de los Vosgos, ya no es posible, se nos ha hecho muy tarde. Nos metemos en el metro y nos despedimos de esta espléndida ciudad hasta otra vez.
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