Hoy es un día importante. Nos centraremos todo el día en esta importante capital europea.
Desayunamos en el apartamento alguna cosa que compramos ayer por la noche en uno de los minimarket que hay por las calles del centro, especialmente dedicados a la venta de todo tipo de cervezas a los más jóvenes y de todo tipo de víveres calóricos que aplaquen el enorme hambre que da pasar varias horas en el interior de los numerosos coffesshops de la ciudad.
Vamos andando hasta la Casa de Anna Frank.
Uno 20 minutos desde la estación central y treinta desde la zona de los museos.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Consejo: Las entradas se pueden comprar con seis meses de antelación. A falta de un mes y medio o dos meses, ya no habrá disponibles. Primero se suelen agotar las normales, luego unas más caras que llevan recorrido guiado en inglés u holandés. Si no se lleva la entrada comprada, la espera allí para entrar es de aproximadamente entre una hora y 1 h. 30 minutos. En verano y fines de semanas, quizás algo más.
El precio por internet (0,50 € de comisión) es de 9,5 € los adultos, 5 € los niños de 10 a 18 años y 0,5 € los menores de 10 años.
Las cogimos a primera hora de la mañana para poder tener el resto del día libre. 9:30 h. Llegamos, y a pesar de que acaban de abrir (9:00 h.), la cola es enorme. Vamos a la puerta de al lado. Donde entran los que las tenemos compradas por internet. No hay nadie. Llamamos a un timbre y nos abren.
Enseñamos las entradas y para dentro. Los padres y el mayor habíamos leído el famoso Diario de Ana Frank. A la pequeña le habíamos explicado hace un tiempo la historia. Por tanto, nos apetecía mucho hacer esta visita.
En realidad la casa (bueno la fábrica del padre y la casa de atrás) donde vivió Ana Frank, junto a su familia durante la II Guerra Mundial, escondiéndose de los Nazis, ya que eran judíos están actualmente sin los muebles de entonces. Pero hay varios videos (algunos con audio o subtítulos en español), hay muchas fotografías, maquetas y exposición de los objetos. Se conserva el original de la biblioteca que servía de puerta para pasar a la otra casa y el propio diario de Ana Frank.
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El recorrido se hace lentamente ya que a veces al ser una casa tan estrecha hay que ir en fila india. Además hay gente se queda parada demasiado tiempo viendo los videos y las fotos y por eso se avanza despacio.
Está totalmente prohibido hacer fotos y video. Al final hay una cafetería y una tienda de recuerdos.
Estamos algo más de hora y media de visita. A la salida unas fotos delante de la verdadera Casa (no del edificio moderno que se usa de lugar de recepción, tienda, baños, etc.).
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Supongo que la visita que hicimos en Polonia a los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau y, en menor medida, a la Casa de Ana Frank, te marcan un antes y un después de ver el mundo y sus conflictos bélicos.
Muy cerca, junto a la Iglesia de Westerkerk, cuyas campanas escuchaba la niña diariamente durante su confinamiento, se encuentra una pequeña estatua de Ana.
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Cruzamos el canal Prinsengracht que está enfrente, y nos adentramos en el Barrio de Jordaan.
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Aquí vive en general la clase media-alta de Ámsterdam. Casas unifamiliares o con pocos vecinos, en decenas de calles casi peatonales y atravesadas por tranquilos canales. Se nota que es sábado a mediodía, y luciendo un espléndido sol, ya que muchas familias están con sus niños pequeños jugando a la puerta de las casas, o tomando algo y charlando con el resto de vecinos. La verdad que es una chulada de barrio.
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Salimos pronto del barrio, ya que no nos sobra demasiado tiempo. La próxima vez le dedicaremos más tiempo. Creo que merecerá la pena. Incluso comer en alguno de los restaurantes “caseros”, con cocina de autor y poquitas mesas, que vemos al pasar.
Nos dirigimos a parte central de Ámsterdam, a través del puente y la avenida Raadhuisstraat. Tras recorrer la calle comercial Kalverstraat, que hoy sábado está muy concurrida, llegamos a una de las plazas más antigua de la ciudad, Begijnhof.
Se trata de un conjunto de elegantes casas fundado en 1346 para albergar una hermandad femenina católica laica: las beguinas.
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En el número 34 de este bonito vecindario podréis ver la casa más antigua de Ámsterdam, data de principios del siglo XVI y es una de las dos únicas casas que quedan en la ciudad con fachada de madera.
Las casas de madera fueron prohibidas en Ámsterdam en 1521 debido a su facilidad para incendiarse.
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A un paso se encuentra la bulliciosa y peatonal plaza y calle Spui.
Está llena de restaurantes, cervecerías, y ambiente.
Ya aprieta el hambre. En una terraza soleada nos tomamos un estupendo y generosos sándwiches Club, junto con una cerveza barata para estos lares (5 € la pinta).
Al acabar, junto a la misma plaza, cogemos el tranvía número 5 que nos lleva la zona de los museos. Pasa cada 5 minutos. Hay que pedir al conductor que te abra la puerta delantera y comparar los billetes (2,70 € el sencillo). También le puedes comprar un billete para todo un día (15 €). Luego lo pasas, cada vez que le cojas, por encima de la maquita que hay junto a todas las puertas traseras del tranvía.
Llegamos a las 13:30 h. El tranvía nos deja junto al Museo Rijksmuseum.
No vamos a entrar, pero sin duda es un buen plan si sois amantes de la pintura. Especialmente de la pintura flamenca y holandesa del siglo XVI y XVII. Destacan fundamentalmente los cuadros de Rembrandt.
También junto a la parada del tranvía, y como tenemos algo de tiempo, nos metemos a ver una taller/fábrica y museo de Diamantes.
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Casa Coster Diamonds. Suministra joyas a la familia real. Ocupa varios edificios contiguos. La entrada es gratuita. Un chaval de la casa nos explica en castellano el proceso de tallar un diamante, hasta convertirlo en un brillante. Como sabéis Ámsterdam es uno de los centros mundiales de la venta de este producto.
Vemos como los tallan, a manos de un maestro con varios años de experiencia.
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Nos pasan a una serie de salas para enseñarnos cientos de brillantes diferentes.
A la salida hay un Museo de los Diamantes que se puede visitar.
Frente a este museo está el Museo de Van Gogh.
Las entradas compradas previamente por Internet (sino unos 45 minutos a una hora de cola). Cada entrada de adulto 17 €. Los menores de 18 años entran gratis.
Tenemos la entrada a las 14:00 h. Entramos sin esperas.
Hay consigna gratuita, cafetería y tienda.
Museo interesante porque a los niños les suelen sonar varios cuadros del artista. No se pueden hacer fotos, pero los 3 cuadros más famosos que tiene son:
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Al salir, después de hacer un poco el tonto afuera del museo…
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Nos vamos a ver el cercano mercado Albert Cuypmark, situado en la calle Albert Cuypstraat.
El mayor mercado de Ámsterdam, de más de un kilómetro de largo, más de 300 puestos en un mercado que ha cumplido 110 años.
Vende de todo, desde sabanas hasta caviar a precios excelentes, el mercadillo más cosmopolita y pintoresco.
Las prendas son baratas pero de mediana calidad. Un buen lugar para realizar algunas compras, si es que decides que comprar.
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Muchos de ellos son puestos que sacan diariamente a la calle las tiendas que se encuentran situadas en la calle donde se celebra.
Compramos unos quesos a precios mucho más baratos que en tiendas para turistas (a este mercado acuden a comprar vecinos de la ciudad). También se pueden comprar los recuerdos del viaje, ya que hay varios puestos dedicados a ello.
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Aierto de 9:30 / 18:00 de Lunes a Sábado. En el mercado paran el autobús: 356; parada: Van Woustraatlos y los tranvías: 16, 24 y 25.
Una buena opción es ir desde el mercado a la [url=http://http://www.disfrutaamsterdam.com/heineken-experience]Heineken Experience [/url]que está al lado.
Una vez visitada la fábrica de cerveza, y haber hecho una degustación, sería buen momento para coger uno de los numerosos cruceros por los canales de Ámsterdam que salen desde enfrente de la fábrica. “Amsterdam Canal Cruises”
Una vez finalizado (estos suelen durar 75 minutos), podréis ir andando (no está lejos de donde deja el barco) a cenar y tomar unas cervezas a las decenas restaurantes y bares que hay en la zona de la plaza Rembrandtplein. Allí mismo podréis coger el tranvía 4 o 9 para volver a la estación Central.
Nuestro plan es diferente, así que al principio de la calle del mercado cogemos el tranvía 24 (también pasa el 16) que nos lleva directamente a la Estación Central.
Vamos al apartamento a descansar, navegar un poco por internet, cambiarnos y comer algo.
A las 19:30 h. tenemos un Crucero muy especial. Como os conté, estamos en plena SAIL, así que en vez de un crucero normal por los canales, decido hacer uno especial por el puerto donde os van a enseñar los grandes veleros que han venido a la concentración SAIL. Este crucero, lógicamente solo se puede realizar cada 5 años. Cuando se celebra la SAIL (la próxima en agosto de 2020).
Al ser más largo de duración (1 h. y media) y al ser especial, le cobran un poco más: 20 € adultos y 10 € adultos.
Le cojo frente al apartamento (no todas las [url=https://www.canal.nl/es ]compañías de cruceros [/url]están autorizadas para navegar por dentro del puerto durante la SAIL. Lo cogí por internet unos días antes. Cuando me enteré de esta posibilidad. Cogí además el último del día para que coincida con el anochecer y nos cundiera el día. Estaba a tope. Bueno de hecho solo fue posible montar si ya lo tenías comprado con antelación.
En esta ocasión, dado que el crucero era especial no había explicación (el resto del año en 15 idiomas) pero nos dieron un folleto para ir siguiendo el nombre, país y características de cada barco que íbamos a ir viendo.
Por si queréis coger esta compañía de barcos os diré que es totalmente recomendable. Los barcos son muy nuevos, multiidioma y salen del mismo centro: junto a la estación Central, un muelle frente a la Basílica de san Nicolás (Prins Hendrikkade 75). No tiene perdida si estas en la plaza de la estación ya que se ve perfectamente.
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Empezamos el recorrido en nuestro barquito y nos pasa este:
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Empezamos a ver los primeros:
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Un cuatro mástiles:
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Uno de época
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Este es espléndido:
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El único español. La reproducción de la Nao Victoria donde Juan Sebastián el Cano circunnavegó la tierra.
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Empieza a atardecer y seguimos viendo estos monstruos a vela:
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Y nosotros desde nuestro barco:
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Algunos aprovechan para montar auténticas fiestas dentro de los barcos.
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También una fragata moderna de la Armada Holandesa:
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Vaya aparejo:
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Vemos anochecer en mitad del puerto.
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Menuda excursión para ir terminando nuestra estancia en Ámsterdam y nuestro viaje:
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Al finalizar el crucero nos adentramos otra vez por las callejuelas del centro. Hoy es sábado y está a tope.
Vamos a la calle Zeedijk, conocida por ser la pequeña china, y por su ambiente gay, pero sobre todo por sus, yo diría, centenares de restaurantes, bares y pub. Tiene un ambientazo todas las noches. No te puedes ir sin visitarla, especialmente su tramo más cercano a la avenida Prins Hendrikkade.
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Cenamos algo de comida italiana.
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La noche y la ciudad están muy bonitas
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MAÑANA ESTO SE ACABA.
