Salimos de Madrid hacia Dubrovnik a las 07:00, volando con Norweggian, compañía low-cost muy recomendable, por su permisibilidad con un segundo bulto, buen servicio, wifi a bordo del avión, que se agradece mucho y por supuesto por sus precios
. Lo malo del horario, pues que en nuestro caso estuvimos en el aeropuerto desde las tres de la mañana. Lo bueno, pues que es un día totalmente aprovechable. Con un poco de adelanto sobre el horario previsto, tomamos tierra en el aeropuerto de Dubrovnik, al ser tan pequeño y no tener que recoger equipaje facturado, pasamos el control de pasaportes y a las diez de la mañana estamos en la oficina de Avis. Sales del aeropuerto y todas las oficinas de alquiler de coches están enfrente, así que un minuto estás allí.
Una vez en la oficina el hombre comprueba sus papeles con mi reserva y me dice que como había puesto que hasta las diez y media de la mañana no recogía el vehículo (son las diez y cinco) que están trayendo el coche desde Dubrovnik, que tardarán unos 20 minutos y que lo recoja en la oficina de International, que está cuatro oficinas más allá.
Nos atiende un chico joven, nos comenta que la Green Card, son 50 euros con las tasas incluidas, cogemos la opción de lleno-lleno en el depósito y después de firmar el contrato y que te carguen en la tarjeta de crédito una fianza (886 euros que al cabo de dos días de llegar a España, desaparecieron), nos entrega un Skoda Fabia blanco, con 33.000 kilómetros y varios bollos en la parte trasera que quedan anotados. La tapicería también estaba sucia, nos comenta el chico que no hay problema.
Metemos las maletas en el coche, encendemos las luces (que son obligatorias incluso de de día) y ponemos la dirección de nuestro alojamiento, ya que tiene garaje y así nos olvidamos del coche hasta mañana. Nosotros nos descargamos en el móvil la aplicación HERE y SYGIC, a nuestro gusto funciona mejor la primera, que fue la que usamos casi siempre, sólo nos dio problemas en Mostar, pero nos confirmaron los dueños del hotel que los GPS en Mostar hacen Kaput…
Desde el aeropuerto hasta Dubrovnik hay unos 20 kilómetros por carretera de costa y se atraviesan varios pueblos, con lo cual se tarda casi media hora en el trayecto, eso ahora en octubre, en verano seguramente sea más tiempo.
Llegamos a www.villa-san.com/ habíamos reservado con ellos tres noches, la primera y las dos últimas de nuestra estancia. Nosotros cogimos el apartamento 2 MIDI, 26 m2 entre el baño, la habitación y un salón-comedor con su mesa, microondas, fuegos y una pequeña terraza. Hay que hacer un depósito del 20% para que la reserva sea firme.
Está muy limpio, a dos minutos de la Puerta de Pile, dispone de parking (importante aquí), puedes prepararte los desayunos allí mismo o incluso alguna cena con cerveza en la terraza, además de que los dueños son encantadores, como la calle de acceso al garaje es muuuy estrecha, lo aparca el marido, cosa que de verdad se agradece.
Nos acomodamos, dejamos el equipaje y nos vamos a ver por primera vez la perla del Adriático, Dubrovnik, o mejor dicho “Desembarco del Rey” para los fanáticos de Juego de Tronos.
Atravesamos la Puerta de Pile, que nos da paso a la ciudad vieja (Stari Grad). Allí se encuentra la gran fuente de Onofrio, punto de encuentro de la gente del lugar. Y aquí comienza la Stradum, la calle principal del casco viejo que desemboca en la Torre del Reloj, unos de los monumentos más conocidos de la ciudad.
El paseo es muy bonito, caminando por sus pulidos adoquines , observando las fachadas de las iglesias, palacios y demás edificios ocupados ahora por heladerías, restaurantes, tiendas de souvenirs. Una de las estampas más reconocibles de la ciudad.
Y gente, mucha gente por la calle. Nos comentó la dueña de los apartamentos, que atracan cruceros hasta el 25 de noviembre. Imaginaros el casco antiguo, que tampoco es muy grande, con miles de “cruceristas” tomando literalmente la ciudad. Un poco claustrofóbico, la verdad.
Intentamos alejarnos un poco de la muchedumbre, aunque no era tarea fácil. Vemos la pequeña fuente de Onofrio, palacios, plazas.
Y así mientras damos nuestros primeros pasos por la ciudad, llegamos al restaurante Kamenice, uno de los que teníamos anotados, como ya hay hambre y vemos que está prácticamente lleno, nos sentamos en su terraza. Pedimos una ensalada de primero y dos rissottos de sepia, pero nos comenta la camarera que son raciones grandes, mejor que pidamos una para los dos y si nos quedamos con hambre pidamos más. Un punto para ella y dos cervezas para nosotros.

El total fueron 180 kunas (23.64€), no podemos decir que la comida estuviera mala y la camarera tuvo el buen detalle de decirnos que estábamos pidiendo demasiado, pero recelo un poco cuando me sirven el rissotto tan rápido.
De postre ya habíamos decidido que nos comeríamos unos recomendados y recomendables helados croatas, grandes, buenos y baratos, dos helados con dos bolas diferentes cada uno, 40 kunas (5.26€). Dónde más caros fueron. En Split fueron 32 kunas y en Mostar 2 Euros.
Antes, habíamos sacado dinero en un cajero, ya que es mejor pagar en Kunas, porque al pagar en Euros, siempre redondean a su favor, además íbamos a subir a las murallas y allí sólo aceptan su moneda local. Sacando con la tarjeta de debido de EVO, sin comisiones.
Más o menos a la altura de la fuente de Onofrio está uno de los accesos a las murallas de Dubrovnik. La entrada vale 100 kunas por persona, si tuviéramos que recomendar una actividad a hacer en Dubrovnik, sin duda alguna sería esta, muy recomendable.
Nada más subir las escaleras, giras a la izquierda para empezar el recorrido y vas teniendo las primeras vistas.
La fuente de Onofrio
La Stradum, al final la torre del reloj
Seguimos caminando, no hay demasiada gente haciendo la visita por las murallas, por lo que podemos ir parando donde nos apetece, mientras disfrutamos de las panorámicas de la Old Town.
La fortaleza de Lovrijenac, o la fortaleza roja de juego de tronos, sobre la bahía de Aguasnegras.
Parece que cerrando los ojos te transportas a la capital de los siete reinos
Seguimos la visita, vemos desde arriba el magnífico emplazamiento que tiene el café Buza, allí hay unos valientes tirándose al mar.
Llegamos a los Lazaretos, donde mantenían a los viajeros y sus mercancías susceptibles de poder contagiar epidemias, en cuarentena antes de poder entrar en la ciudad.
Encaramos otro tramo de la visita, unas veces miras al frente, otras para abajo…
Ya estamos llegando casi al final de la visita, nos encontramos ahora en la parte desde la que mejor se observan los típicos tejados naranjas de Dubrovnik (la inmensa mayoría de ellos reconstruidos tras la guerra)
No se puede negar que la ciudad es de cuento, fortalezas, murallas, palacios, calles, plazas. Es una lástima que a determinadas horas del día, cuando desembarcan los cruceristas, sea imposible poder disfrutar de ella. No me quiero imaginar la locura que tiene que ser visitarla en los meses de verano
Dubrovnik y la isla de Lokrum desde la torre Minceta
Así, han transcurrido casi dos horas desde que empezamos la visita, hay que tener en cuenta que tiene muchas subidas y bajadas, así que como apriete el calor, se puede hacer durete, pero se arregla con ir descansando.
Terminamos la visita y nos volvemos al apartamento a refrescarnos, ya que hace calor y una vez hecho esto nos vamos a pasear de nuevo por la ciudad vieja. Nos acercamos al café Buza, todas las terrazas están ocupadas, así que sin tomarnos nada, disfrutamos de nuestra primera puesta de sol croata.
Para cenar, compramos unos trozos de pizza en una de las muchas tiendas que se dedican a ellos, una cerveza, una coca cola, 96 kunas (12.61€) y nos fuimos a comerlo a una plaza cualquiera amenizada por música en directo de los restaurantes.
Aprovechamos que la gente de los cruceros ya no está por la ciudad para disfrutar de ella, aún así, sigue habiendo bastante gente, hay mucho ambiente para ser un martes.
Puerta de Pile
Muralla
Fortaleza Lovrijenac
Antes de irnos a dormir, entramos en un supermercado donde compramos, agua, leche y unos cruasan en una pastelería, para desayunar al día siguiente.