Nos despedimos de nuestra bucólica cabaña después de un buen desayuno en el comedor acristalado y ponemos rumbo a la cascada de Svartifoss.

Recorrido noveno día
Pasamos junto a Jokulsarlon y paramos un poco más adelante, en Fjallsárlón, su hermana pequeña. Fue una parada muy breve, un par de fotos y de nuevo al coche. Poco después llegamos al parque de Skaftafell. La carretera está asfaltada hasta un parking junto al que podéis encontrar una zona de acampada. Cuando nosotros fuimos vimos a muchos valientes con la tienda de campaña.

Fjallsárlón
Hasta la cascada es un paseo muy sencillo, lo que se traduce en que es una romería. A partir de la cascada el camino es un poco más empinado y el volumen de gente es menor. Os recomiendo subir, porque desde el punto de observación (Sjónarsker) hay unas vistas muy chulas de un sandar (planicies desoladas que se extienden kilómetros y kilómetros desde las montañas hasta la costa).
La cascada en sí misma no es gran cosa, pero la pared por la que cae, con las columnas de basalto negro, es una pasada. Ese día hizo especial calor y sol, hasta el punto de tener que ir en tirantes un tramo.

Svartifoss
Tras la caminata, ya teníamos hambre, pero aguantamos para comer junto al cañón Fjaðrárgljúfur. La carretera que da acceso al mismo es de tierra, pero se conduce con facilidad. Aquí no hay tanta gente, y no entiendo por qué, porque es realmente impresionante.

Los Gutino Motarrado en Fjaðrárgljúfur
Comemos en el césped junto al parking. Hay unos baños públicos, un poco sucios pero muy prácticos. Después nos adentramos por el camino marcado y vamos andando por el borde del cañón.
Nos habría encantado subir hasta Laki. Pero es una carretera F y no sabemos en qué condiciones se encuentra ni cuánto tiempo nos va a llevar, así que reemprendemos nuestro camino hacia Vik.
Nuestro ritual al llegar al pueblo es el de siempre, comprar lo que necesitamos e ir al albergue a hacer el check in. Os preguntaréis que por qué compramos tanto. Es que somos 6, y sólo para los desayunos gastamos casi dos bricks de leche y de zumo. Así que tuvimos que hacer compra bastante a menudo para no ir cargados con miles de cosas.
El albergue es también de la red Hostelling International. La chica que nos atiende es española. Le preguntamos desesperados por el servicio de lavandería, porque en los últimos albergues no había, y después de nuestro chasco en Akureyri, lo necesitamos como el agua. Afortunadamente aquí sí que hay. Preparamos dos cestas con lo que vamos a necesitar los próximos días y se las damos.

Albergue de Vik, foto sacada de internet
En este albergue teníamos reservadas 6 camas en un dormitorio para 6 personas, así que tenemos la habitación para nosotros solos. Nos toca una en la parte de abajo. El albergue estaba completo, como todos los de Hostelling International en los que hemos estado, así que reservad con antelación si no queréis quedaros sin plazas.
Le preguntamos a la chica del albergue cuál es el mejor punto para ver a los frailecillos y nos indica que los acantilados que hay cerca del albergue. Se accede por una pequeña carreterilla, se aparca y se sube andando ¡Había muchísimos! Podías verlos desde muy cerca, aunque cuando te veían salían volando. También podías observarlos desde la parte de arriba.

Frailecillos en el acantilado

Seguimos subiendo todavía un poco más, para contemplar las vistas desde arriba del todo, y cuando las nubes y el viento empiezan a acecharnos, ponemos rumbo al albergue, para ducharnos y cenar. Cuando llegamos, nos encontramos con la desagradable sorpresa de que se había ido la luz en todo el pueblo y no había agua caliente. Menos mal que la situación duró poco y pudimos ducharnos incluso antes de cenar.

Ovejas en todas partes
GASTOS DEL DÍA
Compra en supermercado local, 2867 ISK (19,7 euros)
Alojamiento en Albergue de Vik, 6 camas en dormitorio de 6 personas, 155 euros
