Nos levantamos sin prisas pero sin pausas, nuestro último día en India, desayunamos en el hotel y caminamos hasta Churchgate, tal y como habíamos hecho el día que fuimos a la pagoda. Esta vez compramos los ticket de tren hasta Mahalaxmi (5 rupias persona). Nuestra intención hoy era visitar el Dhobi Ghat (lavandería municipal), Mezquita Haji Ali Dargah, Mahalakshmi Temple y terminar el día en la puerta de la India .
Llegamos a la parada Mahalaxmi, la lavandería municipal se encuentra justamente cruzando las líneas de tren, desde el puente se consiguen las mejores vista de la lavandería y puedes hacerte una idea de lo grande y de la cantidad de ropa que debe haber ahí abajo tendida. Bajamos por las escaleras y accedimos pero al poco de estar dentro nos dijeron que no podíamos estar allí y bla bla bla , así que salimos, pero sinceramente lo importante a ver está desde el puente, debajo pues ellos lavando la ropa en pilas, tendiendo, etc…
Tras esto cogimos un taxi a la mezquita el cual nos llevó por 63 rupias con el meter, fue directo sin rodeos. Cuando llegamos a la mezquita yo me quedé en shock. La marea estaba baja, habíamos cuadrado la visita para encontrarla así y de este modo poder acceder, pues por lo que tengo entendido solo es accesible con marea baja. Cuando empezamos a pasar por la calzada con el mar a ambos lados , lo que mis ojos veían no era algo agradable, primero lleno de gente que se dirigía o ya terminaban su visita a la mezquita, los bordes del paseo ,a ambos lados, lleno de personas enfermas, una al lado de otra, con bandejitas para que les pusieran dinero, había gente con todo tipo de enfermedades mujeres, hombres y niños, muy desagradable, bultos, pieles con llagas, leprosos, ciegos, liciados, buffff, todos en muy mal estado, sentí tal sensación de repulsión y pena al mismo tiempo que me costó llegar a las puertas de la mezquita, al haber mucha gente te rozaban y me dio mucho asco, no soy escrupulosa ni suelo sentirme así cuando veo esas cosas pero aquello me dominó, daba gracias a todos los dioses por llevar zapato cerrado, fue tanto lo que sentí que no entré a la mezquita por no quitarme los calzado, no quería tener contacto físico con nada ni nadie, era muy muy repugnante, será también que mi estado físico después de tantos días decaída me hacía sentir esa sensación, no se lo que me pasó pero salí muy tocada de aquel lugar, la situación dominó por completo mi mente, encima la basura alrededor del paseo, el mar, las gaviotas comiendo, los enfermos pidiendo, no veía la hora de marchar sin mirar atrás
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Tras este mal momento partimos para el templo Malaxhmi, que prácticamente se encuentra al lado de la mezquita. Increíble el fervor y la exaltación religiosa que se viven entre sus muros. No se puede hacer fotos en su interior, los zapatos debes dejarlo en la calle, a las puertas del templo hay tienditas que venden las ofrendas para hacer a Mahalakshmi , allí los dejamos y accedimos a él. Si deseas entrar al santuario, las mujeres van por una cola y los hombres por otra, así que muy dispuesta me puse en la cola de las mujeres, guau increíble lo vivido, la gente gritando supongo un “Viva Mahalakshmi” y todos le seguían, vamos como aquí cuando sacan a un santo. Una vez llegas en frente de la diosa, donde apenas se puede apreciar debido a la cantidad de gente y a la pasión religiosa que allí se vive, le hacen las ofrendas y te das cuenta que aquello es algo muy muy importante para ellos, yo por supuesto con todos mis respeto la observé y me aparté saliendo por un lateral. Detrás de la diosa hay una pared donde la gente ponía una moneda, a pesar de que allí no hay nada, algunas monedas quedaban pegadas a la pared, supongo que si la tuya se te pega, será buena suerte, yo me dispongo a poner la mía y allí se quedó desafiando a las leyes de la gravedad, mi marido pone la suya y calló directo a la caja que había debajo, pone otra rupia y nada, le puso saliva a modo de pegamento, no podía fallar y nada jajaja, todas directos a la caja de donaciones, y yo tan contenta con mi monedita pegada a la pared, me sentí especial jajaja, los dioses estaban conmigo, ¡me sentí bendecida! me estaban compensando por mis días de malestar, por no poder haber ido a Aurangabad, no lo sé, pero yo salí muy contenta del lugar.
Tras esto salimos a coger el bus 132-133 con la intención de ir directos a nuestro hotel, pero que va, empezaban a pasar bus, los número escritos en Hindi, paraban y salían tan rápido que cuando querías reaccionar y entre que mirabas el número y asimilabas, ya marchaba y te quedabas con cara de tonto, así que cogimos taxi que por 53 rupias con meter, nos llevó a Mumbai station y allí por 5 rupias cogimos nuevamente tren hasta Churchgate.
Nos pasamos el resto de tarde en el centro, paseamos, compramos muchas cosas, la bisutería que decir de la bisutería, preciosas, el paraíso de las compras. Nuestras últimas hora en India, las pasé allí sentada frente a la puerta de la India, retratando cada momento, caras, situaciones que enamoran, había sido un viaje increíble, India tan diferente, tan dura pero tan especial, a pesar de mi problema estomacal había sido un viaje intenso y emocionante. Me despedí sabiendo que no volveré, quizás me equivoque, pero la llevaré en mi memoria, seré el eterno enamorado que recordará por siempre cada momento vivido, cada sensación, cada olor, mi querida India con pulso agitado, bullicio, me voy y allí se queda ella, para arropar o repeler al viajero, una experiencia inolvidable, un museo de vida.
¡No sueñes tu vida vive tu sueño!
Llegamos a la parada Mahalaxmi, la lavandería municipal se encuentra justamente cruzando las líneas de tren, desde el puente se consiguen las mejores vista de la lavandería y puedes hacerte una idea de lo grande y de la cantidad de ropa que debe haber ahí abajo tendida. Bajamos por las escaleras y accedimos pero al poco de estar dentro nos dijeron que no podíamos estar allí y bla bla bla , así que salimos, pero sinceramente lo importante a ver está desde el puente, debajo pues ellos lavando la ropa en pilas, tendiendo, etc…
Tras esto cogimos un taxi a la mezquita el cual nos llevó por 63 rupias con el meter, fue directo sin rodeos. Cuando llegamos a la mezquita yo me quedé en shock. La marea estaba baja, habíamos cuadrado la visita para encontrarla así y de este modo poder acceder, pues por lo que tengo entendido solo es accesible con marea baja. Cuando empezamos a pasar por la calzada con el mar a ambos lados , lo que mis ojos veían no era algo agradable, primero lleno de gente que se dirigía o ya terminaban su visita a la mezquita, los bordes del paseo ,a ambos lados, lleno de personas enfermas, una al lado de otra, con bandejitas para que les pusieran dinero, había gente con todo tipo de enfermedades mujeres, hombres y niños, muy desagradable, bultos, pieles con llagas, leprosos, ciegos, liciados, buffff, todos en muy mal estado, sentí tal sensación de repulsión y pena al mismo tiempo que me costó llegar a las puertas de la mezquita, al haber mucha gente te rozaban y me dio mucho asco, no soy escrupulosa ni suelo sentirme así cuando veo esas cosas pero aquello me dominó, daba gracias a todos los dioses por llevar zapato cerrado, fue tanto lo que sentí que no entré a la mezquita por no quitarme los calzado, no quería tener contacto físico con nada ni nadie, era muy muy repugnante, será también que mi estado físico después de tantos días decaída me hacía sentir esa sensación, no se lo que me pasó pero salí muy tocada de aquel lugar, la situación dominó por completo mi mente, encima la basura alrededor del paseo, el mar, las gaviotas comiendo, los enfermos pidiendo, no veía la hora de marchar sin mirar atrás
Tras este mal momento partimos para el templo Malaxhmi, que prácticamente se encuentra al lado de la mezquita. Increíble el fervor y la exaltación religiosa que se viven entre sus muros. No se puede hacer fotos en su interior, los zapatos debes dejarlo en la calle, a las puertas del templo hay tienditas que venden las ofrendas para hacer a Mahalakshmi , allí los dejamos y accedimos a él. Si deseas entrar al santuario, las mujeres van por una cola y los hombres por otra, así que muy dispuesta me puse en la cola de las mujeres, guau increíble lo vivido, la gente gritando supongo un “Viva Mahalakshmi” y todos le seguían, vamos como aquí cuando sacan a un santo. Una vez llegas en frente de la diosa, donde apenas se puede apreciar debido a la cantidad de gente y a la pasión religiosa que allí se vive, le hacen las ofrendas y te das cuenta que aquello es algo muy muy importante para ellos, yo por supuesto con todos mis respeto la observé y me aparté saliendo por un lateral. Detrás de la diosa hay una pared donde la gente ponía una moneda, a pesar de que allí no hay nada, algunas monedas quedaban pegadas a la pared, supongo que si la tuya se te pega, será buena suerte, yo me dispongo a poner la mía y allí se quedó desafiando a las leyes de la gravedad, mi marido pone la suya y calló directo a la caja que había debajo, pone otra rupia y nada, le puso saliva a modo de pegamento, no podía fallar y nada jajaja, todas directos a la caja de donaciones, y yo tan contenta con mi monedita pegada a la pared, me sentí especial jajaja, los dioses estaban conmigo, ¡me sentí bendecida! me estaban compensando por mis días de malestar, por no poder haber ido a Aurangabad, no lo sé, pero yo salí muy contenta del lugar.
Tras esto salimos a coger el bus 132-133 con la intención de ir directos a nuestro hotel, pero que va, empezaban a pasar bus, los número escritos en Hindi, paraban y salían tan rápido que cuando querías reaccionar y entre que mirabas el número y asimilabas, ya marchaba y te quedabas con cara de tonto, así que cogimos taxi que por 53 rupias con meter, nos llevó a Mumbai station y allí por 5 rupias cogimos nuevamente tren hasta Churchgate.
Nos pasamos el resto de tarde en el centro, paseamos, compramos muchas cosas, la bisutería que decir de la bisutería, preciosas, el paraíso de las compras. Nuestras últimas hora en India, las pasé allí sentada frente a la puerta de la India, retratando cada momento, caras, situaciones que enamoran, había sido un viaje increíble, India tan diferente, tan dura pero tan especial, a pesar de mi problema estomacal había sido un viaje intenso y emocionante. Me despedí sabiendo que no volveré, quizás me equivoque, pero la llevaré en mi memoria, seré el eterno enamorado que recordará por siempre cada momento vivido, cada sensación, cada olor, mi querida India con pulso agitado, bullicio, me voy y allí se queda ella, para arropar o repeler al viajero, una experiencia inolvidable, un museo de vida.
¡No sueñes tu vida vive tu sueño!

