Hoy lunes toca una nueva excursión, Kamakura y Yokohama. Nos hemos permitido levantarnos un poquitito más tarde pero tampoco os creáis.. Tras tomar el tren de la línea Yokosuka en Shinagawa tiramos para Kamakura. De nuevo es un tren "de cercanías" así que para bastante, el viaje no es largo pero se hace pesadito.
Nos bajamos en Kamakura y vamos directamente a Hase-dera. Para ello debemos cambiar a otro tren, el Enoden. No os preocupéis que no tiene pérdida, las dos estaciones (ya que no es un tren JR y por lo tanto no os lo cubre el pase) están pegadas, tenéis que salir de una, sacar el billete para Hase-dera y entrar en la mini-estación de un tren que suele tener un aspecto de otra época. Muy bonito.

Cuando bajéis en Hase, echáis a andar por la calle principal, veréis las indicaciones, y en apenas diez minutos llegáis al templo. Nosotros antes compramos dos de nuestros souvenirs favoritos: Son-Gokuu y La-Kaka, no veáis la de combates que llevan hechos, con desiguales resultados.

Hase-dera es una pasada, la fama la lleva el Gran Buda pero... este templo es una maravilla. Como dice el folleto del mismo, un templo con muchas flores y la verdad es que la jardinería ocupa un importante lugar entre sus atractivos. No os perdáis la cueva plagada de pequeñas figuritas de Benzaiten, hay zonas en las que os tendréis que agachar bastante pero mola mucho.

También la archiconocida zona de las estatuas de Jizo. Es un sector con un altar dedicado a Jizo y miles de figuras del boddishatva colocadas perfectamente alineadas. Impresionante, pero luego veríamos en Tokio otro que nos impresionó mucho más, ya os daré detalles. Como ya sabréis, este calvo simpático protege a los viajeros, a los bomberos, a los niños en general... y a aquellos que murieron antes que sus padres (abortados, niños muertos, etc. etc.) ya que se supone que dichas almas van al infierno por haber hecho sufrir a sus padres (sí, choca mucho con nuestra manera de entender las cosas) y las plegarias al Jizo es para que acoja estas almas en su manto y los proteja del castigo de acarrear piedras en la orilla de un río del inframundo.

Cambiemos de tercio: subiendo, subiendo, y llegamos a la zona principal del templo, con una estatua de Kannon de once caras realmente deliciosa, y con otro grupo de peregrinos rezando en la zona. Advierto de nuevo a todo el mundo que los cánticos pueden resultar muy cómicos, aguantad. En esta zona superior hay un mirador con unas vistas maravillosas de la costa ya que Kamakura está junto al mar, que bonito.


Y ahora viene lo bueno, la parte más alta del templo donde hay otra zona cuesta arriba perfectamente ajardinada con una cantidad suntuosa de flores, y en esta estación las hortensias brillan con todo su esplendor. Y por cierto, que aunque sean flores de la estación de lluvias que comienza ya, hoy hemos tenido suerte y luce un sol esplendoroso.





Salimos del templo y nos encaminamos a ver el Gran Buda, es una visita rápida y decir que gana al de Nara por goleada aplastante. Creo que 2-6 sería un marcador justo... je. La estatua se puede visitar por dentro y se ve el esquema y técnicas de construcción, interesante.


Es un viaje al corazón del tópico sobre China, y aunque realmente grande, tampoco te pierdes y callejear por la zona es uno de los mayores atractivos del lugar.
El barrio se encuentra delimitado por las típicas puertas chinas, muy coloridas y recargadas y relacionadas con los diferentes Elementos de la naturaleza y los puntos cardinales. En medio hay un templo que parece sacado de una película y que está dedicado al dios de los negocios, algo que no debe extrañarnos ya que todo el barrio es una gran tienda-restaurante. Recomiendo, por cierto, pasar olímpicamente de los restaurantes y tirar directamente a los puestos callejeros, con una gran cantidad de dim-sum y panecillos rellenos al vapor, con cientos de variedades. Sin lugar a dudas, se impone el picoteo que además te sumerge más en el ambiente local.




De nuevo hacemos unas compras y en uno de los servicios que encontramos (como en cualquier ciudad española, en Japón abundan los servicios públicos y suelen estar en perfecto estado de revista) vemos que a veces hay que explicarlo todo (lo siento, no hubo narices de sacar la foto enfocada, cosas de la risa) Agradecimientos, a mi señora.

Pues ya está, paseito de nuevo y llegamos a un bonito parque frente al mar, un maravilloso paseo marítimos desde el que vemos el Hikawa Maru, un buque de época; uno de los mayores faros del mundo, gente disfrutando de la tarde y de telón de fondo, el Minato Mirai.
Este distrito (su nombre significa "Futuro del Puerto") es de lo más futurista, y está lleno de edificios de curiosas formas, un parque de atracciones y la Landmark Tower, nuestro próximo destino.



Antes de llegar vamos a ver la zona de los almacenes antiguos, donde se conmemora el 150 aniversario de la apertura del puerto de Yokohama. Nunca dejará de sorprenderme, como ya os relaté, la capacidad de hacer dobles lecturas de los japoneses, y cómo un acontecimiento que levantó en armas a parte del país (la llegada de los "barcos negros" americanos para obligar a Japón a aceptar tratos con el exterior) y que provocó bombardeos de varias poblaciones y el intento de bloqueo de la Bahía de Tokio (buscad el significado de Odaiba) ahora se vea como una efeméride a celebrar y que todo sea alegría y buen rollo.
Bueno, pues que atravesamos el parque de atracciones con su gran noria y acabamos llegando a la Landmark Tower. Aprovechamos que hoy es un día despejado y subimos en uno de los ascensores más rápidos del mundo, se te taponan los oídos. Todo el tiempo vas acompañado del personal femenino del mirador que da una explicación del invento... en perfecto japonés. Lo curioso es ver cómo viajan, de cara a la pared y mirando al rincón del panel de mandos del ascensor. Está gracioso. Las vistas desde el penúltimo piso son de quitar el hipo. Hay un restaurante donde se puede cenar de picoteo, pero nosotros nos conformamos con admirar la bahía, los edificios, todo... ya os lo he dicho muchas veces, somos peces de ciudad y vivimos en un pueblo, así que esto para nosotros es el paraíso.


Nos pasamos un buen rato y vuelta de paseo a la estación, estamos molidos porque todo el día ha sido un no parar y el camino de vuelta lo hemos hecho por otra zona. Volvemos a cenar de los puestecillos callejeros y tomamos el tren Keihin Tohoku Negishi que nos lleva DIRECTOS a Okachimachi, benditos los trenes nipones. Siento que hoy no haya habido tanto que contar, es un día muy escénico, pero miradlo por el lado bueno, más para sorprenderos cuando lo veáis.
Buenas noches, criaturillas.