Bueno, día 16 de mayo, acabamos de aterrizar en el Aeropuerto de Osaka-Kansai y ya tenemos los papeles listos y el equipaje de mano colgado de la espalda (para poder salir a explorar cuanto antes, hemos utilizado dos mochilas a este efecto). Salimos del avión y nos dirigimos a una sala bastante impersonal donde pasamos el control de entrada, allí un funcionario revisa los papeles que hemos redactado y tenemos el primer conato de problema cuando ve que no hemos puesto el teléfono del ryokan en los papeles de entrada... parece que no va a ceder, pero varias sinceras sonrisas y nuestra no menos sincera ignorancia del dato (fallo por nuestra parte) lo ablandan y nos da la bienvenida a Japón.
Las maletas ya han salido (bien!! todavía hay bastante gente esperando las suyas) y tras pasar otro control donde una policía menudita y simpática te hace las típicas preguntas de a qué viene al país, dónde se va a alojar, etc. y nos deja pasar sin hacer abrir las maletas. Ahora sí, estamos en Japón, y lo primero es buscar la estación de la JR
En el aeropuerto de Kansai hay dos estaciones y ambas están una frente a la otra, no hay más que seguir las indicaciones de los carteles y llegas enseguida. Nos dirigimos a la "Midori no madogouchi" o ventanilla verde (en este caso, una oficina completa) y le entregamos a la empleada de JR los resguardos. Primera pega: su inglés es muy deficiente, y ya sé que es lo normal en Japón pero estando en un aeropuerto... vamos.... bueno el caso es que con buena voluntad (y un paraguas, la chica tiene los dientes como si hubiera escondido una bola de billar en la boca, todo para fuera) nos entrega los rail passes sellados y conseguimos que nos venda unos pases de un día para la zona de Kansai (gracias, Chavetas) con los que podremos coger el Haruka, el tren que nos llevará a Kyoto y que hace el recorrido desde el aeropuerto. Debido a que ya estoy suficientemente mojado decido declinar amablemente la oferta de la chica de hacernos las reservas... al fin y al cabo las llevo todas esquematizadas en una hoja de excel y supongo que no habrá muchas pegas en la estación de Kyoto. Así que pillamos los bártulos y mientras esperamos en el andén subterráneo vamos dándonos cuenta de que ahora sí que sí, la aventura con mayúsculas ya ha empezado: ¡mira, bento!, ¡mira, mercancias a la venta sin nadie vigilando, y máquinas expendedoras!, ¡ondia!. Por cierto, el amigo Haruka es así:
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Las maletas ya han salido (bien!! todavía hay bastante gente esperando las suyas) y tras pasar otro control donde una policía menudita y simpática te hace las típicas preguntas de a qué viene al país, dónde se va a alojar, etc. y nos deja pasar sin hacer abrir las maletas. Ahora sí, estamos en Japón, y lo primero es buscar la estación de la JR
En el aeropuerto de Kansai hay dos estaciones y ambas están una frente a la otra, no hay más que seguir las indicaciones de los carteles y llegas enseguida. Nos dirigimos a la "Midori no madogouchi" o ventanilla verde (en este caso, una oficina completa) y le entregamos a la empleada de JR los resguardos. Primera pega: su inglés es muy deficiente, y ya sé que es lo normal en Japón pero estando en un aeropuerto... vamos.... bueno el caso es que con buena voluntad (y un paraguas, la chica tiene los dientes como si hubiera escondido una bola de billar en la boca, todo para fuera) nos entrega los rail passes sellados y conseguimos que nos venda unos pases de un día para la zona de Kansai (gracias, Chavetas) con los que podremos coger el Haruka, el tren que nos llevará a Kyoto y que hace el recorrido desde el aeropuerto. Debido a que ya estoy suficientemente mojado decido declinar amablemente la oferta de la chica de hacernos las reservas... al fin y al cabo las llevo todas esquematizadas en una hoja de excel y supongo que no habrá muchas pegas en la estación de Kyoto. Así que pillamos los bártulos y mientras esperamos en el andén subterráneo vamos dándonos cuenta de que ahora sí que sí, la aventura con mayúsculas ya ha empezado: ¡mira, bento!, ¡mira, mercancias a la venta sin nadie vigilando, y máquinas expendedoras!, ¡ondia!. Por cierto, el amigo Haruka es así:
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El Haruka no es que vaya demasiado rápido que digamos (lo de Express será por el café del coche restaurante) y la verdad es que ya tenemos ganas de llegar. Al fin en Kyoto y con algo de sueño, salimos a la monumental estación de la ciudad. Yo siempre presumo de mi sentido de la orientación y de saber interpretar los mapas con facilidad y en este caso va a seguir la racha. Tras mostrar el pase de un día a los controladores (es igual que con el Rail Pass, donde estén los tornos de salida siempre habrá uno junto a una caseta u oficina donde hay un simpático operario que te abre la puerta al enseñar el pase), buscamos las indicaciones de "exit" en nuestro caso específico las que indiquen "Norte", "buses" o "Tokyo Tower", y en un momento estamos a la salida de la estación, justo donde paran los autobuses y frente a la Torre de Kyoto que inmediatamente me recuerda al pirulí de Torrespaña.

Bueno, y ahora a buscar el ryokan. Se llama Kyoraku y según los mapas, el Google maps etc. no debe estar muy lejos y efectivamente, a menos de cinco minutos de la estación, con una tienda 24 horas Lawson al lado y un montón de pachinkos y otros locales más. Al llegar me gusta la entrada, madera, tiene pinta de nuevo, saludo con un "Konbanwaaa" y una gran sonrisa, entrego los papeles mientras balbuceo "yoyaku... reservation" y el muchacho que atiende nos explica que todo está en orden pero que el check in es a partir de las tres y apenas son las doce y pico, así que como ya teníamos previsto el percance, cogemos las mochilas y Kyoto agárrate que vienen curvas!!
Volvemos a la estación de autobuses y entramos en la oficina, compramos dos pases de un día y nos dan también un mapa (el famoso busnavi) con el que podemos planear mejor nuestros movimientos. Tengo muy claro que no nos vamos a constreñir con los servicios de los raku-bus y que vamos a coger el que mejor nos venga sin importar lo más o menos adaptado que esté para demonios occidentales blancos

El templo por fuera no es nada del otro mundo aunque si no has visto antes templos budistas debe impresionar bastante. Lo realmente acongojante viene en su interior (vaya, no dejan sacar fotos): mil y una reproducciones de Kannon, la diosa budista de la misericordia, casi idénticas (se pueden ver las diferencias entre ellas) puestas en una especie de grada cual si un estadio de juegos olímpicos celestiales se tratase y los 28 dioses guardianes delante. Vistas las imágenes de los guardianes, que luego se repetirán en casi todos los templos, es fácil darse cuenta de dónde sacan la inspiración muchos dibujantes de manga. Junto a cada estatua de un guardián, así como junto a la de la Kannon principal, bastante mayor que el resto, hay un cartel en inglés que te explica el papel de cada uno de los guardianes y retazos de filosofía budista. Otra nota que observamos y que también se va a repetir asiduamente en todos los templos es que hay un instituto de visita. Los institutos japoneses se distinguen de los españoles en las excursiones en que el profesor no busca un rincón donde apurar la cicuta que ha traído en la fiambrera y se echa de menos al gañán preadolescente que grita "Ojcar, ein Ojcar mira ka feo lihoputa este, buasss)
Salimos del templo y tomamos de nuevo el bus hasta la estación, tengo tanta hambre que me comería un durian sin pelar, así que bajamos a los subterraneos donde hay un centro comercial (otra cosa muy común por estos pagos) con un buen surtido de restaurantes, buscamos uno donde veamos los modelos en el escaparate (casi todos) y donde sirvan ramen, y adentro. Primera experiencia con el sonoro "irrashaimasheee" con el que te dan la bienvenida en cualquier establecimiento y tras servirnos el agua con hielo de rigor (en otros sitios ponen té) miramos la carta, aunque estamos decididos desde la puerta: unos bols de ramen enormes, como jofainas con todo: udon, varias verduras, huevo, mocchi, abura-age, pastel de pescado, bufff mi esposa no puede con el suyo, pero yo hago un esfuerzo y acabo con ambos y con una sensación de embarazo sietemesino... esto es la gloria... Salimos a pagar: en Japón se suele pagar a la salida, donde hay una caja registradora, tú dejas el dinero en una bandejita de plástico y ellos te dan el cambio en la mano.

Como todavía queremos ver más cosas tomamos otro bus y nos dirigimos al Toji (casi se puede ir directamente andando desde la estación). Al bajar del bus, otro detalle por el que adoras a esta gente rápido: el chofer viendo nuestra cara de lechuguinos conforme bajamos nos dice "Toji? Toji?" yo le digo "hai!!" y nos hace unas señas indicándonos el camino a seguir, qué bien!!! Lo cierto es que quedaba un poquito retirado de la parada y la señalización no es tan buena como la que luego vamos a ver por ejemplo, en Kiyomizu-dera o en el Kinkakuji. Llegamos al templo y tras sacar la entrada para poder recorrerlo todo vamos entrando a los diferentes pabellones.
Como bien se explica en las guías, lo mejor del Toji son las estatuas, tallas enormes en madera, de los siglos VIII y IX que se encuentran tanto en el Hall principal como en el Kodo, muy bellas; y por supuesto, la pagoda de cinco alturas (la primera de muchísimas que veremos) que es la mayor de todo Japón. Es una lástima que el exterior de estos templos dejen claro el tiempo que tienen y que la contaminación de la ciudad no ayude, con todo y con eso, son impresionantes.

Bueno, pues ya son más de las tres y estamos cerca del ryokan, así que tomamos el bus de vuelta y esta vez sí, hacemos el check-in. Primera anécdota, el propietario (más bien creo que es el hijo de la propietaria) es un chico joven y apocado que habla un inglés correcto y que padece una incapacidad patológica para ir directo al grano, así que tras darnos la bienvenida nos lee con todo detalle el papelito que te dan en todos los hoteles con los horarios del desayuno, si hace falta reservar o no, te muestra y explica un mapa de la zona y otro de Kyoto (bastante bueno por cierto) con todo lujo de detalles, te muestra la zona de la estación que es donde estamos.... y en la habitación lo mismo, te enseña el baño, cada rincón, te explica que puedes dejar las maletas en el armario (ahhh, yo creía que eran para que se alojara Toshío, el espíritu fantasmal)... bufff. Vale, adora su trabajo y lo hace minuciosamente, peor sería lo contrario.
En la habitación hay un par de yukatas. Tiene un buen tamaño, dos futones individuales que se pliegan durante el día y que se pueden juntar fácilmente, una mini-tele con sólo canales japoneses (no tiene ningún canal sintonizado en el dos, una superstición) y un baño de estilo occidental. Para los morbosos, el wc es normalito, no de "chorros". La bañera es pequeña pero profunda. Todo está en orden. Como curiosidad, decir que el agua del lavabo está compartida con la ducha, hay una llave de paso con la que controlas si quieres agua en un sitio u otro pero no parece problema.

NOTA: Sí, la fecha de las fotos está mal, un fallo al programar la cámara
También nos explica que hay una lavadora y una secadora de monedas en el piso de abajo, donde los dormitorios con baño compartido, y se marcha. Hacemos un primer alto para asearnos y cambiarnos de ropa y salimos a pasear a Gion. De nuevo el bus y bajamos justo al lado del Yasaka Jinja, y aprovechando que anochece y que los puestecillos de "supermercado de amuletos" (hola, Ted!!) ya han cerrado, aprovechamos para visitarlo y así lo sacamos del día de Higashiyama que lo llevamos cargadito. El lugar es muy cuco, muchas escaleras (otra característica típica de Japón) y la sensación de que en dos pasos entras en un reino de magia, que el reloj se ha parado en un tiempo mítico y perdido para siempre, el ambiente es sobrecogedor, con parejas de japoneses siguiendo el ritual sintoista para hacer sus peticiones a los dioses, de vez en cuando se oye una campana sacudida, dos palmadas, y silencio... curiosamente a menos de 300 metros hay bastante algarabía en un barrio bastante animado generalmente. El santuario es muy conocido por haber parado una epidemia y por ser el epicentro del muy conocido festival de Gion, pero esta noche es (casi) para nosotros solos

Después de alucinar un rato, echamos a andar hacia el barrio de Gion y por supuesto, nos salimos rápido de la avenida principal y callejeamos. Las calles de Gion son muy tradicionales, construcciones bajas y una gran cantidad de restaurante, bares, etc. en definitiva, locales de ocio con aire tradicional de donde uno juraría que va a salir un ronin borracho de un momento a otro buscando gresca

Nos llegamos hasta Pontocho pero las fuerzas ya flaqueaban así que buscamos un sitio donde cenar y volvimos al ryokan en busca de un sueño reparador, que mañana toca matsuri y hay que estar en forma. Lo de dormir en un futón, sin problemas: yo tengo problemas lumbares y lo pasé bastante bien. Además es imposible caerse de la cama, aunque si te mueves mucho por las noches, lo mismo te despiertas con un pie ajeno en la boca...
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