Hace algunos años Easyjet nos sorprendió gratamente al de establecer una conexión entre Asturias y Ginebra, circunstancia que mis dos hermanas mayores y yo decidimos aprovechar para realizar un viaje a Suiza a finales de julio.
Disponíamos nada más de una semana y dado que mi hermana mediana tiene ciertos problemas de salud que no le permiten demasiado trajín, optamos por quedarnos en Ginebra, lo que era más cómodo para ella, y desde allí movernos a las ciudades principales del país.
Sacamos los billetes y reservamos el hotel por internet. No fue una planificación laboriosa, la verdad.
Así pues llegó el día de coger el avión. Llegar a Ginebra y sobrevolar el Lago Leman es uno de los aterrizajes más espectaculares y bonitos que recuerdo. En el aeropuerto buscamos la manera de llegar al hotel. Con muy buena frecuencia salen trenes que unen el aeropuerto con el centro, cogemos uno que nos deja en la Gare de Cornavin o estación central. Desde ahí son unos 15 minutos andando hasta el hotel, así que nos merece la pena hacer el trayecto a pie, aunque sea con las maletas a cuestas.
Nuestro hotel es el Drake Longchamp, muy bien situado, cerca de la estación de trenes, de varias paradas de autobús y del embarcadero. Al registrarnos nos facilitan a cada una una tarjeta que nos confiere el uso gratuito de todos los transportes públicos de la ciudad durante nuestra estancia, es decir, autobús, trolebús, tranvía y barco, cortesía que agradecemos mucho. Nuestra habitación es una triple bastante amplia y tiene también una pequeña cocina, con fogones eléctricos, nevera y todos los utensilios necesarios. Estamos encantadas en nuestro pequeño e inesperado apartamento! Habíamos comido en el aeropuerto antes de salir, así que rápidamente estamos listas para ir a dar una vuelta de reconocimiento por el centro.
El día está bastante gris y no parece que la lluvia vaya a pasar de largo. Al lado del hotel tenemos la parada de autobús, muchas líneas llevan al centro y tienen muy buena frecuencia, así que llegamos enseguida. La primera impresión que recibimos nada más apearnos en el Puente de Mont Blanc es que es una ciudad manejable en tamaño, acorde a las dimensiones del país. Su situación es inmejorable, a orillas del precioso lago Leman, es una pena que el día no acompañe para disfrutar de las vistas.
Lo primero que nos encontramos es el Grand Theatre, bonito, pero idéntico a tantos otros a lo largo y ancho de Europa. En la planta baja hay un restaurante con pinta de prohibitivo.

Continuamos por el paseo que discurre a la orila del lago, el Quai Gustave Ador. En la fecha que estamos, finales de julio, tiene lugar una feria y es sito está de los más animado, con muchos puestos de comida, atracciónes, actuaiones callejeras, etc.
Nos adentramos luego en el Jardin Anglais que data de 1854 y alberga el Monumento Nacional, una estatua de dos mujeres - la "República de Ginebra" y "Helvetia" que simboliza la unión de Ginebra a la Confederación Suiza el 12 de septiembre de 1814 (Jardín inglés) y el Horloge Fleurie (Reloj de Flores), confomado por más de 6000 plantas, según leímos. Es el más grande del mundo, con 5m de diámetro, y es un homenajea a la pujante y lujosa industria relojera del país.
Callejeamos un rato y enseguida empieza a caer una fina llovizna, el tiempo refresca bastante y no nos da pie a realizar un recorrido tan largo como nos hubiera gustado. Aún así vemos una parte del centro y la zona comercial. Nos refugiamos de la lluvia curioseando en las tiendas de la calle principal y sin darnos cuenta llega la hora del cierre, bastante temprano según nuestros horarios españoles.
A última hora nos acercamos a la zona de los organismos europeos. Vemos la entrada a la ONU, pues Ginebra es su sede europea, presidida por todas las banderas de los países miembro.
En la explanada que hay justo delante se levanta una silla tamaño XXL, apoyada solo sobre tres patas. Como me sucede siempre con el arte contemporáneo, para mí es un misterio su significado, pero de todos modos nos parece una escultura original y le hacemos una foto.
Como vuelve a llover, ponemos rumbo al hotel esperando que mañana el tiempo sea más benevolente.
Disponíamos nada más de una semana y dado que mi hermana mediana tiene ciertos problemas de salud que no le permiten demasiado trajín, optamos por quedarnos en Ginebra, lo que era más cómodo para ella, y desde allí movernos a las ciudades principales del país.
Sacamos los billetes y reservamos el hotel por internet. No fue una planificación laboriosa, la verdad.
Así pues llegó el día de coger el avión. Llegar a Ginebra y sobrevolar el Lago Leman es uno de los aterrizajes más espectaculares y bonitos que recuerdo. En el aeropuerto buscamos la manera de llegar al hotel. Con muy buena frecuencia salen trenes que unen el aeropuerto con el centro, cogemos uno que nos deja en la Gare de Cornavin o estación central. Desde ahí son unos 15 minutos andando hasta el hotel, así que nos merece la pena hacer el trayecto a pie, aunque sea con las maletas a cuestas.
Nuestro hotel es el Drake Longchamp, muy bien situado, cerca de la estación de trenes, de varias paradas de autobús y del embarcadero. Al registrarnos nos facilitan a cada una una tarjeta que nos confiere el uso gratuito de todos los transportes públicos de la ciudad durante nuestra estancia, es decir, autobús, trolebús, tranvía y barco, cortesía que agradecemos mucho. Nuestra habitación es una triple bastante amplia y tiene también una pequeña cocina, con fogones eléctricos, nevera y todos los utensilios necesarios. Estamos encantadas en nuestro pequeño e inesperado apartamento! Habíamos comido en el aeropuerto antes de salir, así que rápidamente estamos listas para ir a dar una vuelta de reconocimiento por el centro.
El día está bastante gris y no parece que la lluvia vaya a pasar de largo. Al lado del hotel tenemos la parada de autobús, muchas líneas llevan al centro y tienen muy buena frecuencia, así que llegamos enseguida. La primera impresión que recibimos nada más apearnos en el Puente de Mont Blanc es que es una ciudad manejable en tamaño, acorde a las dimensiones del país. Su situación es inmejorable, a orillas del precioso lago Leman, es una pena que el día no acompañe para disfrutar de las vistas.
Lo primero que nos encontramos es el Grand Theatre, bonito, pero idéntico a tantos otros a lo largo y ancho de Europa. En la planta baja hay un restaurante con pinta de prohibitivo.
Continuamos por el paseo que discurre a la orila del lago, el Quai Gustave Ador. En la fecha que estamos, finales de julio, tiene lugar una feria y es sito está de los más animado, con muchos puestos de comida, atracciónes, actuaiones callejeras, etc.
Nos adentramos luego en el Jardin Anglais que data de 1854 y alberga el Monumento Nacional, una estatua de dos mujeres - la "República de Ginebra" y "Helvetia" que simboliza la unión de Ginebra a la Confederación Suiza el 12 de septiembre de 1814 (Jardín inglés) y el Horloge Fleurie (Reloj de Flores), confomado por más de 6000 plantas, según leímos. Es el más grande del mundo, con 5m de diámetro, y es un homenajea a la pujante y lujosa industria relojera del país.
Callejeamos un rato y enseguida empieza a caer una fina llovizna, el tiempo refresca bastante y no nos da pie a realizar un recorrido tan largo como nos hubiera gustado. Aún así vemos una parte del centro y la zona comercial. Nos refugiamos de la lluvia curioseando en las tiendas de la calle principal y sin darnos cuenta llega la hora del cierre, bastante temprano según nuestros horarios españoles.
A última hora nos acercamos a la zona de los organismos europeos. Vemos la entrada a la ONU, pues Ginebra es su sede europea, presidida por todas las banderas de los países miembro.
En la explanada que hay justo delante se levanta una silla tamaño XXL, apoyada solo sobre tres patas. Como me sucede siempre con el arte contemporáneo, para mí es un misterio su significado, pero de todos modos nos parece una escultura original y le hacemos una foto.
Como vuelve a llover, ponemos rumbo al hotel esperando que mañana el tiempo sea más benevolente.