Amanece soleado, pero la previsión para hoy es bastante inestable, se esperan lluvias a lo largo del día. Buag
Bajamos a desayunar y para nuestro deleite vemos que el bufete está muy bien surtido.
Una vez en la calle cogemos el autobús hasta el centro y empezamos las visitas. Ascendemos hasta la Plaza de la Treille, espacio verde que acoge el festival de música y el banco más largo del mundo, con más de 120m de largo, o al menos es lo que allí viene señalado. Por debajo de la puerta neoclásica accedemos al casco antiguo y lo primero que encontramos es el Ayuntamiento, que alberga la especialmente famosa sala Alabama en la que tuvo lugar la primera Convención de Ginebra, en la que nació Cruz Roja Internacional.
A continuación llegamos a la Plaza de Bourg de Four, auténtico corazón de lo que fue el burgo medieval.

Seguimos hasta la Catedral protestante de Sant Pierre, edificio insólitamente pequeño que combina varios estilos arquitectónicos: románico, gótico y neoclasico. Destaca en su interior la capilla de los Macabeos, de estilo gótico, y una silla que según parece perteneció a Juan Calvino.

Subimos a la torre para disfrutar de las vistas sobre el lago.
Por allí cerca nos topamos con el busto de Herni Dunant, fundador de la Cruz Roja tras la cruenta batalla de Solferino y flamante hijo de la ciudad.
Después entramos en el céntrico Parque de los bastiones, donde se encuentra el muro de la reforma. De tamaño gigantesco, se comenzó a levantar 1909, en el 400 aniversario del nacimiento de Calvino. El monumento está dedicado a los cuatro reformistas más importantes: Juan Calvino, Théodore de Bèze, John Knox y Guillaume Farel.
También allí se encuentra el ajedrez gigante, un inmenso tablero con piezas de medio metro de altura, que permite a quienes así lo deseen mantener una partida al aire libre de este sesudo juego mientras un montón de curiosos observan y comentan las jugadas.
Todavía nos da tiempo a recorrer el mercado de Plainpalais, famoso mercado de pulgas se celebra cada martes, viernes y domingo y en el que se amontonan antigüedades, libros y ropa de segunda mano y los más variopintos objetos de dudosa utilidad.
Después de comer regresamos al centro, esta vez cruzando el lago en barco, cosa que nos encanta por lo desacostumbrado de coger una barca como transporte público.
En primer lugar nos acercamos al Jet d´eau, símbolo absoluto de la ciudad. Es un mega-chorro que se eleva hasta 140m por encima de las aguas del lago Leman. Un espigón atestado de gente conduce hasta la base del surtidor. Es imposible acercarse a él sin acabar empapado, tal es la fuerza del agua. La fuente se ilumina por la noche y cuando brilla el sol, la refracción de la luz a través de los millones de gotas produce un gigantesco arcoíris.
Seguimos caminando y encontramos la estatua que homenajea a Jean Jacques Rousseau, pues Ginebra es la ciudad natal del filósofo. Ahora comienza a lloviznar, de nuevo las tiendas del centro se convierten en nuestro refugio. Disfrutamos contemplando los escaparates de la milla de oro y las carísimas relojerías, aunque más nos hubiera gustado entrar dentro y arrasar la visa!
Antes de regresar al hotel nos detenemos en la estación de tren para informarnos sobre las distintas posibilidades de los bonos de viaje. La red suiza de ferrocarril cuenta con buenos servicios, trenes rápidos y modernos, pero he de decir que viajar en tren no sale barato. Nosotras nos decantamos por esta opción: un bono individual que permite realizar viajes ilimitados durante 4 días consecutivos. Sale por unos 230€ y es más barato que comprar los viajes individualmente.
Finalizamos el día tomando algo en la terraza del Hotel Berna, delante de la estación.
Bajamos a desayunar y para nuestro deleite vemos que el bufete está muy bien surtido.
Una vez en la calle cogemos el autobús hasta el centro y empezamos las visitas. Ascendemos hasta la Plaza de la Treille, espacio verde que acoge el festival de música y el banco más largo del mundo, con más de 120m de largo, o al menos es lo que allí viene señalado. Por debajo de la puerta neoclásica accedemos al casco antiguo y lo primero que encontramos es el Ayuntamiento, que alberga la especialmente famosa sala Alabama en la que tuvo lugar la primera Convención de Ginebra, en la que nació Cruz Roja Internacional.
A continuación llegamos a la Plaza de Bourg de Four, auténtico corazón de lo que fue el burgo medieval.
Seguimos hasta la Catedral protestante de Sant Pierre, edificio insólitamente pequeño que combina varios estilos arquitectónicos: románico, gótico y neoclasico. Destaca en su interior la capilla de los Macabeos, de estilo gótico, y una silla que según parece perteneció a Juan Calvino.
Subimos a la torre para disfrutar de las vistas sobre el lago.
Por allí cerca nos topamos con el busto de Herni Dunant, fundador de la Cruz Roja tras la cruenta batalla de Solferino y flamante hijo de la ciudad.
Después entramos en el céntrico Parque de los bastiones, donde se encuentra el muro de la reforma. De tamaño gigantesco, se comenzó a levantar 1909, en el 400 aniversario del nacimiento de Calvino. El monumento está dedicado a los cuatro reformistas más importantes: Juan Calvino, Théodore de Bèze, John Knox y Guillaume Farel.
También allí se encuentra el ajedrez gigante, un inmenso tablero con piezas de medio metro de altura, que permite a quienes así lo deseen mantener una partida al aire libre de este sesudo juego mientras un montón de curiosos observan y comentan las jugadas.
Todavía nos da tiempo a recorrer el mercado de Plainpalais, famoso mercado de pulgas se celebra cada martes, viernes y domingo y en el que se amontonan antigüedades, libros y ropa de segunda mano y los más variopintos objetos de dudosa utilidad.
Después de comer regresamos al centro, esta vez cruzando el lago en barco, cosa que nos encanta por lo desacostumbrado de coger una barca como transporte público.
En primer lugar nos acercamos al Jet d´eau, símbolo absoluto de la ciudad. Es un mega-chorro que se eleva hasta 140m por encima de las aguas del lago Leman. Un espigón atestado de gente conduce hasta la base del surtidor. Es imposible acercarse a él sin acabar empapado, tal es la fuerza del agua. La fuente se ilumina por la noche y cuando brilla el sol, la refracción de la luz a través de los millones de gotas produce un gigantesco arcoíris.
Seguimos caminando y encontramos la estatua que homenajea a Jean Jacques Rousseau, pues Ginebra es la ciudad natal del filósofo. Ahora comienza a lloviznar, de nuevo las tiendas del centro se convierten en nuestro refugio. Disfrutamos contemplando los escaparates de la milla de oro y las carísimas relojerías, aunque más nos hubiera gustado entrar dentro y arrasar la visa!
Antes de regresar al hotel nos detenemos en la estación de tren para informarnos sobre las distintas posibilidades de los bonos de viaje. La red suiza de ferrocarril cuenta con buenos servicios, trenes rápidos y modernos, pero he de decir que viajar en tren no sale barato. Nosotras nos decantamos por esta opción: un bono individual que permite realizar viajes ilimitados durante 4 días consecutivos. Sale por unos 230€ y es más barato que comprar los viajes individualmente.
Finalizamos el día tomando algo en la terraza del Hotel Berna, delante de la estación.