Parque Nacional Torres del Paine by Juan Hernando Martín, en FlickrPuerto Natales está lleno de agencias que te organizan la visita a Torres del Paine. Mucha gente, especialmente jóvenes, solo usan el transporte para llegar allí y disfrutar del lugar haciendo senderismo y acampando durante tres o cinco días. Como nosotros no somos tan jóvenes, y además, teníamos tiempo limitado, nos apuntamos a una excursión de día completo dónde nos recogían en el hotel y nos llevaban a ver los lugares más destacados accesibles para automóviles. En la furgoneta íbamos, aparte del conductor y la guía colombiana, seis parejas. Curiosamente, tres chilenas y tres españolas. Todos mayores que nosotros, salvo una de las parejas de chilenos.
Parque Nacional Torres del Paine by Juan Hernando Martín, en FlickrLa ruta está asfaltada desde Puerto Natales, hasta que llega a un punto en que se convierte en camino de grava, que aquí llaman ripio, más apto para todo terrenos, aunque por aquí circulan todo tipo de vehículos.
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Parque Nacional Torres del Paine by Juan Hernando Martín, en FlickrLa sorpresa fue grande cuando, en una vuelta del camino, vimos que había una gran concentración de animales. La causa era la existencia de un guanaco muerto, del que estaba dando buena cuenta un zorro, y alrededor, acechando, una gran cantidad de cóndores y otras rapaces. El cóndor es un animal carroñero, así que tiene que esperar su turno para disfrutar del festín.
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Parque Nacional Torres del Paine by Juan Hernando Martín, en FlickrComo pudimos comprobar unos kilómetros más adelante, en el parque viven una gran cantidad de guanacos que suelen agruparse en grandes manadas. Son animales protegidos y dóciles. Te puedes acercar a ellos y no se asustan demasiado. Pero hay que tener cuidado porque si se enfadan, te pueden llegar a escupir. Nos contaron que como la población de guanacos es grande, está aumentando también la población de pumas en la zona, ya que es el único depredador que los puede cazar. Eso sí, el puma es más complicado de encontrar, pues no suele hacer buenas migas con los turistas.
Parque Nacional Torres del Paine by Juan Hernando Martín, en Flickr
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Parque Nacional Torres del Paine by Juan Hernando Martín, en Flickr¿ Por qué se llama “Torres del Paine” ?. Al parecer, Paine quiere decir “Azul” en la lengua de los antiguos habitantes de estas tierras. Las montañas, tan verticales, parecen auténticas torres. Así que se podría concluir que son las “Torres Azules”. Lo cierto es que las Torres no son los únicos picos de este imponente macizo. También cuenta con numerosas montañas tales como los Cuernos del Paine y otras de cuyos nombre directamente no nos acordamos. Para eso están los mapas. Se llamen como se llamen, es un lugar de imponente belleza.
Parque Nacional Torres del Paine by Juan Hernando Martín, en Flickr
Parque Nacional Torres del Paine by Juan Hernando Martín, en FlickrLa excursión incluía un almuerzo sencillo, preparado por el conductor y la guía, que se convertían en cocinero y camarera para la ocasión. En un gran hornillo de gas, nos cocinaron diversos tipos de carne, que podíamos acompañar con arroz, ensalada de tomate o maíz, y regar con Coca Cola o vino tinto de la tierra. Por cierto, magníficos los vinos chilenos.
Parque Nacional Torres del Paine by Juan Hernando Martín, en FlickrPara bajar la comida, una ligera caminata para llegar al lago Grey, donde desemboca el glaciar del mismo nombre. Para llegar a verlo, primero hay que atravesar un bonito puente colgante que, además está sometido al soplido de fuertes vientos laterales. El viento patagónico es un enemigo constante, sobre todo en verano. Puede llegar a tirarte si te pilla por sorpresa, así que hay que andar siempre con mucho cuidado.
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Parque Nacional Torres del Paine by Juan Hernando Martín, en FlickrDe regreso a Puerto Natales, queda por visitar la cueva del Milodón. Esta profunda y ancha caverna fue, en tiempo prehistórico, el hogar de animales y humanos. Aquí se encontró el esqueleto de un milodón, una especie de oso perezoso, pero de dos metros.
Cueva del milodón by Juan Hernando Martín, en FlickrAl día siguiente tocó madrugar, pues a las siete de la mañana salía el bus con destino a El Calafate, ya en Argentina. Tocaba traspasar nuestra última frontera, y decir adiós a Chile después de 24 días por esas hermosas y diversas tierras.