Aprovecho este momento para volver a recordar que los campings en Nueva Zelanda son magníficos, baratos, con buenos servicios y ubicados en verdaderos paraísos. Despertarte cada día viendo un lugar maravilloso te alegra el día nada más mirar afuera a través de la ventana de tu Autocaravana

En la segunda jornada, siguiendo hacia el norte de nuevo, vimos la península de Otago, los Moeraki Boulders y Oamaru.
La península de Otago parte de Dunedin, y es un camino de ida y vuelta. Así que, aunque a nosotras nos gustó, entiendo que si el tiempo es más limitado sería una de las cosas a descartar en el itinerario.
Los Moeraki Boulders son unas caprichosas formaciones rocosas muy especiales que sí merecen totalmente la visita.
Según las tradiciones orales, los Moeraki, son piedras sagradas para los maoríes. Descansan en la playa Koekohe y son esferas que van del medio metro a los más de 3 metros y llegan a pesar hasta 7.000 kilos!
La mejor manera de observarlas es con marea baja, así que debéis consultarlo antes de ir.
Leímos que tienen una energía magnética, como la de la Isla de Pascua que consideran como Te henua, el ombligo del mundo.
También dicen que si pones una brújula sobre ellas, ésta empieza a dar vueltas. Lástima de no haber podido experimentarlo. Ni tampoco guardar documentos gráficos gracias a la tarjeta, que debió de sufrir también la fuerza magnética
No os preocupéis que aquí os dejo una muestra de su belleza y encanto mágico.
En cuanto a Oamaru, para mí es totalmente recomendable pero debéis tener en cuenta que los horarios de observación de los pingüinos son por la tarde y noche. Fue un error no hacer noche en esta zona porque esa noche ya dormíamos en el magnífico Monte Cook y a la hora que fuimos aún los pingüinos estaban en el mar en busca de comida
Empecemos por el principio para que podáis entender el atractivo de Oamaru. Este histórico pueblo costero es el hogar de una colonia permanente de pequeños pingüinos azules que al atardecer regalan a los visitantes un espectáculo único. También es posible observar, con más fortuna, pingüinos de ojos amarillos como los que vimos en Curio Bay.
Aquí podéis consultar los horarios, las visitas guiadas y otra información interesante.
En vista de que la falta de planificación nos iba a impedir disfrutar de esta raza de pingüinos enanos visitamos el interesante centro de interpretación, con una exposición, huertas, proyectos educativos y una tienda.
Y al volver de nuevo a la carretera las curiosas señales de tráfico nos advertían que recordásemos que aquel era el hogar de los simpáticos y diminutos pingüinos.

Claro que continuamos el camino apenadas, pero la sensación fue muy efímera pues recordamos al momento que nuestro próximo destino era uno, sino el más, de los imprescindibles del viaje: la zona del Monte Cook