Nos levantamos en nuestro apartamento de Akureyri a las 8:00. Desayunamos, recogemos y leemos el correo. Hay un email de Cars Iceland acusando recibo del nuestro y diciendo que se lo pasan a Blue Car Rental porque no está en sus manos tomar ninguna decisión.
Para no variar, ha amanecido nublado e incluso está lloviznando. ¿Es que no vamos a tener un solo día de cielo azul?
Salimos a las 9:30. Hoy vamos a recorrer todo el norte de Islandia hasta Hvammstangi. Tenemos señalados varios posibles puntos que visitar, pero vamos a seleccionar sólo algunos porque el día no da para tanto y siempre acabamos agotados.

Pero lo primero es ir a Jolagardurinn, que lo cancelamos ayer por querer llegar pronto a Akureyri. Es una tienda de adornos navideños que está abierta todo el año y está decorada como una auténtica casita de cuento. Para ello cogemos la 821 y conducimos los 11 kilómetros que hay desde Akureyri.
La tienda es una preciosidad. Está decorada con mucho mimo y con todo detalle, tanto por dentro como por fuera. A los niños les debe de encantar. Tiene a la venta todo tipo de adornos navideños y además dulces, galletas típicas, mermeladas, manteles y muchas cositas de decoración para la mesa y la cocina. Todo muy bonito pero con precios un poco altos para nosotros, así que no nos animamos a traernos ningún recuerdo.


A las 10:15 volvemos hacia Akureyri y ponemos rumbo al oeste por la N1. Hemos decidido descartar Laufás y Holar e ir directamente a Glaumbær. En los tres lugares hay casas con tejado de turba, pero Laufás y Holar están a más distancia de la N1 y la verdad es que a estas alturas del viaje ya va cansando un poco el volante, así que nos quedamos con Glaumbær.
A mitad de camino hacia Glaumbær deja de llover y empiezan a abrirse huequecitos de cielo azul… ¡a ver si hoy por fin se produce el milagro y tenemos un día entero de sol!
El paisaje es muy solitario; montañas de musgo con hilillos de agua resbalando por cualquier grieta, a ambos lados de la carretera. Ovejitas por todas partes. Casitas aisladas en mitad de las praderas. No hay poblaciones en muchos kilómetros. En todo el trayecto nos cruzamos con poquísimos coches.

A medida que avanzamos hacia el oeste se va abriendo más y más cielo azul. A la altura de Varmahlíð cogemos la 75 a mano derecha y cuando, a las 11:45, llegamos a Glaumbær, casi podemos decir que está completamente despejado.
Las casitas de turba de Glaumbær nos encantan. Se trata de una antigua granja formada por varias casitas agrupadas, algunas de ellas conectadas interiormente entre sí, y todas cubiertas con tejados de turba. Cuando los últimos habitantes de la granja la abandonaron en 1947, el conjunto fue convertido en un museo donde se muestra cómo era la vida allí.


La casa más grande era la vivienda de los granjeros y hay que pagar entrada para verla por dentro (1.500 ISK adultos y 1.100 ISK estudiantes). Las más chiquititas son una especie de cobertizos y tienen la puerta abierta para que te puedas asomar a ver cómo están dispuestas por dentro:

Al lado de las casitas de turba hay una edificación amarilla en cuya planta alta se encuentra una curiosa cafetería llamada Áskaffi. Está distribuida en varias estancias, todas ellas decoradas como los antiguos salones de té, con sus pequeñas mesitas redondas, sus manteles bordados, sus tazas de porcelana y sus camareras vestidas a la antigua usanza, que sirven tartas tradicionales islandesas con café, té o chocolate. Nos da la vena caprichosa y nos pedimos una porción de tarta cada uno, dos cafés, un té y un chocolate. En total, unos 42 € al cambio. De café se puede repetir. Muy agradable todo.


Reanudamos camino a las 13:00. Unos cuarenta y cinco minutos después pasamos por Blönduós, donde nos llama la atención su moderna iglesia, que se ve a la derecha desde la N1. Paramos a verla de cerca y a hacerle unas fotos. Visitarla por dentro cuesta 200 ISK.

Al lado de la iglesia tomamos también esta fotografía de una farola con una fundita de ganchillo. Se conoce que la pobre pasaba frío en invierno…

Seguimos por la N1 hacia el oeste. Ahora vamos hacia la península de Vatnsnes, donde queremos ver Borgarvirki y Hvítserkur. Para ello cogemos la 716 a mano derecha, que no es mala carretera, y luego la 717, un castigo de tierra y baches que va bordeando el lago Vesturhópsvatn por su lado este.
Aparcamos junto a Borgarvirki, que es una formación basáltica natural en forma de anillo en lo alto de una colina, lo que le hace parecer una fortificación. Y de hecho se cree que fue utilizada como tal por los antiguos vikingos, ya que allí dentro se encontraban protegidos a la vez que tenían buenas vistas de todos los alrededores. Aquí tenemos que tener cuidado de cómo dejamos el coche, porque la zona de aparcamiento está en cuesta y no nos fiamos mucho de dejar simplemente la primera marcha metida, estando sin freno de mano.

Subimos a la “fortaleza” y disfrutamos un ratito de las vistas que hay desde allí arriba:

Reanudamos viaje hacia Hvítserkur. Para ello seguimos por la 717 hasta desembocar en la 711, por la que continuamos avanzando hacia el extremo de la península, hasta que por fin llegamos al parking.
Desde el parking salen dos caminos; uno a la izquierda que baja hacia la playa donde está Hvítserkur y otro a la derecha que baja a la playa de Ósar.
Vista de la Playa de Ósar desde arriba:
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Vamos primero a ver Hvítserkur. El caminito es un poco de cabras; desciende con fuerte pendiente entre pedruscos por la ladera abrupta que da a la playa, pero llegamos abajo sin problemas. Ya desde arriba vamos viendo Hvítserkur:

Hvítserkur es esta sorprendente formación basáltica que emerge del agua en forma de gran dinosaurio o lo que la imaginación de cada uno quiera ver. Cuando está la marea baja, como fue nuestro caso, es posible acercarse hasta su base. Es verdaderamente curiosa. A mí me resultó impresionante.

Caminamos por la arena hacia la playa de Ósar...



... y vemos a lo lejos una bancada de tierra en mitad del agua, sobre la que hay unos cuerpecillos blancos que se mueven… ¿Focas?... ¡¡¡Focas!!!

El zoom de la cámara de Niñaaa es el que más potencia tiene, así que se lía a sacar montones de primeros planos. ¡Qué ilusión! Son tan monas…



De vuelta hacia el coche subimos por el otro camino, el que desemboca en la parte derecha del parking. Son las 16:30 y aún no hemos comido porque las raciones de tarta de Áskaffi nos habían dejado saciados, pero ya vamos teniendo un poco de hambre, así que retrocedemos por la carretera unos 500 metros hasta un pequeño merendero cubierto que habíamos visto al venir, donde también hay una minitienda de bebidas y sándwiches y unos aseos. Allí sentados damos cuenta de nuestros enésimos sándwiches de producto ibérico loncheado, y a las 17:00 salimos de vuelta hacia la N1.
Esta vez decidimos regresar por el lado oeste del lago Vesturhópsvatn en vez de por donde hemos venido, que parece más corto. Para ello vamos todo el tiempo por la 711, que tiene menos kilómetros que la 717 y es mucho mejor que ésta (la 717 sólo viene bien para pasar por Borgarvirki). Una vez rebasado el lago Vesturhópsvatn enlazamos con la 716 y enseguida desembocamos en la N1.
Continuamos por la N1 hacia el oeste y a los 5 ó 6 kilómetros sale a mano izquierda la 715 para la cascada Kolugljúfur. Son 6 km por una pista de tierra pero está bastante bien, perfectamente accesible. A las 17:30 estamos aparcando junto a ella. Aunque no es muy grande es bonita y, sobre todo, gusta porque te puedes acercar mucho a ella y verla tanto desde arriba como desde su base.


A las 17:50 damos por terminadas las visitas del día y nos ponemos en camino hacia Hvammstangi, donde tenemos hoy nuestro alojamiento, porque también queremos ver un poquito el pueblo.
El bungalow que hemos reservado para hoy en Hvammstangi está a las afueras de la población, en mitad de una pradera en una zona alta. Para encontrarlo una vez dentro de Hvammstangi seguimos las indicaciones de camping y llegamos allí a las 18:15.
Una vez más, es una casita de madera bonita y muy bien aprovechada. Tiene un sofá-cama y una litera en la que, como hemos visto en otros alojamientos, la cama de abajo es doble. Además tiene TV, pero sólo se ve un canal islandés, así que no podemos ver cómo va el medallero español en las Olimpiadas de Río.

Dejamos las cosas en el bungalow y bajamos con el coche al pueblo. Hvammstangi es un pueblecito pesquero y, aparte de la actividad en el puerto, donde acaba de llegar un barco y están descargando el pescado, no vemos mucha más animación, al igual que nos ha pasado en Seyðisfjörður y en Akureyri. ¿Qué pasa con los islandeses? ¿No salen nunca de sus casas? ¿Realmente vive alguien allí?

Junto al puerto vemos este curioso secadero de pescado:


Damos una vuelta por el pueblecito. Pasamos junto a la piscina municipal, donde sí hay algunas personas metidas en el jacuzzi. También vemos la pequeña y sencilla iglesita:

A las 20:30 volvemos al alojamiento a descansar un ratito y cenar. Hoy ha sido un día muy agradable en el que hemos visto muchas cosas bonitas (las casitas de turba de Glaumbær, el dinosaurio de piedra Hvítserkur, las focas…) y en el que por fin ha salido el sol sin volverse a nublar. Después de tantas jornadas de viaje hemos acumulado cierto cansancio, por lo que nos alegramos de que estos últimos días sean los de visitas más relajadas. ¡A dormir!
