Día 13. Averiguamos que ir a las playas más cercanas a La Habana con el bus turístico cuesta 10 cucs, con el bus urbano, 40 centavos de cup... La decisión es obvia.
Llegamos a Santa María, a menos de una hora de La Habana. El Atlántico se abre majestuoso ante nuestros ojos, la arena blanca, palmeras, inmensidad... Nuestra primera playa paradisíaca. La única pega es que hace mucho viento, el mar está movidito y la fina arena te entierra literalmente en cuanto te descuidas, pero nos bañamos ¡faltaría más! El agua está caliente y estupenda.
Es temporada baja y hay poca gente. Un grupo de músicos recorre la playa y se acerca a los turistas con trompetas, contrabajo, bongos y acabamos cantando y bailando. En Cuba se canta y se baila por todas partes.
Hacemos amistad con el socorrista de la playa y nos invita a un coco con ron. Yo de vosotros no me ahogaría en esa playa: el socorrista nos deja encargadas de la vigilancia y se va a por el ron, y por supuesto, después bebe con nosotras...

De vuelta a la Habana comemos un par de bocatas cada una en un paladar, creo que nos sale como a un 1€ por cabeza, en pesos cubanos.
En el bus de vuelta a casa nos invitan a ron y acabamos cantando canciones de Melendi y Camela y charlando en mitad de la calle con unos cubanos que acababan de visitar España.
La casa está más lejos de lo que creíamos al contratarla, pero los trayectos dan para muchas risas.