Hoy sábado amanece un día gris, triste, oscuro, con una niebla fantasmal que se arrastra por las montañas con dedos de bruma y que avanza hacia la costa y amenaza con cubrirlo todo. ¡Menudo díita!, como esto siga así adiós a mis planes, más que nada porque tengo un DESCAPOTABLE y no hay forma de ponerle la capota (está estropeado el sistema, ya me lo avisaron) y me voy a mojar toda y no me apetece nada de nada.
Desayuno con estos malos augurios sin saber qué voy a hacer en el día de hoy pero en el entretiempo la niebla se repliega montaña arriba y el día se va abriendo poco a poco y asoma el sol y todo vuelve a brillar.
No os he contado que la gran terraza de la casa está toda acristalada y tiene toldos, así que a las horas de calor se puede cubrir pero en cuanto el sol cae se abre todo y se ven unas magníficas vistas de las montañas, que están ahí mismo, altas, preciosas, verdes, húmedas. Y, claro, esa cercanía del mar y las montañas hace que las brumas mañaneras sean constantes. Así que desde esta terraza y mientras desayuno voy viendo como cae la niebla primero y como se levanta después y me asomo y veo mi cochecito abajo, esperándome, dispuesto a pindongear como yo. Es un buen compañero de viaje, no me contradice, no me pone pegas, no discute y me lleva a donde quiero. ¿qué mas se puede pedir? Ah, sí, que sea bonito y llame la atención, pero eso ya lo tiene.
Hoy toca ir a ver el Parque Natural del Prat de Cabanes, un humedal junto al mar, protegido por una barrera de arena, un paraíso para las aves migratorias, un lugar con una variada cantidad de endemismos botánicos y una playa solitaria donde se puede practicar el nudismo, un paraíso, vamos.

El Parque de Cabanes está situado más allá de Oropesa, entre los pueblos de Torre de la Sal y Torre Nostra , entre la carretera N340 y el mar. Es una típica laguna formada por unas antiguas salinas y un rio que arrastra lodo y piedras y lo va dejando en su desembocadura y, poco a poco, va formando una barrera natural que impide que el agua salada entre y así se forma el humedal. Mas o menos

Me costó encontrar la entrada porque está muy escondida y mal señalizada, así que me pasé

Hay dos itinerarios diferentes y hoy voy a hacer el que queda mas cerca de Torre la Sal. Hace calor y el sol pega bien pero corre la brisa marina y se hace llevadero el andar y más cuando todo el camino está lleno de plantas raras que no había visto antes propias de arenales y cantizales en la primera parte del camino.

Y mirando las plantas me separo del camino y me adentro entre los cantos y avisto la playa ahí mismo, al ladito, larga, solitaria. Pobrecita, tan solita que está ella
Y, bueno, ya es hora de volver a lo que he venido, a recorrer el parque. Al principio el camino discurre junto al pedregal y terrenos arenosos y poco a poco el paisaje cambia y el camino se adentra en el humedal y ahora solo se ven carrizos y juncos y espartos

y patos y alguna garza entre ellos.

Y los pájaros levantan el vuelo a mi paso, como si mi sola presencia les asustase

y otros se quedan tan tranquilos paseándose perezosamente junto a los canales.
Ya cerca de la zona de cultivo un grupo de cigüeñuelas se pasea por el lugar con pasos tranquilos, largos, suaves, mientras buscan su alimento en el lecho del canal.

Y el camino está lleno de planta y flores, algunas las reconozco como estos lirios silvestres

Otras me son desconocidas pero por eso me gustan más, ya buscaré su nombre con tranquilidad

Y otras son unas flores rarísimas, así como en racimos, hay muchas, están por todas partes pero no acierto a reconocerlas. Por fin me acerco, me quito las gafas y ¡aquí están! ¡Por fin les doy nombre!, aunque no son exactamente lo que yo esperaba

Y termino mi paseo junto a campos cultivados y hermosas plantas de alcachofas en flor.

Y ahora toca ver Torre la Sal, más que un pueblo un asentamiento de apenas 2 calles paralelas pero que cuenta con 2 terrazas de verano, un paseo entre pinos hasta la Torre y una playa que está magnificamente decorada con jardines de plantas crasas y cactus. No son jardines municipales sino que los vecinos han cultivado sus plantas preferidas justo enfrente de sus casas y compiten entre sí por ver quién tiene el jardín más original, bonito o bien cuidado. Todo un descubrimiento, nunca creí que se pudiera crear tanta belleza con este tipo de plantas.

La Torre la Sal es una de las muchas torres diseminadas por todo el litoral, algunas tenían la función de simples torres de vigilancia pero otras, como esta, son más grandes y servían para otros fines, en este caso servía como protección para los agricultores ante los asaltos de los piratas durante el siglo XVI.

Y para terminar la mañana me acerco al pueblo de Cabanes, a ver que hay y a ver si encuentro el Arco Romano que anuncian los carteles de la carretera y me adentro hacia el interior por carreteras poco transitadas y consigo llegar tanto al pueblo como al arco pero ninguno de los dos me parecen merecedores de mis fotos, así que no tomo ninguna.
Y ahora me voy en mi lindo cochecito hasta Benicasim, a comer, descansar y recuperar fuerzas para esta tarde.