Desayunamos en la cafetería del restaurante Carvajal de la localidad de Torrejón el Rubio, que también tiene habitaciones. Está en la misma carretera a la salida del pueblo. Desayunamos muy bien y tiene muy buena pinta para comer. Si hacéis noche en el pueblo o en la hospedería Parque de Monfragüe es una buena opción. Pusimos el GPS en dirección a nuestro nuevo destino, Guadalupe. Queríamos ver el monasterio y la localidad que dicen que es muy bonita y hacer noche allí. Hicimos el check in y salimos a dar una vuelta por el pueblo. Bien en líneas generales, lo mejor es la zona del monasterio y alrededores. Como se estaba haciendo la hora de comer empezamos a mirar en Google a ver qué había, no veíamos nada que nos atrajese. Al pasar por un lateral del monasterio vimos un cartel que ponía hospedería del Real Monasterio de Guadalupe y entramos a ver lo que era. Para empezar una recepción muy bonita y una señal que indicaba restaurante. Miramos la carta que estaba al pie de la señal y nos pareció que sería un buen sitio para comer, como así fue. El restaurante estaba en un claustro de tipo mudéjar con todas las mesas montadas y preparadas para comer. El lugar es muy bonito y los productos de calidad y bien elaborados. Pedimos ensalada de perdiz, un plato especial con verduras y torta del Casar, revuelto de morcilla y chuletas de cordero. De postre un biscuit de higos. No he comido nada igual. Es un helado cremoso y con un sabor inigualable. Pan, vino y cafés 79’50 €, para lo bueno que estaba todo y el ambiente que nos rodeaba no me parece caro.


Después de comer nos dirigimos al hotel para descansar un rato para luego realizar la visita al Real Monasterio de Guadalupe cuyos inicios se remontan al siglo XIII, hoy en día declarado Patrimonio de la Humanidad. La visita es semiguiada, es decir, siempre se va acompañado de una persona que abre y cierra puertas, abre y cierra luces y mete un poco de prisa para que no haya mucho atasco. Se visitan varias dependencias como la Portería, pequeños museos, el claustro Mudéjar, el Templete, museos y dejan para lo último el Camerín de Nuestra Señora, donde el empleado que nos acompañaba dejaba paso a un monje encargado de la explicación concreta del lugar. Finalizada la explicación nos abrió, dentro del propio Camerín, lo que le llaman la Edícula del Trono, lugar que preside Santa María de Guadalupe, Patrona de Extremadura. El monje solicitó máximo silencio y respecto a la imagen. Giró una especie de plataforma y allí estaba la Virgen. Nos dejó a todos los asistentes allí, casi sin respirar, contemplando la imagen un buen rato. Junto a ella, a la que desviabas la vista, se veía una vitrina de cristal repleta de billetes (la mayoría euros) que acompañaba a la Virgen en su santo silencio. No vi a nadie que donara nada, pero allí había mucho dinero. Así que, como el monje veía que nadie se rascaba el bolsillo decidió dar por terminada la visita y si te he visto no me acuerdo. Salimos del Monasterio ya sin guía alguno y con la sensación de que nos habían tomado el pelo.

Serían las 18 horas y a la vista de una fotocopia que nos dieron en el hotel seguimos un recurrido por el casco antiguo de Guadalupe. Si sigues las flechas y no te pierdes el recorrido el bonito y se hace en poco tiempo. Se parte de la puerta del monasterio y se recorren los diferentes Arcos o puertas de la antigua ciudad amurallada.

Sobre las 20 horas habíamos finalizado de callejear y nos dirigimos a un bar de la plaza de la Virgen a picar algo y dar por finalizada la visita a Guadalupe y su famoso monasterio. A esta hora era de noche y no había casi nadie por la calle, ni lugareños ni turistas. Al día siguiente volvíamos a casa.
