El segundo día empezó más tarde de lo que pretendíamos, porque nos dormimos. La verdad es que estábamos reventados después de la noche en el aeropuerto y las horas en coche, así que, aunque la intención había sido madrugar, nos dormimos hasta las 10:30. En cuanto nos despertamos desayunamos (probando por primera vez la leche en polvo

Itineario del día. Risor-Kristiansand-Lysebotn.
Llegamos a Kristiansand sobre las 13:00. Tuvimos algunos problemas con el GPS llegando a la ciudad, pero finalmente lo conseguimos. Antes de nada, paramos en una gasolinera a las afueras y echamos gasolina. Después de eso empezó una auténtica locura: la búsqueda de un aparcamiento gratuito. Perdimos unos 40 minutos dando vueltas hasta que localizamos un hueco a una media hora del centro en el cual, aparentemente, se podía aparcar sin pagar. En el resto de la ciudad todo era de pago, así que olvidaos de aparcar más cerca gratis.
Empezó a llover justo cuando dejamos el coche. Por suerte, íbamos preparados con el chubasquero, las botas y el cubrepantalones. No llovía mucho, así que no tuvimos ningún problema y, de hecho, al rato paró. Nos adentramos por las calles un poco nerviosos de dejar el coche allí (más que nada por si luego nos encontrábamos con una multa del copón o, peor aún, sin coche). Aunque ya os digo, aparentemente todo era normal. Por si alguno quiere visitar Kristiansand y quiere ahorrarse el parking, nosotros encontramos esta zona al otro lado del puente, en Lund, en una especie de zona residencial.

Nos dimos nuestro paseíllo a pie hasta que alcanzamos la calle principal. La verdad es que el día gris y lluvioso le quitó bastante encanto. Después continuamos hacia el puerto, ya que habíamos leído que era lo más bonito de la ciudad. No es mentira, sin duda alguna merece la pena ir a verlo. Además, había parado de llover y, aunque todavía nuboso, el puerto brillaba por sí solo. Estaba formado por varios restaurantes establecidos en casitas de madera de diferentes colores y decorado por todos lados de flores preciosas. Todo olía genial, pero conseguimos evitar la tentación de comer nada y continuar viendo la ciudad
. Puerto de Kristiansand
El siguiente punto de nuestra lista era una iglesia luterana que se encontraba próxima a la calle principal. Al llegar a la plaza en la que estaba nos encontramos con gente repartiendo comida. Gratis. Free. Confesamos que toda nuestra atención se desvió hacia eso. ¿De verdad estaban repartiendo bocadillos gratis? Observamos que la gente se acercaba a las personas que estaban repartiendo la comida y se iban, así que concluimos que sí. Aunque nos daba un poco de palo, al final nos acercamos a coger nosotros también. Claro, el chico que nos dio la comida nos dijo algo en noruego y nosotros en plan “ehhhh…” *sonríe y vete
Iglesia de Kristiansand
Decidimos ir de vuelta al coche porque nuestro siguiente destino, Lysebotn, se encontraba a unas 4:30h desde Kristiansand. A la vuelta nos dimos cuenta que muchísima gente iba en bici y que, incluso, las dejaban en la calle sin ningún tipo de cadena. Nosotros, como españoles típicos, nos quedamos alucinados.
Llegamos al coche (¡seguía allí y sin ninguna multa!), nos quitamos la ropa mojada y nos fuimos rumbo a Lysebotn. Poco más puedo decir del camino, porque más que nada me eché una buena siesta (lo sé, mala copiloto, aunque se ve que mantenía a mi novio despierto gracias a mis constantes caídas de cabezas y “autosustos” que me daba a mí misma cada vez que se me caía
La carretera empezó a transformarse en una carretera totalmente aislada de cualquier forma de vida, sin ninguna señalización, ni quitamiedos, ni absolutamente nada
Ovejas y cabras por doquier
Nos detuvimos un par de veces a hacernos unas pocas fotos entre la lluvia y poco más. No parábamos de subir por las montañas y, supuestamente estábamos ya a unos 15 minutos de nuestro camping que estaba situado en el mismísimo final del fiordo Lyse, por lo que nuestro sentido común nos decía que teníamos que empezar a bajar. Y así fue. ¡De pronto nos encontramos con varias señalizaciones alertando de una bajada con un 10% de pendiente! Y cómo no, mil curvas.
La bajada fue impresionante. Vimos la niebla entre las montañas que rodeaban el fiordo. El paisaje era verde y salvaje, como si de pronto hubiésemos pasado de estar en la peli del Señor de los Anillos a estar en Jurassic Park. Es indescriptible la brutalidad de la naturaleza. ¡Estábamos alucinando de que fuésemos a bajar tantísimo! Atravesamos un túnel de piedra pura, sin ningún tipo de iluminación, y tras unos cuantos minutos más por fin estábamos al pie del fiordo.

No os puedo describir lo que nosotros sentimos, pero fue una locura. La inmensidad de las montañas era imposible de captar por ninguna cámara y la belleza era pura magia. Apenas nos podíamos creer que fuésemos a pasar la noche allí, al lado de una cascada que caía desde lo alto de la montaña y al borde del nacimiento del fiordo Lyse.


El camping en el que pasamos la noche se llamaba Kjerag Lysebotn Camping Resort y nos costó 240nok. Respecto a las instalaciones, no eran tan buenas como las del camping de la noche anterior. El baño era el típico baño común y, aunque había una zona de cocina, era bastante vieja. No obstante, os recomendamos que vayáis porque la localización es, para nosotros, la más bonita de todos los campings en los que estuvimos. Una preciosidad.
Montamos nuestra tienda y cenamos. Tristemente nos dimos cuenta que nuestra cámara se había estropeado, así que nos deprimimos un poco (yo mucho, para qué mentir). Después del bajón de la cámara, fuimos a dar un paseo hasta el agua del fiordo. Ya apenas había luz porque eran casi las 00:00. Volvimos y nos fuimos a dormir. Al día siguiente subiríamos al Kjerag, nuestra primera ruta, por lo que teníamos que intentar estar descansados.
