Este día no teníamos ninguna actividad programada, lo único que teníamos en mente era realizar algunas compras y tomarnos el día completamente de relax, solo hacer lo que surgiera.
Aunque no teníamos ninguna prisa, no había manera, todas las mañanas antes de las 7 ya teníamos los ojos como platos así que aprovechamos para ir haciendo las maletas para la vuelta y después ir a desayunar tranquilamente, aun así era pronto pero nos fuimos a Quepos y estuvimos paseando por el puerto y por distintas calles de la población.
Al día siguiente era el día de la patria y se notaba la animación, ya que todos los escolares estaban practicando para los eventos a realizar el día siguiente: música, carreras, desfiles...
Visitamos el mercado del pueblo, compramos algún suvenir de recuerdo y por último café, que no me quería venir sin lo típico del país.

Siguiendo las indicaciones de una costarricense nos decidimos por la marca Montaña, ya que según ella no era de las más famosas pero sí de las más ricas y de verdad elaborado allí.
Una vez terminadas todas nuestras compra y como aún era pronto decidimos comprarnos unos bocadillos en el Subway y volvernos al hotel para disfrutar de la piscina y del pequeño Jacuzzi que tenían en los jardines y que hasta el momento ni siquiera habíamos visto.
El resto de la mañana lo pasamos de relax y una vez dimos cuenta de nuestros bocadillos y descansamos un poco nos dispusimos a salir para dar una vuelta por Manuel Antonio, pero se puso a llover torrencialmente así que nos pasamos la tarde en la terraza viendo caer la lluvia.
Cada vez que intentábamos salir volvía a arreciar, pero al final decidimos que cenar tendríamos que cenar, así que con nuestras capas de lluvia salimos, esta vez dirección al restaurante El Wagon, llamado así por tener en las instalaciones un vagón de tren.
Cuando llegamos al restaurante la lluvia había cesado y se quedó una noche muy agradable.
Esta vez para cenar pedimos una pizza, bastante grande, para dos y ensalada, los precios muy parecidos a los otros restaurantes donde habíamos cenado, pero esta vez como extra mi marido pidió un “chupito” de ron con una rajita de limón y ¡madre mía!, nos costó casi tanto como la cena. Así que mucho cuidado con el precio de las bebidas alcohólicas.
Después de la cena volvimos al hotel para terminar de hacer las maletas y a dormir.