Llegó nuestro último día y a las 9:30 ya nos encontrábamos a la espera para que nos vinieran a recoger, esta vez en transporte privado, que nos llevaría directamente al aeropuerto.
A las 10 continuábamos esperando ya un poco nerviosos porque el avión salía a las 16:05 y aunque íbamos con tiempo tampoco queríamos quedarnos muy ajustados.
El personal del hotel se ofreció a llamar a la compañía del transporte pero ya nos indicaros que debido a la fiesta nacional muchas poblaciones tenían el tráfico cortado. Y efectivamente eso le indicaron y que nuestro transporte llegaría en 20 minutos.
Por fin a las 10:25 nos pusimos en marcha y la única solicitud que le hice al conductor es que si podíamos parar un momento en el puente del río Tárcoles, no me quería perder la vista de los cocodrilos.
Todavía estoy dando gracias a la pericia del conductor, pueblo por el que pasábamos pueblo que estaba atascado, menos mal que conocía atajos y la manera de conducir de los costarricenses que más de un “madre mía” nos hizo exclamar, y aun así arañó algo de tiempo para pararnos en el río, tal y como le había pedido. Unas cuantas fotos y corriendo al coche para no perder el avión.

Con el tiempo justo llegamos al aeropuerto, donde nos estaban esperando de la agencia Green Stone con los que habíamos contratado los transportes, hoteles y excursiones. Nos entregaron un obsequio de despedida y ya directos al mostrador de Iberia a realizar el check in.
Nueva sorpresa, nos dicen que hay overbooking y que si queremos volar al día siguiente nos darían 300 euros a cada uno, pero después de los nervios de si llegábamos o no decidimos rechazarlo. Nos asignaron los dos últimos asientos juntos disponibles y ya con todo arreglado solo nos quedó aguantar las 10:30 horas de vuelo para regresar a España.
