La primera escala era Bari, un típico pueblo italiano que no ha perdido su encanto y su autenticidad a pesar de la llegada de los cruceros que solo se traduce en algunas tiendas de recuerdos para turistas. Ya veremos cómo está dentro de unos años...
En cuanto te internas en sus estrechas callejuelas descubres la ropa tendida en los balcones y ventanas, la vida en la calle con las puertas de las casas abiertas y la vida de la familia a la vista del paseante, las mujeres hacen pasta en la puerta de sus casas y la venden a quien la quiera comprar.

Tiene además un bonito castillo y tomarse un café en una terraza con wifi, que era lo que buscamos, tiene un precio increíblemente económico (3€ dos cafés con hielo).
El día siguiente era de navegación, o sea, todo el día en el barco. Lo aprovechamos bien tomando el sol en la piscina exterior (el tiempo era espléndido), bailando en la piscina interior, asistiendo al teatro que ofrece cada día magníficos espectáculos de variedades y participando en divertidos juegos.

El problema del día fue que, pese a que cada noche nos dejaban en el camarote el diario con todas las actividades y la información para el día siguiente, olvidaron comunicarnos que en Grecia había una hora menos, y como solo nos conectábamos a internet en tierra porque en navegación es carísimo, no nos enteramos de nada hasta que fuimos a desayunar y nos dijeron que el comedor ya estaba cerrado y nos tocó subir al bufet Andrómeda que es bastante menos agradable que el Taurus y el servicio allí deja mucho que desear.
Como no nos habíamos enterado bien del problema, al mediodía nos pasó lo mismo, tuvimos que comer en el bufet de nuevo e incluso tuve un encontronazo con un soberbio y despectivo camarero que fue muy desagradable.

A la hora de la cena nos presentamos en el restaurante dos horas antes, jajaja, nuestro camarero alucinaba. Al bajar a tierra y conectarnos a Internet se nos había actualizado el móvil, así que teníamos bien la hora pero no habíamos caído en ello; íbamos tan despistadas que ya creíamos que nos estaban tomando el pelo.
Pero al final pudimos cenar bien y el día acabó cantando y bailando por las distintas salas de fiesta. Cada noche había una fiesta temática, discoteca y música en directo en los diversos salones.