Vamos paseando en busca de The Red Room y de cuando en cuando alguien se va parando, levanta los brazos y nos dice “¡Spain, Spain”!. Se ve que, de momento, hay anglosajones que se ponen de nuestro lado. Llegamos al teatro pensando que aquello estará como a la mitad de aforo y la realidad es otra: aquello está abarrotado, como la plaza del dúo Sacapuntas, hay alguna camiseta albiceleste y el resto es todo rojo y blanco con los colores de la enseña nacional. En estos momentos está el descanso del partido y varios artistas están cantando en el césped para amenizar la espera por lo que el teatro está coreando las canciones, más o menos conocidas. A la entrada reparten bolsas de palomitas de gratis (en Royal las cobran, lo tengo que decir) pero nosotros venimos de darle a la barbacoa y quizá para otra ocasión. Como a la mitad de la grada vemos unos sitios libres y allí nos sentamos. A nuestro lado hay un grupo de Zaragoza, nos ponemos a charlar y nos ponen al día de lo que ha habido en la primera parte. Detrás nuestro hay un grupo de ingleses ataviados con la camiseta blanca de España pero parece que van a lo suyo.

Comienza la segunda parte y aquello es como estar en cualquier plaza de cualquier pueblo de España. Vivimos intensamente cada lance del juego, cada patada argentina, cada gol anulado…. Llega la prórroga y al maño que está a mi lado parece que le va a dar un parraque por los nervios. Le recuerdo que Iniesta marcó en el 2010 hacia el final de la segunda parte de la prórroga y que hay que confiar en nuestros muchachos. Comienza el segundo acto del tiempo añadido y llega el éxtasis definitivo:
Bajo el sol de la gran prórroga encendida,
el balón vuelca el área con pericia y maña,
y en el minuto ciento seis se anuda la vida
cuando el pie zurdo brama por España.
Ferrán Torres, el tiburón de fe vestida,
rompe el cerrojo agrio que el destino empaña;
la red se mesura, la gloria es desmedida,
y el triunfo germina sin sombra ni entraña.
¡Oh roja estela de hondo metal dorado!,
que alzar la segunda estrella has logrado
con alma de pueblo y fervor sincero.
De la duda oscura al cetro sagrado,
queda el grito eterno por siempre grabado
un gol de éxito que será imperecedero.
¡Qué decir de este momento que se quedará fijado en nuestra memoria hasta donde ésta llegue…! Cuando el balón besa las mallas estallamos todos en una orgía de júbilo, nos abrazamos, saltamos y la exaltación llega a su culmen. El maño prorrumpe en sollozos de la emoción y el choque de manos es de los que no se olvida. Todo el teatro entona el “que viva España” e incluso ayudamos con la letra a los ingleses de los asientos traseros para que se unan a la celebración.

El partido continúa, nos mordemos las uñas como posesos, a Messi le estarán pitando los oídos y por fin el trencilla pita el final del partido. España vuelve a ser campeona del Mundo. Minutos de todo el repertorio cañí como “¡campeones, campeones!” y “¡yo soy español, español, español!” se suceden a continuación con los correspondientes abrazos entre compatriotas. De manera automática mi mente se remonta a dieciséis años atrás en el salón de casa donde mi mujer, mi hermano y mi cuñada nos fundíamos en pleno alborozo cuando la selección ganó el Mundial de Sudáfrica. ¡Cuánto tiempo ha pasado y cuántas cosas han cambiado desde entonces….!
Los no cafeteros van saliendo del teatro pero allí nos quedamos a esperar a la entrega del trofeo. A lo tonto ya pasa un rato de la medianoche y, sin comerlo ni beberlo, nos hemos perdido uno de los eventos más señalados en la naviera Virgin y programado para las 23:00 en la bañera de cubierta: la fiesta de pijamas.

La fiesta de pijamas es un evento lúdico-festivo que se realiza la primera noche a bordo en cubierta, si el tiempo lo permite, y consiste en que los pasajeros se visten con sus mejores galas de ir a dormir. Por lo que pude leer y ver antes del viaje la gente despliega de todo en cuanto a vestimenta: desde gorro de dormir y pantuflas hasta la más sofisticada lencería. Hay música, cante, baile y desfile de modelos en los bordes de la bañera.
Cuando dejamos el teatro, ebrios de alegría por el triunfo deportivo, por el soju y el consomé, ya nos encontramos con todo el pescado vendido en la cubierta. La fiesta como tal ha acabado y sólo hay gente desperdigada por el barco con sus pijamas de mejor o peor gusto. Como la no asistencia ha sido por una buena causa lo damos por muy bueno y ya habrá en el futuro indeterminado posibilidad de podernos resarcir. Subimos a tomar al fresco a la pista de caminar de la cubierta 17 y paseamos sin rumbo fijo intentando aún asimilar lo vivido hace un rato. Hay silencio en el ambiente sólo roto por algún “oé, oé, oé” y la música estridente que a veces se quiere intuir proveniente del Athletic Club de la cubierta 16 y donde los más trasnochadores andan dando rienda suelta a sus instintos alcohólicos.

La noche toca a su fin y el viaje no ha podido comenzar mejor. Mañana llegamos a tierras francesas y ya va siendo hora de recogerse para rentabilizar horas de sueño. No sé si el chute de adrenalina nos va a permitir conciliar el ídem. Buenas noches.
Conclusiones que nos deja el día:
-Me ha parecido bastante sorprendente el encontrar tanto pasaje hispanoparlante a bordo, sobre todo español. Al ser un naviera tan marcadamente anglosajona ello suele echar para atrás al pasajero medio nacional, unido a que el viaje económico no es, por lo que pensaba que íbamos a ser habas contadas a bordo. Es agradable oir el español en el ascensor o esperando en la cola a por unas viandas. Me comentaba mi agente de viaje que el año pasado la compañía les había comentado iba a abrir más su oferta al mercado español dándole una vuelta al tema del idioma para resultar más atrayente pero no parece que hayan implementado aún nada al respecto. Aun así estábamos más de lo que yo creía.
-Es importante realizar ciertas tareas nada más embarcar como puede ser el atar las reservas a bordo. Si te pones a deshacer la maleta o a deambular por el barco y lo dejas para luego te puedes encontrar con que luego esté todo pillado como, por ejemplo, It´s a ship show, que tiene mucha demanda.

-No hay que ansiarse a la hora de obtener champán en la fiesta de salida del barco. Hay de sobra en varios sitios tanto en cubierta 15 como en la 16 y aun finalizada la arenga siguen despachando un rato después.

-Haber tenido la oportunidad de vivir la final del mundial de fútbol a bordo ha sido una experiencia mágica. Y siendo además algo no premeditado cuando se contrató el crucero. En la vida hay sucesos que por su magnitud, para lo bueno o lo malo, siempre se recuerdan y éste será uno de ellos aunque no deje de ser un evento deportivo. El entorno y la compañía así como la victoria en sí misma quedarán ahí en el recuerdo.