Vamos primero a Atención al cliente porque no terminamos de conectarnos correctamente a la wifi sin coste del barco. Tras su correspondiente cola, nos toca un tripulante portugués con el que podemos más o menos entendernos y lo soluciona (no entiendo el motivo pero para que funcione bien hay que activar el bluetooth del teléfono...).
Sin solución de continuidad nos encaminamos a Ariya y soltamos la retahíla de solicitudes. Nos cambian la cena de hoy a las 08:15 porque antes no hay hueco, nos reservan el brunch en The Wake para el martes a las 10:00 y nos cambian en Ariya el brunch a las 10:00 y la cena a las 21:15. Lo damos por bueno (inocentes...) y regresamos al camarote pasando por el punto de reunión ante emergencias para que nos chequeen la pulsera sin más (como es un crucero para adultos presuponen que no necesitamos explicaciones adicionales en caso de crisis galopante a bordo).
Llegamos al camarote y aquí empiezan las especificidades de las cabinas de esta naviera, a las cuales haré mención con amplitud en una próxima entrega. Baste decir que la configuración de la cama tiene su intríngulis porque son dos camas unidas que hacen una sola, como cualquier naviera, pero a la hora de separarlas no se puede hacer poniéndolas una al lado de la otra con su división entre ellas sino que las camas tienen que quedar en forma de L, de manera que los pies o la cabeza de la segunda cama se va a quedar en la cabeza de la primera. No sé quién ha sido el lumbreras que se le ha ocurrido el diseño de las cabinas pero queda la cosa muy rara aunque es verdad que se gana espacio de algún modo.

Como decía, llegamos al camarote y el cabinista, sin preguntar, ya ha puesto las camas en L, poniendo cabeza con cabeza pegadas a la pared. Miramos y remiramos porque mi acompañante porfía en que debe haber alguna forma de poner las camas en paralelo. Levantamos colchones, intentamos mover el somier pero todo está requeteanclado y no hay forma. En esas llaman a la puerta y se presenta nuestro cabinista, al cual damos la bienvenida. Le preguntamos por la configuración de las camas y nos confirma que es imposible ponerlas una junta a otra y que tienen que ir en L querámoslo o no. Ante esta tesitura llegamos al consenso de que entonces mejor cabeza contra pies para evitar las molestias de posibles ronquidos mutuos a lo largo de la noche, amén de otras circunstancias que pudieran darse y que podrían enturbiar sobremanera la buena relación de amistad existente hasta la fecha, así como el viaje mismo.
Se atribuye al Gran Bonaparte la sentencia siguiente “nada es más difícil, y por lo tanto más precioso, que poder decidir”. Por tanto, la decisión está tomada al respecto de la configuración de las camas y esperemos que haya sido la correcta.
Solucionado el tema del reposo procedemos a consultarle temas como el funcionamiento de la tablet que controla la iluminación, la temperatura, el funcionamiento de la televisión o el movimiento de las cortinas, nos empapamos del funcionamiento de todo ello también sin tablet y llegamos a la conclusión de que nos traerá agua sin gas todos los días y que la limpieza del camarote la hará por las mañanas, cuando estemos fuera en las correspondientes escalas. Todo esto en inglés a la carrera y esperando que ambas partes nos hayamos enterado del contenido de la conversación.

Creo que ya es el momento de “desvelar” qué tiene de especial la jornada en la que estamos ya que hay un elemento que va a mediatizar el desarrollo de la misma de aquí a unas horas: Hoy domingo 19 de julio a las 21:00 está prevista la celebración de la final del Mundial de fútbol 2026.
Cuando salieron las fechas de los partidos del torneo caí en que la final del campeonato justo era el día del embarque pero tampoco le di más importancia porque casi con total seguridad para entonces ya nos habrían eliminado en cuartos o antes, como casi siempre, y jugarían ese partido los Brasil, Alemania, Argentina y Francia de turno.
Sucede que, contra todo pronóstico, sobre todo después del petardazo del partido inaugural contra Cabo Verde, la selección española ha ido pasando eliminatorias hasta llegar a la finalísima de hoy. No niego que estos pasados días, mientras andábamos inmersos en los cuartos y semifinales, un cosquilleo me hacía fantasear con poder vivir la final de un mundial con el equipo nacional en liza en un ambiente completamente inesperado como es un barco de crucero. Además, Virgin ha programado durante todos estos días la emisión de todos los partidos del torneo, tanto en los propios camarotes como en determinadas zonas comunes e, incluso, anunció que la final se daría en todos los barcos de la flota en el “teatro” a bordo, The Red Room, lo cual sería un marco incomparable para vivir el trascendental choque por el título mundial.

Llegan las semifinales y se abren varios frentes de deseo, esperanzas y también miedos. Por un lado, la España de Don Luis de la Fuente le toca medirse con la Francia de Mbappé. Si ganamos, miel sobre hojuelas, pero de aquí a menos de una semana vamos a desembarcar y por dos ocasiones en territorio galo por lo que los visitantes españoles puede que no estemos muy bien vistos, tanto por eliminarles como por hacerlo en su fiesta nacional del 14 de julio.
Por otro lado, en la otra semifinal se miden Inglaterra y Argentina y el pasaje del crucero va a ser mayoritariamente anglosajón. Es decir, como pase Inglaterra a la final y se tenga que medir con España, llegado el caso, el ambiente del barco va a ser claramente mayoritario en nuestra contra porque supongo que a los ingleses propiamente dichos se les sumará toda la Commonwealth en forma de estadounidenses, canadienses, australianos y algún austriaco, portugués, belga o gabacho con mal perder. Y eso no va a ser el Valiant Lady sino el estadio de Wembley, lugar donde la Pérfida Albión juega sus partidos más señeros en todo su esplendor, y donde los españolitos y agregados que podamos estar a bordo vamos a estar más que acogotados, tanto durante la celebración del encuentro como a lo largo de la semana, se gane o se pierda. No quiero pensar en lo que se pueda convertir la cubierta de las piscinas esa noche durante la fiesta de pijamas con todos los británicos y adláteres celebrando el título ahogándose en alcohol o también ahogándose las penas y poniéndose violentos en caso de perder el partido.
Por tanto, mis elucubraciones y anhelos durante esa semana previa al viaje han sido, primero, que España pasara a la final, obviamente, esperando que los franceses de Toulon y Ajaccio sean comprensivos y, segundo, que Argentina pasara a la final por tres motivos. Uno, para no encontrarnos con Inglaterra en el último partido por las razones anteriormente señaladas. Dos, con la esperanza de que los ingleses y acompañantes, una vez eliminados, se pongan de nuestra parte en venganza por haberse quedado fuera de este torneo, por la mano de Dios de Maradona, las Malvinas, etc, etc., unido a que también tendremos la fiesta en paz durante todo el viaje. Tres, puestos a que gane alguien el Mundial y no sea España pues que la gane un país latino aunque no se lo merezca deportivamente hablando por el juego desplegado hasta la fecha y con sospechas de ayuda institucional.
La especulación pronto llega a su fin y el entorchado patrio elimina a nuestros vecinos galos en un partido para el recuerdo. Primer objetivo cumplido. Además, la Argentina de Leo Messi también se clasifica para la final y deja fuera en los últimos minutos del tiempo reglamentario a los británicos por lo que tendremos una final hispanoamericana a bordo en unas horas. Puesto que los españoles barrunto que seremos habas contadas y los argentinos otro tanto va a ser una bonita y recogida confrontación con nuestros hermanos del otro lado del charco. Veremos el resto de pasaje por quién se decantan… Y que gane el mejor y, por supuesto, la selección española.

Entre pitos y flautas se acerca la hora de la fiesta de inauguración del viaje (Voyage kick-off toast party), que se va a desarrollar en la cubierta 15 en la charca, digo piscina, de la que dispone el Valiant Lady. Por tal motivo, nos ponemos los bañadores y subimos a proa para poder disfrutar del evento.

Lo que aconteció a lo largo de la tarde será contado en la próxima burbujeante etapa de este diario.