Amaneció un día precioso, cielo azul intenso y despejado. Empezamos la mañana con un buen desayuno en la terraza con vistas al río, después volvimos al bungalow, dejamos el equipaje preparado y fuimos al muelle donde nos esperaba el señor que habíamos contratado con su lancha para hacer el tour por la parte alta del río y el lago Izabal. Nos costó 300 Gtq, unos 40€, nada barato, pero si queríamos ver esa parte, no teníamos más remedio que pagarlo. El recorrido fue: isla de pájaros, isla tortugas (donde no vimos ninguna), luego recorrimos un brazo del río que me gustó mucho porque era más tranquilo, había nenúfares y varios hoteles pequeños como el Kangaroo, no sé cómo será el hotel, pero el lugar es idílico.

Tiene varias dependencias, la despensa, la cocina, la tonera, la cárcel y arriba aún lo custodian 19 cañones apuntando hacia el río.

El recinto del castillo tiene muchas posibilidades para pasar un buen día, se puede hacer senderismo y tiene playa. Lamentamos no tener más tiempo para poder disfrutarlo.
Volvimos a la lancha, dimos una pequeña vuelta por el lago y volvimos al hotel para recoger el equipaje, nuestro nuevo conductor, Humberto, nos esperaba a las 11 en el embarcadero del pueblo de Río Dulce. El hotel tiene servicio gratuito de traslado al pueblo, pero la lancha estaba ocupada y tardó como media hora en volver al hotel para llevarnos. El trayecto es muy corto, unos 5 minutos y hacia las 11.30 nos encontramos con Humberto. Me hacía ilusión conocerle por fin, porque llevaba meses comunicándome con él por whatsapp porque fue él el que nos gestionó todos los traslados.
No sé de dónde salió la nube, pero nada más desembarcar en el muelle empezó a diluviar. Dimos gracias porque habíamos podido hacer bien la excursión y llegar hasta el embarcadero con buen tiempo, pero la lluvia nos acompañó durante las 5 horas de trayecto hasta Tikal. Humberto nos iba explicando cosas del paisaje que íbamos viendo, por ejemplo, pasamos por una plantación enorme de palma africana, muy usada allí para hacer aceite, no sé si sabrán lo malo que es para la salud.
A mitad de camino paramos a comer en un restaurante tipo rancho, que está en lo alto de una montaña y tiene unas vistas espectaculares, en este caso, espectacularmente lluviosas, porque caía como si no hubiera llovido nunca. Comimos el plato típico, caldito de pollo, que, a parte del caldito, trae también la pata o la pechuga de pollo, no estaba mal pero tampoco era una delicia. La comida de los tres con cervezas salió por 300 Gtq, 40€.
Pedimos a Humberto que nos parase en un cajero porque nos habíamos quedado sin efectivo. Tomad nota, no todos los cajeros cobran la misma comisión, va desde los $3 que nos cobraban los cajeros de Antigua hasta los $6 que nos cobraron en los cajeros de Livingston y este último, ambos 5b.
Proseguimos la marcha después de la breve parada y enseguida llegamos a El Remate, que es el último pueblo que hay antes de llegar a Tikal y donde Humberto tiene un pequeño hotel. Saludó a su familia desde el coche con un pitido y pasamos de largo. A mí me hubiera gustado parar y ver el lago Petén, pero la verdad es que tal y como estaba el día no apetecía mucho, además teníamos ya unas ganas locas de llegar. El hotel que habíamos reservado estaba al lado de la entrada del sitio arqueológico, así que un poco antes de llegar a la barrera donde comienza el recinto de Tikal, Humberto nos explicó que teníamos que comprar las entradas allí y que, si queríamos ver el atardecer, el amanecer o los museos, había que comprar las entradas aparte y había que comprarlas ya porque en la misma entrada al parque no las vendían y la barrera está a unos 17 kilómetros, así que imposible volver al día siguiente a comprarlas. Aunque en un principio nuestra intención era ir a ver el amanecer, tal y como estaba el tiempo, empezamos a dudarlo. Al llegar a la barrera, paramos y fuimos a las taquillas. La entrada general cuesta 150 Gtq (18€), para ver el atardecer o amanecer son otros 100 Gtq (12€) y los museos 35 Gtq (4€). Ninguna entrada es reembolsable, así que decidimos no comprar las del amanecer porque según estaba el cielo, supusimos que al día siguiente iba a estar igual de cubierto o lloviendo y no se iba a ver nada y acertamos.
Volvimos al coche y antes de llegar al hotel, Humberto nos paró en una caseta donde están los guías oficiales para que negociásemos con ellos para la visita del día siguiente. Hablamos con uno de ellos y haciéndonos un descuentazo, nos lo dejaba en 300 Gtq (35€), y en ese momento me dio un ataque llamado “estoy harta de que me saquen el dinero” y le dije cuatro cosas: ¿cómo? ¿perdón? ¿Me estás diciendo que el guía me va a costar como las dos entradas al parque? De eso nada, ya lo veremos solos y muy digna me marché y volví al coche muy enfadada. El enfado se me pasó rápido en cuanto llegamos al hotel, era el Hotel Jungle Lodge Tikal (2n) 1360GTQ + 22%=1659GTQ o 190€, barato no era no, pero era precioso. Imaginaos bungalows en medio de la selva rodeados de una exuberante vegetación y cuando vi el nuestro por dentro, me encantó, todo nuevo, muy bien decorado y con todo detalle, sobre todo el baño que para mí es muy importante. Me había informado antes y había reservado un bungalow Premium porque eran los renovados y a los que no les cortaban la electricidad por la noche, mejor dicho, no toda, dejaban solamente la electricidad en los enchufes (esencial para los cargadores) y en una luz del dormitorio, pero bueno, eso ya era mucho para un sitio en el que a las 21:00 o lo más tardar a las 22:00 te dejan a oscuras. Nos explicaron que como la Wifi era por satélite y estaba cubierto, era probable que no funcionase muy bien. El estar en medio de la selva tiene sus ventajas, pero también sus desventajas.

Después de la cena, nos tomamos unos gin tonics escuchando los sonidos selváticos y nos fuimos a dormir pidiéndole a todos los dioses mayas que al día siguiente no lloviera, porque nos temíamos que como diluviase no íbamos a poder hacer la visita a Tikal.