Madrugamos para ver el amanecer, que es otro espectáculo similar al atardecer. Desde la cama miras por la ventana y ves esa maravilla. En serio, una pasada. Cuando terminamos de ver el amanecer y de desayunar, recogemos y nos acercamos a la tienda de recuerdos del hotel, ya que nos han dado un descuento de 20$ en cualquier compra. Está genial, porque compramos un regalo que marcaba 50$ y estaba rebajado al 50%, añadiendo el descuento se quedó en… ¡5$!

Montamos en el coche y ponemos rumbo al Forrest Gump Point. La verdad es que nos pillaba un poco a desmano, pero al final son 40 minutos extras al coche por una vista y un lugar súper chulo. De hecho, creo que es una de las mejores fotos que hemos hecho de todo el viaje, así que os lo recomiendo. Para estas alturas ya nos vamos dando cuenta de la kilometrada tremenda que supone este viaje. Se hace cómodo, pero creo que es imprescindible que seáis al menos dos conductores, para uno es una locura.

El GPS insiste en mandarnos por el camino por el que vinimos, pasando de nuevo por el Gran Cañón, pero decidimos que, aún siendo más largo, preferimos la ruta por la parte superior para pasar por un sitio distinto. Al cabo de varias horas de trayecto entendimos el porqué de la insistencia del GPS… ¡De repente nos adentramos en otro Parque Nacional! Sabíamos que la ruta pasaba por allí, pero pensábamos que no era necesario atravesarlo. Así que tras efectuar el pago de la tarifa habitual terminamos visitando Zion.

En este momento nos permiten hacer un “upgrade” a la tarifa anual de parques nacionales, ya que al final visitaríamos tres: Gran Cañón, Yosemite y Zion. La entrada a cada parque nacional cuesta 30 euros y el pase anual sale 80 euros, así que compensa pillar el anual si vais a visitar más de dos parques.
He de decir que esta parte del viaje fue quizás la que más disfrutamos. Te encuentras en auténticos pueblos del interior de Estados Unidos en los que realmente ves cómo es el país. No son zonas turísticas y disfrutamos un montón de experiencias, como hacer la compra o parar en un parque en mitad de Utah para comer unos bocadillos.
Sobre las 16:00 llegamos a Las Vegas y vamos directos al cartel de Welcome to Fabulous Las Vegas para hacernos la foto oficial. Es una turistada, pero mola . Después de hacer una cola de 20 minutos bajo un sol tremendo y hacernos las fotos de rigor, vamos a la oficina de Alamo situada en el Aeropuerto (a escasos 5 minutos del cartel de Las Vegas) para devolver nuestro coche. El proceso tanto de alquiler como de devolución nos pareció súper eficiente. Bueno, en general, el país es muy eficiente, todo muy organizado y con los tiempos y procesos muy bien marcados.
Una vez entregado el coche y abandonada nuestra neverita de corcho que tan buenos momentos nos ha dado, cogemos un taxi para ir directos a nuestro hotel: El Flamingo.
El hotel está bastante bien, buena ubicación, el check-in es muy rápido pese a que hay una larga fila y la habitación asignada en la planta 14 con vistas al Bellagio y al Caesar es una pasada. Una de las mejores habitaciones de todo nuestro viaje en relación calidad-precio. Nuestro plan es relajarnos en la piscina del hotel hasta la hora de la cena que tenemos pensado ir al Holsteins en el Hotel Cosmopolitan.


En Las Vegas las piscinas tienen un horario algo limitado y cierran a las 19:00, por lo que rápidamente nos ponemos el bañador y bajamos a la piscina. Aquí flipamos un poco, es como una discoteca pero en el agua. Música, DJ, chicas bailando, gente bebiendo dentro del agua… Se está realmente bien, no es algo relajante, pero sí muy divertido.
Por la noche fuimos al Holsteins. Habíamos leído en TripAdvisor buenas opiniones y no nos defraudó. La comida está muy buena, pero lo de los batidos es tremendo. Como consejo os diré que con una hamburguesa y un batido a medias, cenaréis dos perfectamente. Nosotros cogimos dos hamburguesas y al final no podíamos ni movernos.
