Tras varias horas de sueño reparador (gracias a las cómodas camas del apartamento), llegaba el momento de afrontar uno de nuestros dos días completos en Roma. Ibamos a recorrer la llamada Roma Urbana (repitiendo muchos sitios que ya habíamos visto en la noche anterior, pero ahora con más detenimiento). Tras desayunar en el apartamento y tomarnos un primer café en una cafetería en la puerta del apartamento (en mi caso, un expresso con hielo delicioso y a muy buen precio), a las 9:00 nos poníamos en marcha.
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La vista justo al salir del apartamento, con Castel Sant'Angelo al fondo
La vista justo al salir del apartamento, con Castel Sant'Angelo al fondo
Nuestro primer destino era el Mercato de Fiori, por lo que fuimos avanzando por la Via del Pellegrino hasta llegar hasta Campo De Fiori. Nos llamó la atención la peculiar decoración común que tienen los comercios a lo largo de esta calle, con unas banderas en cada uno en el que te informan de qué tipo de tienda son (con diferentes logotipos y colores). Al llegar a la plaza, el mercado no estaba un montado por completo, pero ya había diversos puestos para comprar desde flores hasta pasta pasando por antigüedades, juguetes y muchas más cosas. Estuvimos un rato allí, aunque no compramos nada con el objetivo de ir en algún otro momento (error, porque ese otro momento no llegó).
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Detalle de uno de los puestos del mercado
Detalle de uno de los puestos del mercado
Poco después estábamos camino ya de nuestro siguiente punto de parada, la Chiesa Del Gesú. Estábamos callejeando por Via di Giubonnari cuando Emma decidió que era hora de empezar a usar la toddler. Para los papás viajeros, pese a los 18/19 kilos de la peque, es una solución excelente ya que, aunque hay un lógico cansancio extra, la espalda sufre muy poco con este tipo de mochilas y son muy cómodas para los críos. Además, te permite el llevar un ritmo más "ágil" que el que llevarías con la niña a pie.
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Emma no parecía estar muy a disgusto
Emma no parecía estar muy a disgusto
Tras un agradable paseo, dejando a nuestra derecha la Piazza Benedetto Cairoli, llegamos a la Piazza del Gesú, donde está la iglesia del mismo nombre. Esta iglesia, que dicen que fue la primera iglesia barroca de Roma, nos resultó bastante imponente, tal vez también por ser la primera que visitamos. Además, dentro tenía un curioso espejo de aumento para ver con más detalle el fresco del Triunfo de Jesús del techo.
La siguiente parada era la Piazza Della Minerva, con el conocido obelisco sobre el Elefantino de Bernini. Este monumento, además de que le encantó a Emma, dio pie a otro de los recuerdos graciosos del viaje, ya que sentada en él vio salir a unos monjes de la basílica y hubo que explicarles qué eran y porqué iban vestidos así. A partir de ese momento, esos serían los "montes del elefantito". La fachada de la basílica de Santa María Sopra Minerva estaba en obras, por lo que no pudimos verla, pero si acceder al interior de la considerada como única iglesia gótica de Roma.
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El obelisco encima del Elefantino
El obelisco encima del Elefantino
Estábamos ya muy cerca de nuestro siguiente punto de interés, el famoso Panteon, pero al llegar a él nos encontramos con una tremenda cola para entrar (algo que no recordaba yo que existiese de mi viaje anterior). Al parecer, el motivo era porque había oficio religioso en su interior (era Domingo e iba a ser una tónica en todos los sitios que visitamos). Tras valorar la situación decidimos no hacer la espera e intentar volver más adelante. Fue un rotundo acierto, no tanto como el tomarnos un café en la terraza de la cafetería Sant'Eustachio. No por los cafés (que estaban muy buenos) ni por la situación, si no porque el empeño del cabeza de familia en descansar un rato sentados nos salió un poco caro. 5 Cafés de diferentes tipos y una botella de agua por 27'50€, eso si, amenizados por el trabajo abnegado del camarero para que la gente que pedía el café dentro no se sentase fuera salvo que pagase el suplemento correspondiente.
Nuestro siguiente destino, ya cerca de las 11:00 (llevábamos a un ritmo bastante aceptable) era Piazza Navona. Un lugar muy diferente al día anterior, cuando la vimos de noche, pero igual de imponente. Estuvimos un buen rato viendo con detenimiento las tres fuentes, en especial la impresionante Fuente de los Cuatro Rios (Bernini) y recordando la historia (que parece no ser real, por un motivo temporal) de su "pique" con Borromini y la "actitud" de las figuras que miran hacía la Chiesa Di Sant Agnese In Agone. En esta última pasamos un buen rato también, llegando a ver el supuesto cráneo de Santa Inés (la iglesia está edificada donde teóricamente fue martirizada). Y por cierto, el pulpo de Emma seguía sin aparecer ("estará dormido", decía).
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¿No le gusta la iglesia o no sabía donde empezaba el río?
¿No le gusta la iglesia o no sabía donde empezaba el río?
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El cráneo de Santa Inés (o al menos, eso dicen)
El cráneo de Santa Inés (o al menos, eso dicen)
Tocaba hacer ahora la parte más larga a pie del día con destino Piazza del Popolo. Empezamos este camino por Via della Scrofa, pero pronto nos dimos cuenta que era un poco "soso" el paseo, por lo que nos cruzamos a la Via del Corso, donde se concentran gran parte de las tiendas de moda de Roma. Con mucho más ambiente (y mucha más gente, por supuesto), no tardamos demasiado en desembocar en la magnífica Piazza del Popolo. Estuvimos un rato sentados en el obelisco dedicado a Ramses II con el objetivo de esperar a los componentes ("las componentes", más bien) del grupo que no habían podido resistir la tentación de entrar en algunas tiendas y comprar algunas prendas. Teníamos justo delante las dos iglesias gemelas, una de las fotos más características de Roma, pero deslucida en este caso al estar una de las dos en reforma y tapada por un panel publicitario.
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La publicidad de móviles no queda nada bien, oiga...
La publicidad de móviles no queda nada bien, oiga...
Nuestra idea a continuación era entrar en la basílica de Santa María del Popolo, pero la gran cantidad de misas que se celebraban ese día lo iban a hacer complicado (solo se podía pasar a la iglesia pero no ver ninguna de las capillas, excepto entre oficio y oficio). Decidimos entonces subir a Il Pincio. Tras una subida de apenas 10 minutos muy poco exigente, nos tomamos nuestro tiempo en disfrutar de las impresionantes vistas que hay desde esta pequeña colina con la basílica de San Pedro al fondo.
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Las vistas desde Il Pincio
Las vistas desde Il Pincio
Al bajar, volvimos a intentar entrar en la basílica de Santa María del Popolo y siguiendo los consejos de una simpática scout que había en la puerta a la que Emma quiso comprar un trozo de tarda de chocolate (y que hablaba un castellano perfecto), esperamos al final del oficio y pudimos pasar a ver rápidamente la iglesia. Mientras los demás daban una vuelta, yo me centré en ver la Capella Chigi de Rafael y su inquietante mosaico del esqueleto arrodillado (y uno de los lugares donde están los altares de la ciencia en la famosa novela de Ángeles y Demomios).
Eran cerca de las 13:00 y decidimos ir camino del lugar que teníamos pensado para comer, la spaguettería L'Archetto, parando antes en Piazza Spagna y en la Fontana di Trevi. Sin embargo, paseando por Via Babuino, el tiempo empezó a cambiar a caer las primeras gotas de lo que luego sería una buena tormenta. Esto hizo que apresurásemos el paso y que prácticamente pasásemos de largo por Piazza Spagna (parando a hacer alguna foto en la Fontana della Barcaccia y sin subir la Escalinata) y por la Fontana, llegando al restaurante sobre las 13:30.
No tuvimos que esperar nada para que nos diesen una mesa, pero si que tardamos bastante en comer por el servicio (excesivamente lento). Sin embargo, viendo la que se había liado fuera con la lluvia, no nos vino mal. Podéis ver una reseña más amplia de la experiencia en el restaurante aquí.
LLegaba el momento de salir del restaurante y seguía cayendo una cantidad importante de agua, por lo que había que pensar muy bien que hacer. Lo que decidimos fue ir hacia el Panteon, que era lo que nos habíamos dejado por la mañana, entrar en él si se podía y si seguía lloviendo así, cancelar el resto de planes e ir al apartamento. Por suerte, llegando al cruce con la via del Corso, la lluvia cesó y no volvió a hacer acto de presencia en todo el día. En vista de que podríamos seguir aprovechando el día y que nos caía de paso, hicimos una pequeña parada en Sant Ignazio Di Loyola, donde tuvimos otras de las anécdotas del viaje. En un banco encontramos un móvil perdido que poco después pudimos devolver a su dueño cerca del Panteon (un alemán que al parecer llevaba el móvil en un bolsillo demasiado pequeño).
Sobre las 16:00 llegamos a la entrada del Panteon, y para nuestra alegría, ahora ya no había que hacer nada de cola para pasar. Entramos y estuvimos bastante tiempo admirando uno de los edificios más fascinantes de Roma. Sus columnas corintias, la tumba de Rafael y su Madonna del Sasso, el enorme óculo del techo. Todo en definitiva nos dejó bastante impresionados.
Salimos de allí y continuamos con el plan previsto, que no era otro que ir al Altare Della Patria, en Piazza Venezia. Para ello, volvimos a Via del Corso y fuimos acercándonos al majestuoso monumento. La lluvia había dejado el suelo mojado y empezaba a anochecer, por lo que pudimos sacar algunas fotos preciosas del momento. Subimos las escaleras del monumento hasta la parte más alta con cuidado para no escurrirnos, pero como se nos estaba haciendo tarde, decidimos no subir a la parte superior con el ascensor. Nos acercamos a la parte trasera a ver si había alguna manera de pasar al Campidoglio desde allí, pero nos encontramos con una puerta perfectamente cerrada, así que bajamos las escaleras que habíamos subido previamente y subimos otras tantas para llegar a la plaza diseñada por Miguel Angel.
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Llegando a Piazza Venezia
Llegando a Piazza Venezia
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Las vistas desde la parte de superior del Altar de la Patria
Las vistas desde la parte de superior del Altar de la Patria
En ese momento, el cansancio ya empezaba a hacer estragos, por lo que teníamos que elegir si volver ya para el apartamento o bien acercarnos a la Bocca Della Verita, que se nos quedaba colgada en los planes de cualquier día. Para nuestra desgracia (luego veréis porqué), elegimos la segunda opción. Tras recorrer el kilómetro que nos separaba de la famosa ¿boca de alcantarilla? (eso dicen numerosas fuentes) y tras escuchar a Emma asegurar que ella, aunque era una niña buena, no iba a meter la mano en la boca, nos encontramos con una cola enorme para hacerse una foto con ella, por lo que desistimos de la opción y nos conformamos con fotografiarla desde fuera del recinto.
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Lo más cerca que estuvimos de la Boca de la Verdad
Lo más cerca que estuvimos de la Boca de la Verdad
Y en ese momento fue cuando tuvimos el mayor problema del día. Teníamos apuntadas dos paradas de bus cerca que nos dejarían al lado de nuestro alojamiento, pero no teníamos billetes. Por la mañana, el kiosko al lado del apartamento estaba cerrado y no nos acordamos a lo largo del día de usar otro de los innumerables puntos de venta que hay en la ciudad. Buscamos cerca de nosotros pero no encontramos nada, incluso llegamos a preguntar a unos policías que nos dijeron donde había un estanco de venta de tickets, pero estaba ya cerrado. Y para colmo, ya se había hecho de noche. De nuevo, había que decidir, ¿cogíamos taxis o nos pegábamos la caminata de vuelta?. Como buenos valientes (y como mi espalda aun estaba bien) decidimos la segunda opción y recorrimos los dos kilómetros de vuelta al apartamento pasando por algún sitio que no habíamos visto antes (como la Fuente de las Tortugas) y parando en Campo de Fiori a tomar unas cervezas que nos supieron a gloria. Además, como en ese trayecto si vimos algunos kioskos abiertos, ya si cogimos los tickets para el bus del día siguiente en previsión de lo que pudiese suceder.
Sobre las 19:00 llegábamos al apartamento. Descansamos un poco, algunas duchas y salimos a cenar algo. Nos apetecía cenar pizza, pero en Baffetto había una cola importante y ya no teníamos más ganas de esperar por hoy, así que nos fuimos a la pizzeria Montecarlo, donde mi padre ya había estado (y le gustó) y donde Max también nos había recomendado ir. Fue todo un acierto, como podéis ver en esta reseña.
Tras la cena, unos helados impresionantes en la heladería Frigidarium (reseña, ¡¡no os la perdáis, para nuestro gusto mucho mejor que la conocida de San Crispino) y el último esfuerzo de llevar a Emma en brazos de vuelta hasta el apartamento.
El día estaba calculado para unos 10/11 km de recorrido a pie, que ya es bastante, pero lo que el smartwatch de mi cuñado marcaba eran unos 22 km en total. Con razón, al tumbarnos en las camas, el cosquilleo en las piernas era interesante, pero nada que se solucionase con un buen descanso.