Llegamos a Marrakech por la mañana desde Fez, después de pasar la noche en el tren.
Llegamos a la
Plaza Jamaa El Fna, una plaza enorme dónde durante el día hay bastantes paraditas y por la noche se pone a reventar de músicos, comediantes, trileros y sobretodo, montones de puestos de comida.
Para tener una buena vista de la plaza hay subir a alguna
terraza de los bares y restaurantes que hay alrededor a tomar algo o a comer. Es un poco más caro, pero la vista bien vale la pena.
Aunque visitamos Marrakech en un fin de semana normal en enero, por lo que era mucho más tranquila, sigue siendo una
ciudad muy turística y con mucha vida. Me parece que dos días dan bien de sí en Marrakech.
Igual que en Fez,
dormimos en un riad que encontramos por booking (unos 90 dirhams por persona en una habitación privada) que se llamaba Riad Azul que, aunque nada lujoso, tenía su encanto. I el desayuno riquísimo.
Aunque no tengas nada reservado, por los alrededores de la plaza está plagado de riads y alojamientos por lo que no creo que haya ningún problema por encontrar alojamiento económico.
Podemos
dividir la “visita” de Marrakech en dos: la parte norte y la parte sur.
Desde la misma plaza salen varias
calles plagadas (literalmente plagadas) de tiendas y paraditas ambulantes. Son los llamados
zocos que se dividen por las mercancías que venden (el zoco de las alfombras, del cuero, de las joyas, de las espécies, de la lana, de las babuchas, de objetos de cobre, etc.) o por oficios (zoco de los herreros, de los carpinteros, de los artesanos, de los tintoreros, etc.).
Allí podréis encontrar de todo.
Si no os gusta mirar tiendecitas os querréis pegar un tiro en la cabeza.
Los vendedores pueden ser un poco agobiantes a momentos, pero hay que aprender a pasar un poco cuando no te interese y a
regatear hasta la saciedad.
Si vas siguiendo los zocos dirección norte te encontrarás con la
mezquita Ben Youssef que no se puede visitar, excepto si eres musulmán, y la madraza con el mismo nombre, pero que en estos momentos estaba en obras.
Esta zona norte, al terminar los zocos, es más tranquila y se pueden apreciar mejor las características fachadas de la
ciudad roja, como también es conocida Marrakech. Esto se debe a los materiales utilizados para construir, extraídos de las montañas de los alrededores, de colores rojizos.
Un poco más al norte de la mezquita, está el zoco de los
curtidores, dónde los curtidores preparan y tiñen las pieles para posteriormente manufacturar productos para el consumo. No sé si es que no nos entendimos bien, pero a diferencia de Fez, solo pudimos ver dónde se limpian las pieles y no dónde se colorean.
Igualmente vale la pena pasearse por toda esta zona.
Deshacemos nuestros pasos hasta encontrar la
calle Moussin (no sin antes perdernos un buen rato por las callejuelas de los zocos) y dar con la mezquita que lleva el mismo nombre, pero estaba en restauración.
Igual que en Fez, comimos
cous-cous y Tajín por encima de nuestras posibilidades, pero la verdad es que esta riquísimo (la gastronomía marroquí es una delicia).
Por la tarde subimos a una terraza muy bonita desde dónde se veía la
plaza de las espécies y luego vimos la puesta de sol en la Jamaa El Fna (muy cerca una de otra). La verdad es que la vista es espectacular.
Luego
cenamos en las paraditas de la plaza Jamaa El Fna y, no sé si es que tuvimos mala suerte, pero la verdad que creo que hay restaurantes por los alrededores mucho mejor calidad-precio. Por no decir que el proceso de elegir tenderete es una locura. Fue el mayor momento de agobio, todo el mundo persiguiéndote y si te ibas te empezaban a insultar, bastante surrealista.
De la misma Plaza Jamaa El Fna sale la
calle Dobachi, una calle llena de comercios, pero no tan enfocados al extranjero. Si sigues avanzando esa calle y te vas alejando del centro, hay puestos muy baratos para comer y tiendas mucho más locales (al estilo mercadillo de Bellvitge).
También al lado de la céntrica plaza, se encuentra el edificio más alto de Marrakech, el minarete de la
mezquita Koutoubia, que tiene como anécdota ser la inspiradora de la Giralda de Sevilla y que dibuja un bonito horizonte.
La parte sur de Marrakech tampoco puedes perdértela. Enpezamos en el Mellah, el antiguo barrio judío. Allí se encuentra
el palacio El Badi, antigua residencia del sultán de la dinastía de los Saadí Ahmed al-Mansur, quien no escatimó en todo tipo de lujo. Posteriormente pero, fue derrocado y expoliado por Moulay Ismail y ahora solo se pueden ver las ruinas de lo que fue el opulento palacio.
Cerca de allí está el palacio Real, pero creo que no se puede visitar y cómo íbamos justas de tiempo ni lo intentamos.
A pocos minutos andando del palacio El Badi, están las
tumbas Saadís que son una ¡auténtica maravilla! ¡No dejéis de visitarlas!!
Se ve que estas tumbas eran un secreto y estuvieron escondidas hasta 1917 cuando los franceses las descubrieron haciendo un mapa. A día de hoy son un reclamo turístico y se pueden visitar por 10 dirhams.
Marrakech al igual que Fez tiene una medina antigua rodeada por una muralla y hay distintas puertas. Una de las más famosas es la
Bab Agnou, que se encuentra cerca de allí.
Más allá de las “atraciones turísticas”
callejear por Marrakech tienen mucho encanto.
Por último, de la zona sur visitamos el
Palacio Bahía del que me quedé profundamente enamorada y con muchísimas ganas de quedarme más rato, pero nuestro avión salía esa misma tarde así que no había chance. El Palacio Bahía es un
lugar fascinante para la gente con TOC con los azulejos y mosaicos como yo. Los detalles son una auténtica maravilla.
Y no es de extrañar ya que su nombre significa “brillantez” y se construyó en el siglo XIX con la intención de ser el palacio más grande de todos los tiempos. Se pueden visitar varios de los patios así como varias estancias por 10 dirhams.
Vale muchísimo la pena.
Además de visitar Marrakech, hicimos una
excursión de un día al Valle de Ourika que fue un auténtico desastre. Pillamos una caravana monumental y casi no vimos nada en todo el día. Igualmente el Valle en si no me pareció espectacular, y en general no soy muy fan de los tours organizados de un día, por lo que no lo recomiendo.
Lo mejor fue ver el
Atlas nevado, aunque desde la misma Plaza Jamaa El Fna en un día despejado se puede ver a lo lejos.