Por fin ha llegado el ansiado día 23 de febrero y con él, el verdadero motivo de nuestro desplazamiento a Liverpool: hoy nos vamos a Anfield, a ver el Liverpool Fc- Swansea.
Nada más salir del hotel, camino de la estación de autobuses, nos damos cuenta de que el fútbol se vive de otra manera y que el Liverpool es algo más que un equipo de fútbol. De buena mañana, en los pubs, se reúnen las familias y amigos, ya embutidos con la camiseta del equipo, para empezar el día con un buen English breakfast, que hay que hacer acopio de energías.
El partido empieza a las 13:30, pero a las 9:00, cuando el autobús ya se acerca a las inmediaciones de Anfield Road, empieza a salir gente de todas partes y enseguida te ves sumergido en el ambiente.
La entrada para ver el partido también era especial: era una entrada de Hospitality, de Boot Room Pre-macht, es decir, que además de la entrada propiamente dicha, incluía la visita al Museo, y la comida en el restaurante del Estadio, amenizado por una antigua gloria.
Lo primero que hacemos al atravesar las rejas del estadio es encontrarnos con la estatua de William “Bil” Shankly. Seguro que os preguntaréis quién es este señor, al menos eso me he preguntado yo. Mi marido, todo un experto, me explica que Shankly es uno de los más famosos y respetados entrenadores de fútbol. Se hizo cargo del Liverpool cuando estaba en segunda división inglesa, consiguiendo el ascenso en su segunda temporada. Pero su mayor mérito fue establecer un estilo tanto en el terrero de juego como en las normas del club en los años posteriores. En resumen, que si hoy el Liverpool es como es y llega a tantas partes es, en gran parte, gracias a él.

Tras visitar la tienda para comprarme una bufanda (¡menuda tienda que tienen!), llega el momento de ir a buscar nuestras entradas al atril que hay junto el restaurante, con el email que nos había remitido el club, pero todavía no estaban preparadas, por lo que nos ruegan que visitemos el museo, indicándonos que nos las llevarán a nuestra mesa, la número 23, durante el almuerzo. Aquí fue cuando empezamos a temblar, no por desconfianza (que también), sino porque no estamos acostumbrados a una organización tan buena tratándose de un club de fútbol.
Pero no quedaba más remedio que tener fe y confianza, así que nos fuimos al Museo, que está justito al lado. Observar sus vitrinas es pasear por la historia del fútbol, pero uno de los lugares destacados está reservado a la victoria del “Spanish Liverpool” en la final de la Champions League de 2005, frente al Milan: Xabi Alonso, Arbeloa, Reina, Luis García y Rafael Benítez están en su memoria. Todavía me acuerdo de aquella final: estábamos en Portugal, de vacaciones, y el Liverpool venció en la tanda de penaltis, tras dar la vuelta a un 3-0, en poco más de 5 minutos. Creo que ese día me hice un poco de este club.



Pero el lugar de honor es, desde luego, para Steven Gerrard, el “8”, el “buque insignia” de este equipo y aparece por todos los rincones…
Por cierto que junto al Museo está el Hillsboroug Memorial Mosaic, dedicado a los 96 aficionados que fallecieron en una avalancha durante las semifinales de la FA Cup de 1989 que enfrentaba al Liverpool FC y al Nottingham Forrest. No hace mucho que se ha hecho justicia con estos aficionados y sus familias, ya que de las investigaciones se deduce que la policía fue la más directamente responsable de la seguridad del estadio aquel día y, por lo tanto, la culpable de la tragedia. El Primer Ministro se disculpó en la Cámara de los Comunes y la mayoría de los familiares consideran que se ha hecho justicia.

Pero dejemos a un lado las tristezas y tal como hemos convenido, volvernos al restaurante y una vez instalados cómodamente en la mesa 23, ha llegado el momento de desayunar como unos campeones: a las 11:30 podemos escoger entre un full english breakfast o un buen codillo al horno, con una pinta de cerveza. Y si nos quedamos con hambre, también hay un bufete con sopas, embutidos, quesos y postres.

Y poco después, con los cafés, llegan las entradas: ¡YA SON NUESTRAS!

Un antiguo jugador de los años 70 amenizabla comida. Según nos explicaron nuestros “vecinos de mesa” fue un jugador muy importante, pero la verdad es que no le reconocimos.
Con el estómago lleno, damos una última vuelta por los alrededores del estadio, antes dirigirnos a nuestros asientos: el Hillsboroug Memorial, la mítica puerta con el lema You'll never walk alone,... el ambiente es increíble, nos hace recordar tanto nuestra juventud, en el Estadio de Sarriá…


Dentro del estadio, cuando la afición canta el You’ll never walk alone, se nos pone la piel de gallina. Y nosotros lo cantamos también (no en vano habíamos estado memorizándolo)

When you walk through a storm
Hold your head up high
And don't be afraid of the dark
At the end of a storm There's a golden sky
And the sweet silver song of a lark
Walk on through the wind
Walk on through the rain
Though your dreams be tossed and blown
Walk on, walk on With hope in your heart
And you'll never walk alone
You'll never walk alone
Walk on, walk on
With hope in your heart
And you'll never walk alone
You'll never walk alone
El partido fue de lo más movido, finalizando con un ajustado 4-3. Un buen colofón para nuestro viaje.

Ya solo nos quedaba regresar al hotel y despedirnos de Liverpool, del Waterfront, visitamos el Liverpool One, el centro comercial que ocupa una extensión enorme…
Y volvemos al hotel. Mañana toca madrugar, nuestro vuelo sale a las 10:00
Y sí, como nos decimos muchas veces mi marido y yo “You’ll never walk alone”.