Nos gustó mucho esta ciudad. Muy limpia y muy cuidada (como toda NZ). Merece la pena darse un paseo por su centro y tomar alguna cerveza en las terrazas o bares tan chulos que tiene.
Después de comer salimos hacia Sand Fly Beach para ver los leones marinos que están en la playa. Ojito con los grandes que tienen muy mala leche. Los pingüinos llegan al atardecer pero un vigilante pone unas balizas para que no pase la gente a molestar a estas aves. Los verás lejos, muy lejos.
Noche en camping gratuito en el aparcamiento de un campo de rugby. Evidentemente no fue idílico pero está muy bien situado para ir a ver el centro y es tranquilo. Para hacer noche y seguir ruta de sobra.